Biofilm acelera su expansión: invertirá US$ 7 millones y apuesta a dar un nuevo salto en productos biológicos

La compañía argentina proyecta ampliar su planta, sumar infraestructura para investigación y desarrollo y profundizar su trabajo en biológicos durante los próximos cinco años.

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Biofilm atraviesa un punto de inflexión. A diez años de sus primeros pasos, cuando comenzó formulando productos en instalaciones de terceros, la compañía argentina prepara ahora un programa de inversión de US$ 7 millones para los próximos cinco años, con el objetivo de ampliar su capacidad industrial y fortalecer el desarrollo de nuevas tecnologías para el agro.

En diálogo con Palabra de Campo, Rafael Jurado, socio y director de Operaciones de Biofilm, repasó el crecimiento de la empresa, explicó cómo cambió el negocio de los insumos agrícolas y puso el foco en uno de los grandes desafíos de los próximos años: conseguir que los productos biológicos amplíen definitivamente su adopción entre los productores.

De un inoculante a cuatro líneas de negocios

Los comienzos fueron mucho más acotados que la estructura actual. Biofilm empezó con un único producto, un pack de inoculante para soja acompañado por tratamiento fungicida, y luego fue incorporando coadyuvantes y otras soluciones hasta conformar progresivamente un portafolio más amplio.

Arrancamos formulando en laboratorios de terceros un solo producto”, recordó Jurado. El paso decisivo fue avanzar hacia una planta propia, no solamente para aumentar la capacidad productiva sino también para tener un control más estricto de los procesos y empezar a involucrarse directamente en investigación y desarrollo.

Ese proceso llevó a la compañía hasta las cuatro líneas de trabajo que tiene actualmente y, según explicó el directivo, abrió la puerta a una estrategia de crecimiento que continúa aun en un escenario económico mucho más exigente para toda la cadena agropecuaria.

Una inversión de US$ 7 millones para los próximos cinco años

La hoja de ruta contempla llevar las instalaciones de Biofilm por encima de los 11.000 metros cuadrados, con la construcción de aproximadamente 7.000 metros adicionales destinados principalmente a depósitos y nuevas capacidades tecnológicas.

El proyecto incluye además un centro de investigación y desarrollo de productos biológicos, un invernadero para realizar ensayos y un campo experimental detrás de las nuevas instalaciones. “Tenemos una idea fija, que es seguir creciendo”, sintetizó Jurado al describir una inversión que se ejecutará gradualmente durante los próximos cinco años.

La empresa también está terminando de renovar una de sus líneas productivas. Jurado explicó que, frente a dificultades para conseguir la homogeneidad deseada en un producto, decidieron reformular completamente la instalación antes que colocar en el mercado una tecnología que no cumpliera con los estándares buscados.


Decidimos no salir y esperar a tener un producto de calidad para ofrecer”, señaló. La definición refleja, según el empresario, una estrategia que busca priorizar el control de los procesos antes que acelerar un lanzamiento.

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Un negocio con menos stock y márgenes mucho más ajustados

El cambio no ocurre solamente puertas adentro. Para Jurado, todo el mercado argentino de insumos agrícolas tuvo que modificar la manera de operar durante los últimos años como consecuencia de una transformación profunda de las variables económicas.

En períodos de elevada inflación, tasas reales negativas y fuertes distorsiones financieras, acumular mercadería podía funcionar como resguardo de valor. Hoy, en cambio, “nadie se estoquea” y tanto fabricantes como distribuidores y productores trabajan con estructuras mucho más ajustadas.

Biofilm inauguró el 13 de junio de 2025 su nueva planta de producción en Lobos, Buenos Aires. Con una inversión de USD 10 millones, también lanzará un centro para impulsar proyectos científicos independientes.
Biofilm inauguró el 13 de junio de 2025 su nueva planta de producción en Lobos, Buenos Aires. Con una inversión de USD 10 millones, también lanzará un centro para impulsar proyectos científicos independientes.

“El negocio está fino tanto para el productor como para la agronomía como para nosotros”, explicó. En ese escenario, aseguró que la clave pasa por ganar eficiencia y conseguir mayores volúmenes, mientras las empresas que no logren adaptarse tendrán mayores dificultades para sostenerse.

Pese al nuevo contexto, Biofilm asegura mantener una expansión sostenida. “Venimos, por suerte, con un nivel de crecimiento bastante sostenido, de un 20% por año en todas las líneas que trabajamos”, afirmó Jurado.

Una campaña con agua, pero también con nuevas dificultades

Las condiciones productivas muestran fuertes contrastes según la región. La elevada disponibilidad hídrica puede permitir buscar mejores rindes en algunas zonas, pero en otras el exceso de agua ya condicionó cosechas, fechas de implantación y decisiones sobre qué cultivo sembrar.

Jurado mencionó casos donde el retraso de la cosecha de maíz está modificando los planes agrícolas y obligando a reconsiderar lotes originalmente destinados a girasol o soja. Para las compañías de insumos, esa heterogeneidad implica ofrecer tecnologías capaces de responder a problemas específicos y no solamente trabajar sobre escenarios ideales de alta productividad.

“El exceso de agua también es una complicación, es un estrés para la planta”, sostuvo. De cara al nuevo ciclo, se mostró optimista aunque reconoció que “los números son finos” para el productor y que cada inversión deberá demostrar con mayor precisión su aporte al resultado productivo.

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El gran desafío de los biológicos

Uno de los principales destinos de la nueva infraestructura será justamente la investigación en productos biológicos, un segmento en el que Jurado considera que todavía existe un largo recorrido por delante.

El empresario diferenció las tecnologías ampliamente incorporadas, como los inoculantes con rizobios en leguminosas, de otras soluciones cuya penetración continúa siendo reducida. Entre ellas mencionó biocontroladores, bacterias fijadoras de nitrógeno, microorganismos solubilizadores de fósforo y promotores de crecimiento.

“Cuando pasás a biocontroladores o bacterias fijadoras de nitrógeno, solubilizadoras de fósforo o promotores de crecimiento, entrás en un mundo que hoy es un mercado muy chico”, explicó. El potencial existe, pero la adopción depende tanto de la capacidad de las empresas para demostrar resultados como de la confianza que consiga desarrollar la tecnología entre los productores.

Para Jurado, además, no alcanza con colocar nuevos productos en el mercado. “Está en la obligación de las empresas ofrecer soluciones biológicas que lleguen a tener el control que realmente el productor necesita para ser sustentable”, remarcó.

Nuevas tecnologías ya están en desarrollo

Biofilm también trabaja sobre dos o tres nuevos desarrollos dentro del segmento de coadyuvantes, entre ellos alternativas basadas en fuentes diferentes de los aceites tradicionales, además de nuevos correctores y secuestrantes.

Otros proyectos permanecen todavía bajo reserva y podrían convertirse en próximos lanzamientos. En paralelo, el nuevo centro de investigación, el invernadero y el campo experimental buscarán acelerar una estrategia que comenzó hace una década con un único inoculante y que ahora apunta a integrar producción, desarrollo y validación tecnológica.

Para una compañía argentina de tamaño medio, el desafío será transformar esa inversión en nuevas soluciones capaces de competir en un mercado donde el productor analiza cada vez más el retorno de cada dólar invertido. Biofilm apuesta a que los biológicos sean una de las tecnologías capaces de justificar esa inversión y convertirse en una parte más relevante del manejo agrícola.

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