El Gobierno reglamentó el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) y dejó habilitados beneficios fiscales puntuales para proyectos vinculados al riego, mallas antigranizo y genética animal. La medida busca dinamizar inversiones que estaban demoradas por la carga impositiva y las condiciones financieras, un cambio que podría acelerar la modernización de la agricultura argentina en un momento de mayor inestabilidad climática y márgenes apretados.
Especialistas del INTA Manfredi, con décadas de trabajo en tecnologías de riego, analizaron cómo estos incentivos influyen en la decisión de incorporar equipos, cuánto puede mejorar la producción y qué costos operativos definen la rentabilidad. El análisis combina estimaciones técnicas, datos de ensayos y relevamientos de proveedores para ofrecer una visión práctica sobre la oportunidad que abre el RIMI para el sector agroindustrial.
Potencial de expansión del riego
Según los técnicos del INTA Manfredi, la Argentina cuenta con capacidad para multiplicar por tres la superficie regada en los próximos años: pasar de aproximadamente 2 millones de hectáreas regadas hoy a una superficie potencial cercana a 6 millones de hectáreas de cultivos extensivos. Este salto dependerá de políticas que mejoren la ecuación financiera de las inversiones y de la recuperación de los costos de equipos e insumos.
Entre las medidas incluidas en el RIMI, destacan la reducción del IVA sobre la tarifa eléctrica y la posibilidad de amortización acelerada de activos. Estas herramientas alivian la carga fiscal y mejoran el flujo de caja inicial de las empresas, factores clave cuando se evalúa instalar un pivote central o sistemas de riego por goteo.
Rendimientos y estabilidad productiva
Los ensayos en la Estación Experimental INTA Manfredi muestran no solo aumentos importantes en los rendimientos, sino también una mayor estabilidad frente a la variabilidad climática. La experiencia del predio, que partió con el primer pivote en los años 90 y hoy dispone de cientos de hectáreas irrigadas, permite cuantificar esos efectos sobre trigo, maíz y soja de segunda.
Resultados de productividad registrados en los ensayos (con riego por goteo enterrado y aplicaciones promedio según cultivo):
- Trigo: de alrededor de 2.341 kg/ha en secano a 6.976 kg/ha con riego, un incremento próximo a 4.600 kg/ha.
- Maíz: de aproximadamente 7.740 kg/ha en secano a 14.890 kg/ha con riego, casi el doble de rendimiento.
- Soja de segunda: aumento desde cerca de 2.550 kg/ha a 3.543 kg/ha.
Estas mejoras se lograron con volúmenes de riego orientativos: 300 mm para trigo, 250 mm para maíz y 150 mm para soja de segunda. Trasladadas a términos económicos y tomando precios de referencia del Mercado a Término (A3 Mercados) al momento del análisis, las diferencias en Valor Bruto de Producción por hectárea ascienden a aproximadamente 1.029 USD en trigo, 1.330 USD en maíz y 327 USD en soja.
Energía: el costo decisivo
Aunque los impuestos no suelen formar parte del cálculo operativo diario del riego, su efecto financiero es relevante. La factura eléctrica es el principal componente del costo de operación del riego, por lo que la baja en el IVA sobre ese servicio y la aceleración de la amortización actúan directamente sobre la rentabilidad. Además, acortar los plazos para computar créditos fiscales ayuda a reducir la acumulación de saldos a favor.
Para minimizar la dependencia de la red y mejorar la eficiencia energética, los especialistas recomiendan explorar generación in situ: desde biomasa en establecimientos con integración ganadera hasta instalaciones fotovoltaicas. Estas alternativas pueden reducir costos operativos y ofrecer mayor previsibilidad a la hora de dimensionar inversiones en riego.
Costos de inversión y tendencias de mercado
Un relevamiento entre proveedores muestra rangos de costo por sistema instalados: un pivote central de dos o tres posiciones se ubica en torno a 2.500 USD/ha, mientras que sistemas de goteo enterrado se sitúan entre 3.200 y 3.300 USD/ha. En paralelo, la reciente baja de precios de insumos ya se refleja en las cotizaciones: algunas firmas informan reducciones de hasta el 30% en los costos de componentes, lo que ayer encarecía las ofertas y hoy facilita la toma de decisiones.
Con estos movimientos, los presupuestos actuales para goteo enterrado se acercan a un rango de 2.800–3.300 USD/ha, frente a cifras previas que podían ubicarse entre 3.500 y 3.800 USD/ha. Ese recorte conjunto —menor costo de equipos y alivios impositivos— es uno de los factores que explica el aumento de consultas y ventas observado por proveedores en el último ciclo.
Impacto en la cadena y desafíos por resolver
El riego no solo eleva la productividad: también permite gestionar riesgos, agregar valor en origen y sostener esquemas de producción más intensivos. Sin embargo, la dinámica de arrendamientos —que representa cerca del 70% de la superficie agrícola— plantea retos para financiar inversiones de largo plazo. Para que la expansión del riego sea sostenible, especialistas proponen contratos y acuerdos privado-privados con plazos extendidos que permitan recuperar la inversión.
Otro ámbito clave es la integración del riego con cadenas de agregado de valor, como la producción de proteína animal a partir de forrajes de mayor rendimiento; ahí el impacto económico se magnifica. Además, mejorar el acceso a financiamiento, la capacitación en manejo hídrico y el desarrollo de soluciones energéticas eficientes serán determinantes para cerrar brechas tecnológicas entre productores.
Conclusión
La reglamentación del RIMI abre una ventana para modernizar sistemas de riego en la Argentina, combinando incentivos fiscales con una caída reciente en los costos de equipos. Si se aprovechan esas condiciones y se resuelven los obstáculos contractuales y energéticos, el riego podría convertirse en una palanca relevante para aumentar rendimientos, reducir riesgos climáticos y mejorar la competitividad del sector agroindustrial.
Recomendaciones prácticas destacadas por los especialistas: evaluar alternativas de generación energética en origen, considerar amortizaciones aceleradas al planificar inversiones, y negociar modalidades contractuales de largo plazo en campos arrendados que permitan viabilizar mejoras estructurales.





