La agricultura argentina todavía tiene un margen importante para aumentar su productividad sobre la superficie que ya está en producción. Entre los rendimientos que hoy se obtienen y aquellos que potencialmente podrían alcanzarse existe una brecha estimada entre 35% y 40%, de acuerdo con el diagnóstico que plantea Bayer Agro.
Reducir esa diferencia es uno de los objetivos sobre los que trabaja la compañía mediante la combinación de genética, manejo agronómico y herramientas digitales. La propuesta apunta a conocer con mayor precisión qué sucede dentro de cada lote para ajustar las decisiones a las características y al potencial de cada ambiente.
“Estamos hablando de las brechas de rendimiento, de la diferencia que tenemos entre lo que producimos hoy y lo que podemos llegar a producir en cada una de nuestras hectáreas. Esa brecha es del 35% al 40%”, explicó Martín Navarro, Líder de Soluciones Digitales de Bayer Agro.
Según Navarro, la estrategia pasa por integrar diferentes herramientas para intentar reducir esa distancia. “Desde Bayer venimos con un portfolio de soluciones integradas para tratar de ayudar a reducir esa brecha lo máximo posible y producir más en cada una de las hectáreas”, señaló.
Los datos no producen más por sí solos, pero permiten decidir mejor
Dentro de ese esquema, la digitalización ocupa un lugar central. Navarro remarcó que una plataforma digital no genera por sí misma un incremento de rendimiento, pero sí puede tener una influencia decisiva sobre la manera en que el productor analiza información y define su manejo.
“Lo digital tiene un impacto muy importante porque nos ayuda a tomar más y mejores decisiones basadas en datos, nos permite medir, ajustar y evaluar. La digitalización no tiene un efecto directo en el rendimiento, pero tiene un efecto indirecto enorme, porque es lo que realmente nos permite entender qué está pasando y mejorar”, agregó.
Una de las herramientas sobre las que trabaja Bayer es FieldView, plataforma que, según precisó Navarro durante la entrevista, actualmente tiene 18 millones de hectáreas mapeadas.
Su función es concentrar y analizar información productiva para facilitar decisiones durante la campaña. A partir de esos datos, el productor puede evaluar diferencias dentro de un mismo lote y ajustar las prácticas agronómicas a las características de cada ambiente. fileciteturn0file0
DEKALB Integrado: pasar de vender una semilla a recomendar cómo manejarla
La digitalización también se integra con otros programas de Bayer. Uno de ellos es DEKALB Integrado, mediante el cual la compañía busca complementar el producto con recomendaciones agronómicas sitio específicas.
“Lo que hacemos es no sólo vender una bolsa de DEKALB, como tradicionalmente lo hacemos, sino acompañar esa bolsa con una serie de recomendaciones agronómicas sitio específicas que nos ayuden a maximizar y mejorar la experiencia con ese producto”, explicó Navarro.

El esquema supone trabajar junto al productor no solamente en la planificación inicial, sino también durante la campaña y posteriormente en el análisis de los resultados.
La información obtenida permite medir qué ocurrió, evaluar las decisiones tomadas y realizar ajustes para el ciclo siguiente. La lógica es convertir los datos generados en el campo en una herramienta concreta de manejo.
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Navarro señaló que existen productores que ya tienen incorporada la agricultura variable, pero también otros que se acercan por primera vez a estas tecnologías.
“Tenemos productores que no sabían cómo empezar y hoy, de manera muy sencilla, los ayudamos con FieldView y con el programa DEKALB Integrado a que comiencen”, indicó.
“El que empieza a probar la agricultura variable, generalmente continúa”
Uno de los aspectos que Bayer observa en la adopción tecnológica es que la experiencia inicial suele provocar una ampliación posterior hacia otros lotes.
“El que empieza a probar la agricultura variable, generalmente continúa para el resto de sus lotes y lo expande porque tiene resultados muy positivos”, sostuvo Navarro.
El beneficio surge fundamentalmente de reconocer que un mismo lote puede contener ambientes con capacidades productivas muy diferentes. Trabajar toda la superficie con idéntica estrategia puede llevar tanto a desperdiciar recursos en zonas de menor potencial como a resignar rendimiento en aquellos sectores capaces de responder a una mayor inversión.
En ese sentido, Navarro entiende que la principal barrera para incorporar estas herramientas ya no es necesariamente tecnológica.
“Para mí es más que nada animarse, porque la tecnología es cada vez más accesible”, señaló.
El ejecutivo comparó la situación actual con la de una década atrás, cuando realizar una prescripción implicaba utilizar programas específicos y ejecutar distintos pasos para trasladar luego esa información hasta la maquinaria.
“Hoy eso mismo, que nos llevaba uno o dos días, lo puede hacer en dos minutos en una plataforma”, afirmó.
Todavía existen algunas dificultades operativas, especialmente vinculadas con la disponibilidad de maquinaria adecuada. Pero Navarro consideró que incluso allí la figura del contratista puede facilitar la incorporación de la agricultura variable.
El impacto también aparece en los números
En una campaña en la que la rentabilidad obliga a afinar cada decisión, la agricultura por ambientes puede tener además un impacto económico.
Navarro lo ejemplificó a partir de un lote con alta variabilidad. “Si tengo zonas de alta producción y zonas de baja producción, y estoy invirtiendo lo mismo en los dos lugares, estoy siendo poco eficiente agronómicamente y económicamente”, explicó.
La alternativa consiste en identificar los diferentes ambientes y distribuir los recursos de acuerdo con su capacidad productiva.
En una zona con limitaciones puede no tener sentido aplicar la misma cantidad de insumos que en otra con mejores condiciones. En cambio, sobre los sectores de mayor potencial, una inversión superior puede permitir capturar una respuesta productiva que de otro modo quedaría desaprovechada.
“Ahí es donde se transforma en una eficiencia agronómica productiva, pero obviamente también en una eficiencia económica”, resumió.
Para la gruesa, primero hay que definir qué ambiente se espera
De cara a las decisiones para la campaña gruesa, Navarro puso el foco en interpretar correctamente el escenario productivo esperado y adaptar el manejo a esas condiciones.
“Hay que pensar mucho en el ambiente que esperamos y ajustar las prácticas para ese ambiente”, sostuvo.
Si la disponibilidad inicial de agua permite proyectar un escenario de mayor productividad, explicó, también será necesario acompañar ese potencial con decisiones agronómicas acordes.
“Si esperamos una productividad mayor porque estamos arrancando con buen contenido de agua, para poder capturar ese potencial tenemos que ajustar las prácticas, elegir bien el híbrido, bien la densidad, bien la dosis de nitrógeno y del resto de los nutrientes”, detalló.
La recomendación final es utilizar la información disponible para dejar de pensar el lote como una superficie homogénea. En un contexto en el que cada decisión pesa sobre los márgenes, producir más también implica decidir mejor dónde colocar cada recurso




