Jabalíes fuera de control causan pérdidas agrícolas estimadas en 1.600 millones de dólares anuales

Un informe de la FAUBA destaca que, ante la desorganización estatal para su control, "vamos hacia un crecimiento explosivo del jabalí". Los problemas de un animal que se convirtió en plaga y arrasa cultivos e instalaciones, además de transmitir enfermedades.

El jabalí europeo se transformó en una amenaza para la agroindustria y el ambiente argentino tras expandirse sin control desde su introducción a principios del siglo XX.

Según una investigación de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, su impacto económico se calcula en U$S 1.600 millones anuales por daños a cultivos e instalaciones agropecuarias.

El jabalí que llegó para cazar y se volvió plaga

Traído por estancieros para la caza deportiva, el jabalí no encontró depredadores naturales y se reprodujo a gran velocidad, adaptándose a distintos ecosistemas del país.

Hoy figura entre las quince especies más invasoras del planeta y su presencia genera conflictos en zonas rurales y periurbanas, con avistajes recurrentes que preocupan a las comunidades.

Impactos sobre producción, salud y seguridad

Las manadas pueden ser enormes y agresivas; los ejemplares adultos pesan más de 200 kilos y atacan tanto instalaciones como animales domésticos, afectando especialmente a pequeños y medianos productores porcinos.

Además de los daños productivos, los jabalíes transmiten enfermedades relevantes como triquinosis, hepatitis y peste porcina, y existen registros de ataques a personas que ponen en evidencia el riesgo para la seguridad pública.

Cómo controlar al jabalí

Francisco Pescio, docente de la FAUBA, afirma que el control es posible cuando hay coordinación entre autoridades, pobladores y controles sanitarios, como demostró el trabajo en el Parque Nacional El Palmar.

Sin embargo, advirtió que la falta de un plan federal de manejo y de frigoríficos habilitados mantiene a la especie fuera de una gestión sostenible y permite que las poblaciones sigan creciendo.

jabalies fauba

La experiencia en Entre Ríos mostró que aplicar permisos de caza restringida, controles sanitarios y canales de distribución coordinados puede reducir el daño sobre especies nativas y la infraestructura turística del parque.

Comer jabalí, una ruleta rusa

La comercialización informal de carne de jabalí multiplica los riesgos sanitarios porque la faena clandestina no garantiza controles de triquinosis ni de cadena de frío.

El último frigorífico habilitado para faena de jabalíes cerró en 2019, y la ausencia de capacidad industrial formal impide transformar el control de la especie en una oportunidad económica segura para comunidades rurales.

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Un ejemplo que funcionó

En el caso de El Palmar, las autoridades convocaron a cazadores locales y organizaciones sanitarias, establecieron áreas habilitadas y distribuyeron parte de la carne a comedores comunitarios, lo que permitió reducir el daño ecológico y generar ingresos locales.

La experiencia demuestra que la articulación entre gestión ambiental, salud pública y desarrollo social es clave para convertir un problema ambiental en una solución con beneficios compartidos.

Qué hace falta: políticas, ciencia y cadena formal

Para frenar el crecimiento explosivo de las poblaciones es imprescindible una decisión política que establezca un plan federal de manejo, habilite frigoríficos públicos o mixtos y cree incentivos para cazadores registrados.

También es fundamental fortalecer la capacidad técnica del Estado mediante universidades nacionales, el INTA, el CONICET y centros de investigación que asesoren las estrategias de control basadas en evidencia científica.

Conclusión

El jabalí es hoy una amenaza que combina impactos económicos, riesgos sanitarios y daños ambientales, y su manejo exige respuestas coordinadas entre provincias y la Nación.

Sin voluntad política ni infraestructura sanitaria, la invasión continuará, pero los casos exitosos muestran que hay herramientas viables para reconducir el problema si se prioriza la salud pública y la producción sostenible.

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