Corrientes comienza a prepararse para un escenario climático que podría modificar sustancialmente las condiciones productivas durante los próximos meses. La posibilidad de mayores precipitaciones asociadas a El Niño pone especialmente el foco sobre la ganadería, en una provincia donde los excesos hídricos pueden reducir rápidamente la superficie disponible para los animales.
Así lo explicó Ditmar Kurtz, ingeniero agrónomo, máster y doctor en Ciencias Agrarias e integrante del Grupo de Recursos Naturales del INTA Corrientes, en diálogo con Palabra de Campo. El especialista planteó que el objetivo no debe ser generar alarma, sino aprovechar la información disponible para anticipar decisiones antes de que aparezcan los problemas.
“En los últimos cuatro o cinco años vino lloviendo menos que lo normal”, señaló Kurtz al describir el punto de partida de la provincia. El antecedente inmediato es una sucesión de períodos secos que incluso derivaron, hace pocos años, en una de las sequías más severas registradas en Corrientes.
Corrientes tiene hoy mucha menos agua que en un año normal
El INTA realiza un seguimiento periódico de la superficie cubierta por agua mediante imágenes satelitales, una información particularmente relevante en una provincia dominada por esteros, bañados, valles aluviales y terrenos de escasa pendiente. En condiciones normales, alrededor del 38% del territorio correntino permanece cubierto por agua, equivalente a aproximadamente 3,5 millones de hectáreas.
Actualmente, sin embargo, ese porcentaje ronda apenas el 20%, como consecuencia de las menores precipitaciones acumuladas durante los últimos años. Esa situación representa un colchón frente a eventuales lluvias abundantes, aunque no elimina el riesgo si comienza a producirse una sucesión de eventos intensos.

La preocupación está relacionada con las características topográficas de Corrientes, donde grandes extensiones poseen pendientes muy reducidas. Cuando las lluvias superan la capacidad de infiltración y drenaje, pueden generarse encharcamientos, anegamientos por escurrimiento desde sectores más altos e inundaciones vinculadas con el desborde de cuerpos de agua.
El antecedente que preocupa: más de 5 millones de hectáreas bajo agua
Para conocer hasta dónde podría llegar un escenario extremo, los investigadores recurrieron a imágenes satelitales correspondientes a anteriores eventos El Niño. Uno de los principales antecedentes es el episodio ocurrido entre fines de 1997 y comienzos de 1998, considerado uno de los más intensos de las últimas décadas.
“Cuando ocurrió ese evento del Niño se cubrió el 58% de la provincia”, explicó Kurtz. Eso representa más de 5,1 millones de hectáreas bajo agua, frente al 38% que suele observarse en condiciones promedio.
Durante aquel episodio, entre abril y mayo llegaron a registrarse alrededor de 600 milímetros de lluvia, aproximadamente la mitad de lo que puede acumularse durante todo un año. Sin embargo, Kurtz remarcó que el escenario actual no es idéntico, tanto por el déficit hídrico de los últimos años como por las obras de infraestructura y drenaje desarrolladas desde entonces.
“No es la misma situación, pero sabemos qué puede llegar a pasar”, explicó el investigador. La comparación histórica funciona, de esta manera, como una herramienta para dimensionar riesgos y no como una predicción exacta de lo que ocurrirá.
Ganadería: usar ahora los bajos y reservar los campos altos
La principal recomendación para los productores ganaderos es comenzar a analizar la distribución de la hacienda antes de que aparezcan posibles excesos de agua. Si determinados potreros tienen alta probabilidad de anegarse, la estrategia es aprovecharlos ahora y reservar las zonas más elevadas para los meses de mayores precipitaciones.
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“Si detecta que la mitad del campo se puede llegar a quedar cubierta con agua, es el lugar donde tiene que ir a pastorear ahora ya, reservando los potreros más altos”, explicó Kurtz. Incluso aunque el forraje disponible posteriormente no sea de la mejor calidad, conservar superficie seca puede resultar determinante para sostener los animales.
La planificación también debería incluir la revisión de caminos internos, dormideros, alcantarillas, accesos y sectores utilizados para movilizar hacienda. Una vez que los caminos pierden transitabilidad, trasladar animales, alimentos o insumos se vuelve considerablemente más difícil.
El riesgo adquiere especial relevancia por el peso de la ganadería dentro de la economía provincial. Según explicó Kurtz, Corrientes posee el tercer stock bovino más importante de la Argentina, además de contar con una importante producción ganadera sobre islas y zonas cercanas al valle aluvial del río Paraná.
Una plataforma permite saber qué parte del campo podría inundarse
Para transformar esos escenarios generales en decisiones concretas, INTA y la provincia desarrollaron una plataforma ganadera que permite analizar individualmente los establecimientos. La herramienta está disponible para unas 37.300 unidades catastrales de Corrientes y utiliza información histórica y satelital para mostrar cómo cambia la presencia de agua.

El productor puede ingresar con su registro catastral y observar qué superficie de su campo suele permanecer cubierta en condiciones normales, qué ocurrió durante períodos secos y cuánto podría quedar comprometido en un escenario de lluvias intensas. A partir de esos datos es posible estimar cuánta superficie realmente quedaría disponible para el rodeo y anticipar una eventual sobrecarga animal.
“Todo lo que se pueda anticipar ahora es el momento”, sintetizó Kurtz. Esto incluye preparar reservas forrajeras, evaluar eventuales movimientos de hacienda y definir con anticipación establecimientos o potreros alternativos.
El impacto también puede llegar a la agricultura y la forestación
Las recomendaciones no se limitan a los ganaderos, ya que Corrientes también posee una fuerte actividad forestal, arrocera, agrícola y hortícola. En forestación, uno de los principales desafíos podría ser la transitabilidad de caminos y la posibilidad de sacar la madera en períodos prolongados de alta humedad.
Para los cultivos, Kurtz recomendó considerar esquemas de fertilización fraccionada ante el riesgo de lavado de nutrientes móviles como nitrógeno y potasio. En horticultura, elevar los lomos puede ser una alternativa para disminuir la posibilidad de asfixia radicular cuando los suelos permanecen saturados.
El comportamiento de los grandes ríos será otra de las variables a seguir, especialmente en el caso del Paraná. Si el nivel del río permanece elevado, puede dificultarse el escurrimiento natural de arroyos y cursos menores y potenciar los anegamientos dentro de la provincia.
Por eso, además de las medidas preventivas que pueden tomarse hoy, Kurtz recomendó actualizar permanentemente la información meteorológica. Los pronósticos de corto plazo permiten ajustar progresivamente las decisiones y determinar con mayor precisión cuándo podría comenzar una etapa realmente crítica.
El mensaje para el productor correntino es esencialmente preventivo: no esperar a que el agua llegue para comenzar a actuar. Aprovechar ahora los sectores más vulnerables, conservar las tierras altas, asegurar alimento y revisar accesos puede marcar una diferencia importante si las lluvias terminan intensificándose durante los próximos meses.
- En condiciones normales, alrededor del 38% de la superficie de Corrientes permanece cubierta por agua entre esteros, bañados y otros ambientes.
- El movimiento anticipado de hacienda y la disponibilidad de reservas forrajeras aparecen entre las principales herramientas frente a un escenario húmedo.
- El antecedente de 1997-98 dejó más de 5,1 millones de hectáreas cubiertas por agua, aunque el punto de partida actual es diferente.




