11-S: De las Torres Gemelas a Ground Zero, la Nueva York que cambió para siempre

Los edificios formaban parte del "skyline" y también de la vida cotidiana de Nueva York

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Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Ground Zero vuelve hoy a llenarse de nombres, silencios y recuerdos, mientras Estados Unidos conmemora el ataque que dejó casi 3.000 muertos y marcó a toda una generación. Para quienes conocimos Nueva York antes del 11-S, sin embargo, el recuerdo de las Twin Towers no comienza con las imágenes de su destrucción.

En los años 90 subí un par de veces a las Torres Gemelas.

Todavía conservo aquellas fotografías, con Manhattan extendiéndose hacia el norte, el Empire State Building a la distancia y una ciudad que, vista desde más de 400 metros de altura, parecía infinita.

Conservo también una sensación muy particular. Acercarme a los enormes ventanales y mirar hacia abajo me producía cierta inseguridad. Las calles parecían diminutas y, aunque la vista era fascinante, había algo intimidante en aquella altura.

No terminaba de sentirme cómodo junto al vidrio y el acero.

Totalmente lo opuesto al cemento seguro del Empire State. Me acercaba para mirar y tomar fotografías y, casi instintivamente, volvía a alejarme. Era vértigo, una reacción natural. Nada hacía imaginar entonces que años después recordar aquellos mismos ventanales tendría un significado completamente diferente.

Las torres formaban parte del skyline y también de la vida cotidiana de Nueva York. Se podía subir, contemplar la ciudad desde lo alto y regresar después a las calles del Lower Manhattan sin imaginar que aquellas fotografías terminarían siendo el recuerdo de un lugar que dejaría de existir.

El 11 de septiembre de 2001 todo cambió. 19 terroristas de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones. Dos impactaron contra las Torres Gemelas, otro contra el Pentágono y el cuarto cayó en Pensilvania después de la rebelión de pasajeros y tripulantes.

Un año después, en agosto de 2002, regresé. Y la sensación fue exactamente la contraria: en los años 90 me había impresionado mirar hacia abajo desde aquellas alturas; ahora impresionaba levantar la mirada y no encontrar las torres.

Donde recordaba dos edificios dominando Manhattan, había un enorme vacío. Ground Zero conservaba todavía las heridas del atentado y resultaba difícil reconciliar lo que tenía delante de mis ojos con lo que guardaba en la memoria.

También conservo fotografías de aquella visita. El contraste con las imágenes tomadas antes del 11-S sigue siendo estremecedor.

Nueva York, sin embargo, se reconstruyó. En las huellas de las Torres Gemelas se levantó el 9/11 Memorial, con sus dos grandes piscinas y los nombres de las víctimas grabados en bronce, y sobre Lower Manhattan apareció una nueva silueta: One World Trade Center.

Regresé varias veces a Nueva York. En 2018 volví a contemplar la ciudad desde las alturas, esta vez desde la nueva torre de 541 metros. Manhattan seguía allí, pero era otra Nueva York.

Hoy, 25 años después del 11-S, unos 100 millones de estadounidenses nacieron después de los ataques, según el National September 11 Memorial & Museum. Para ellos las Torres Gemelas pertenecen a la historia; para otros siguen perteneciendo a la memoria (ANSA).

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