El predio de La Rural de Palermo fue escenario de múltiples lanzamientos y debates durante el Congreso Aapresid 2025. Entre ellos, uno llamó particularmente la atención de técnicos y productores: el anuncio de Syngenta sobre la llegada a Argentina, prevista para 2026, de un herbicida que promete cambiar las reglas del juego frente a las gramíneas resistentes. La novedad no se limita a un producto; viene acompañada de un enfoque de manejo que busca generar un cambio cultural en la forma de combatir estas malezas.
25 años de innovación en el país
Syngenta cumple en 2025 25 años de presencia en Argentina. Para Alejandro Piñeiro, Gerente de producto herbicidas en Syngenta, el aniversario es una oportunidad para reflexionar sobre lo logrado y, sobre todo, sobre los desafíos que vienen. En diálogo con Daniel Aprile para Palabra de Campo, Piñeiro recordó que la compañía “no solo ha sido una marca presente en el mercado, sino un sinónimo de innovación y de calidad, siempre a la vanguardia de lo que ocurre en producción y de las soluciones que los productores van a necesitar mañana”.
Uno de esos hitos es Acuron, un herbicida que lleva diez años en el mercado argentino y que, según el ejecutivo, hoy se utiliza en cerca del 50% de la superficie de maíz del país. “Son diez años de lotes limpios, de una tecnología que al principio era innovadora para el productor maicero y que se consolidó como una solución contundente”, afirmó.
La amenaza creciente de las gramíneas resistentes
La conversación en Aapresid estuvo marcada por un diagnóstico inquietante: la resistencia de las malezas, en particular las gramíneas, avanza a un ritmo preocupante. Piñeiro lo describió con claridad: “Si seguimos haciendo lo mismo, vamos a tener los mismos resultados”. Y el problema no es menor: de las 273 especies de malezas con resistencia a herbicidas registradas a nivel global, el 40% son gramíneas. En Argentina, especies como Lolium (raigrás) y Echinochloa (capín) han comenzado a mostrar comportamientos de resistencia múltiples, complicando los esquemas de control.
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Los datos de la propia compañía muestran que en los últimos siete años el uso de petróleo para ciertas aplicaciones pasó de 5 a 24 millones de litros. “Es un número enorme, que refleja que la presión de malezas está aumentando y que los controles se están volviendo más intensivos. No es un camino sostenible”, advirtió Piñeiro.
Una nueva generación de herbicidas
La respuesta de Syngenta a este desafío se materializa en metproxybicyclone, una molécula que fue reconocida por el Comité de Acción contra la Resistencia a Herbicidas (HRAC) y la Sociedad Americana de la Ciencia de Malezas (WSSA) como una nueva subclase química dentro de los inhibidores de ACCasa. Se trata de la cuarta generación de esta clase de herbicidas, que llega casi dos décadas después de la tercera, representada por pinoxaden, también de Syngenta.
Desarrollado en el Centro Internacional de Investigación de Jealott’s Hill, en el Reino Unido, metproxybicyclone combina innovación química con un perfil ambiental optimizado, bajo la filosofía corporativa “Más Seguro por Diseño”. Según la compañía, esta nueva herramienta permitirá controlar gramíneas resistentes a generaciones anteriores, algo que hasta ahora resultaba prácticamente imposible sin recurrir a estrategias de control múltiples y costosas.
La directora global de I+D de Syngenta, Camilla Corsi, explicó que “la resistencia a herbicidas ha sido reportada en 75 países y afecta a más de 100 cultivos; en Argentina y Brasil, este escenario se anticipaba desde hace años, y por eso trabajamos para traer una solución al mercado que acompañe a productores de soja y algodón, que hoy enfrentan este desafío”.
Mapear para prevenir
Más allá del lanzamiento, Piñeiro hizo hincapié en la importancia de conocer el terreno antes de desplegar las soluciones. “Estamos haciendo un muestreo georreferenciado de gramíneas resistentes en diferentes zonas. Tomamos muestras y determinamos qué tipo de mutación presenta cada maleza. Esto nos va a permitir tener, por primera vez en Argentina, un mapa de mutaciones”, explicó.
Este mapa será una herramienta clave para que asesores y productores puedan anticiparse a los problemas. “Vas a llevar tu producción a una localidad y vas a poder saber si allí está presente determinada problemática. Eso te da previsibilidad y te permite planificar un manejo diferencial”, sostuvo. El objetivo es que el nuevo herbicida se utilice de manera estratégica, evitando su uso indiscriminado y prolongando así su vida útil.
El clima como aliado… y como riesgo
La campaña 2025/26 se presenta con un escenario hídrico muy distinto al del año anterior. Después de una sequía que se extendió de marzo a octubre en 2024, este año se perfila con perfiles de humedad en el suelo “más que ideales” para el arranque del maíz, que según Piñeiro es hoy “el cultivo con mayor rentabilidad en el margen bruto”.
Sin embargo, esas mismas condiciones que favorecen al maíz también pueden potenciar el crecimiento de malezas. “La humedad en el suelo, la temperatura y la oportunidad de aplicar un control son factores determinantes. Con lluvias intermitentes, la ventana de aplicación se acorta, y ahí es donde podemos encontrar lotes más enmalezados”, explicó.
Innovación colaborativa y sustentabilidad
Para Syngenta, el desafío no se resuelve solo con tecnología de punta. La estrategia busca combinar la innovación química con el trabajo coordinado de toda la cadena: empresas, asesores, productores y comunidad científica. “La única manera de que esta herramienta que está llegando a la Argentina perdure en el tiempo es trabajando todos en conjunto”, afirmó Piñeiro.
El gerente insistió en que el foco está en “cambiar la forma en que hacemos las cosas” y en que la innovación no sea solo reactiva, sino preventiva. “Nuestro compromiso es traer soluciones, pero también asegurar que el productor sepa cómo y cuándo utilizarlas para que sigan siendo efectivas durante muchos años”, concluyó.




