Consecuencias económicas y sanitarias de un manejo ganadero totalmente equivocado que cuesta muy caro

Existe la creencia extendida de que, tras el destete, una vaca gestante en el segundo tercio de la preñez puede perder entre el 15 y el 20% de su peso sin consecuencias para su rendimiento o el futuro ternero. Esa interpretación es equivocada: la bajada de peso en esa etapa genera efectos negativos sobre la reproducción y la producción del animal y su cría.

También se escucha que, luego del destete, la vaca puede subsistir con forrajes de calidad baja porque sus requerimientos se reducen casi a la mitad. Ese planteo contiene una parte de verdad, pero es incompleto y puede llevar a manejar erróneamente el lote.

A continuación se explican los cambios en el consumo y las necesidades nutricionales postdestete, los efectos sobre el desarrollo fetal y el posterior desempeño del ternero, y las consecuencias reproductivas y productivas de una restricción inapropiada durante el segundo tercio de gestación.

Consumo vs. calidad: qué cambia tras el destete

Al destetar, la ingesta de materia seca (MS) de la vaca cae de forma marcada: estudios y observaciones de campo muestran una disminución promedio cercana al 35-40% en kg MS por día. Sin embargo, la caída en la concentración requerida de nutrientes no es proporcional. La exigencia relativa de proteína bruta y energía metabolizable se reduce en mucho menor medida —alrededor de un 8% y un 11%, respectivamente—. En la práctica, esto significa que aunque la vaca ingiera menos kilos de alimento, el porcentaje de proteína y energía que debe aportar la dieta permanece relativamente alto y exige forrajes y suplementos de buena calidad.

Impacto en el feto: cuándo se definen fibras y adipocitos

El número de fibras musculares y de adipocitos (células grasas) se establece durante la gestación. La formación de la mayoría de las fibras musculares ocurre entre el segundo y el octavo mes de preñez, mientras que la diferenciación de adipocitos se produce, en gran parte, hacia la mitad de la gestación. Posteriormente, tras el nacimiento, esas células se llenan y desarrollan según la calidad del alimento que reciba el ternero.

Por eso es clave que la madre reciba una dieta con nivel proteico y energético adecuados después del destete y a lo largo de la gestación —especialmente en el último tercio— para asegurar el potencial de crecimiento y la conformación del futuro animal.

Consecuencias reproductivas y productivas de una mala alimentación

Una dieta insuficiente en energía, proteína o minerales durante el segundo tercio de la preñez genera problemas que abarcan desde partos difíciles y mortandad neonatal hasta retrasos en la reanudación de ciclos reproductivos y disminución de la producción láctea. En las crías, la subalimentación materna puede traducirse en terneros con menor peso al nacer y al destete, huesos y conformación reducidos, y tasas de ganancia inferiores durante el engorde.

Evidencia experimental y efectos en peso

Investigaciones realizadas en INTA Balcarce entre las décadas de 1970 y 1990 comprobaron que la restricción proteico-energética posdestete en vacas del segundo tercio de gestación reduce la condición corporal al parto y disminuye el peso del ternero al nacer entre un 5% y un 15% en comparación con vacas correctamente alimentadas. Las diferencias se amplían con el tiempo: al destete, los terneros provenientes de madres bien nutridas pueden pesar entre 15 y 25 kg más, y al finalizar la terminación las brechas usualmente alcanzan entre 30 y 40 kg, lo que se traduce en un periodo de levante más corto y mejores resultados económicos.

Por qué el mito del “50% menos” es peligroso

El argumento de reducir la calidad del forraje porque los requerimientos se “cortan a la mitad” ignora la relación entre kilos consumidos y concentración nutritiva necesaria. Colocar vacas gestantes en rastrojos o pastos de baja calidad durante el periodo posdestete es una práctica extendida que, aunque reduce costos a corto plazo, suele penalizar el peso al nacimiento, al destete y el peso final de los animales terminados.

Además, la leche que reciba el ternero depende de la condición y alimentación materna; una producción láctea insuficiente puede alterar la secreción de hormona de crecimiento del ternero y retardar la conformación ósea y muscular, manifestándose en animales con mala conformación corporal.

Recomendaciones prácticas para el manejo nutricional

  • Monitorear la condición corporal (BCS) de las vacas durante la gestación y ajustar la dieta para evitar pérdidas significativas antes del parto.
  • Priorizar forrajes de buena calidad tras el destete; la densidad de nutrientes del alimento debe permanecer cercana a la que la vaca consumía con ternero al pie.
  • Complementar con suplementos energético-proteicos y minerales cuando la oferta forrajera no cubra las exigencias. Trabajar con un nutricionista animal para formular la ración adecuada.
  • Planificar la suplementación en otoño-invierno, que es la época en que suele coincidir el segundo tercio de la gestación en sistemas de cría estacionales.
  • Controlar nacimientos, mortalidad neonatal y desempeño de los terneros al destete como indicadores de la calidad del manejo nutricional.

Aplicar una restricción cuidadosa no significa desatender la dieta: requiere ajustar cantidad y calidad para proteger el desarrollo fetal y la futura productividad del rebaño.

El autor es doctor en Ciencias Veterinarias, especialista en Nutrición Animal, director ejecutivo de una consultora internacional en producción y nutrición de bovinos (carne y leche) y asesor privado. Contacto: afmayer56@yahoo.com.ar

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