Norton niega irregularidades y responde a severas acusaciones formuladas por una cooperativa local

Bodega Norton enfrenta un conflicto financiero y judicial que involucra a la Cooperativa San Carlos, una Sociedad de Garantía Recíproca (SGR) vinculada a Acindar y al Banco Santander. El choque se originó en 2024 por una operación de venta de vino de exportación que, según la cooperativa, terminó derivando en una deuda millonaria cuando Norton ingresó en concurso preventivo de acreedores. Desde la firma niegan irregularidades y sostienen que la operación se realizó dentro de los mecanismos habituales del sistema financiero.

Cómo comenzó el conflicto
La Cooperativa San Carlos asegura que Norton ofreció comprar vino de alta calidad con la condición de que la transacción se garantizara mediante una SGR y contara con financiamiento bancario. Para la cooperativa, era una vía necesaria para obtener liquidez y pagar a sus productores. Sin embargo, advierten que la SGR que días antes había rechazado avalar un crédito por 26 millones terminó respaldando una operación cercana a los 500 millones, lo que hoy genera dudas sobre criterios y controles.

Tras el ingreso de Norton en concurso preventivo, la SGR comenzó a reclamar el pago a nombre de la cooperativa. La deuda original, siempre según la Cooperativa San Carlos, creció hasta ubicarse en alrededor de $875 millones por acumulación de intereses en un contexto de tasas elevadas. El reclamo escaló a denuncias públicas y a una presentación penal por parte de la cooperativa.

La versión de Norton y de las entidades intervinientes
Norton rechazó toda responsabilidad y afirmó que las autorizaciones correspondieron a organismos financieros regulados. La bodega sostuvo que la SGR es una entidad controlada por el Banco Central y que, si la operación fue autorizada, la responsabilidad de los controles recae en el regulador y en las instituciones financieras intervinientes, no en Norton. Además, negaron cualquier relación societaria o comercial con Acindar, afirmando que la SGR actuó de forma independiente.

Desde la empresa aclararon que la utilización del concurso preventivo fue una herramienta legal para sostener la continuidad de la compañía y que, tras la apertura del proceso, la empresa quedó imposibilitada de cancelar obligaciones anteriores fuera del marco judicial. En este marco, señalaron que la controversia actual es un reclamo entre la cooperativa y las entidades financieras que participaron de la operatoria.

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Implicancias para la cooperativa y los productores
La cooperativa denunció que la situación la dejó en una condición crediticia irregular dentro del sistema financiero, lo que le impidió acceder a nuevos créditos para cosecha, acarreo y prefinanciación de exportaciones. Ese cierre de líneas de financiamiento afectó la liquidez de la entidad y, por ende, a los productores asociados que esperaban cobrar por las ventas.

Por su parte, Norton sostuvo que ofreció garantías de pago en reuniones previas al concurso y que la empresa continúa operativa, pese al proceso concursal, insistiendo en que muchas familias y puestos de trabajo dependen de su continuidad.

Denuncia penal y estrategia judicial
La Cooperativa San Carlos presentó una denuncia penal contra Norton en el marco del conflicto. Desde Norton respondieron que no hubo delito alguno y sugirieron que las denuncias forman parte de una estrategia defensiva dentro del conflicto económico y judicial. Enfatizaron además que las decisiones de concurso preventivo y la imposibilidad de pagar obligaciones anteriores obedecen a las reglas del derecho concursal argentino y no a una maniobra clandestina.

El concurso preventivo: alcance y números
El concurso preventivo de Bodega Norton, solicitado ante la Justicia mendocina a fines de octubre de 2025, expuso una situación financiera grave. La deuda total declarada por la empresa supera los $64.000 millones, a lo que se suman pasivos en dólares y euros equivalentes a unos US$41 millones. Los informes judiciales calificaron el caso como un “megaconcurso”, con más de 450 acreedores nacionales e internacionales.

Entre los principales acreedores figuran productores vitivinícolas, proveedores de botellas, empresas logísticas y entidades financieras. Los pasivos incluyen créditos bancarios por más de $31.000 millones, deudas con proveedores por alrededor de $9.000 millones y obligaciones laborales y fiscales significativas. El proceso concursal incluyó, además, restricciones para los directivos de la compañía y un cronograma judicial que podría extenderse hasta 2027 para alcanzar acuerdos de pago.

Consecuencias para la cadena productiva y el mercado
El caso tiene impacto directo en la cadena de valor vitivinícola del Valle de Uco y de Mendoza en general. Cuando una bodega de gran porte entra en concurso, se generan tensiones para productores, recicladores de envases, empresas de logística y otros proveedores que dependen de pagos puntuales para sostener sus operaciones. La falta de acceso a financiamiento y las dudas sobre la recuperación de créditos pueden traducirse en interrupciones en la producción, retrasos en cosechas y problemas de flujo de caja para pequeños y medianos productores.

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Control y responsabilidades: puntos clave en disputa
El conflicto pone en discusión la responsabilidad de cada actor en una operación financiera compleja: la bodega compradora, la cooperativa vendedora, la SGR que avaló la operación y la entidad bancaria que otorgó el crédito. La cooperativa cuestiona por qué una SGR que meses antes había rechazado avalar un crédito menor terminó respaldando una operación desde su perspectiva mucho mayor. Norton, en cambio, apunta a la validez de los procedimientos y al control de las entidades reguladoras como el Banco Central y los órganos de supervisión de las SGR.

Qué esperar en los próximos pasos
El proceso concursal y las actuaciones judiciales definirán en buena medida la distribución de responsabilidades y la posibilidad de que los acreedores recuperen parte de sus créditos. El cronograma judicial, con plazos que podrían extenderse hasta 2027, incluye negociaciones con acreedores, presentaciones de pruebas y, potencialmente, acuerdos de reestructuración. Mientras tanto, las partes involucradas mantienen una disputa que combina reclamos civiles, financieros y penales.

Conclusión
El caso de Bodega Norton, la Cooperativa San Carlos, Acindar y el Banco Santander ilustra las tensiones que se generan cuando operaciones comerciales complejas se articulan mediante garantías y financiamiento externo. La controversia no solo pone en evidencia preguntas sobre controles y responsabilidades en las SGR y entidades financieras, sino que también refleja el impacto real en productores y proveedores que dependen de cobros y líneas de crédito. La resolución del conflicto dependerá de los desarrollos judiciales y de la capacidad de las partes para alcanzar acuerdos dentro del concurso preventivo, en un proceso que podría extenderse durante los próximos años. Mientras tanto, el caso continuará siendo seguido de cerca por el sector vitivinícola y por las autoridades regulatorias.

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