Los bioinsumos ya buscan superar a los químicos: la apuesta argentina que quiere cambiar el negocio agrícola

Puna Bio presentó un nuevo biofungicida y asegura haber logrado niveles de control superiores a los químicos en enfermedades clave de trigo y soja. La discusión sobre los productos biológicos entra en una nueva etapa.

La carrera de los bioinsumos en el agro acaba de entrar en una etapa mucho más ambiciosa. Después de años donde el foco estuvo puesto principalmente en la sustentabilidad y la reducción del impacto ambiental, ahora varias compañías empiezan a plantear un objetivo completamente distinto: igualar e incluso superar la eficacia de los productos químicos tradicionales.

Ese es justamente el camino que busca recorrer Puna Bio, la startup biotecnológica argentina que trabaja con microorganismos aislados de ambientes extremos de la Puna y que acaba de lanzar su primer biofungicida para trigo y soja. Durante una entrevista con Palabra de Campo, Franco Martínez Levis, cofundador y CEO de la empresa, aseguró que el desafío ya no pasa solamente por ofrecer una alternativa biológica, sino por competir directamente contra los estándares químicos más utilizados del mercado.

El gran desafío de todos los bioinsumos es equipararse, ni hablar de superar, a los químicos”, resumió el ejecutivo al explicar el escenario actual de la industria.

El biofungicida que busca superar a los químicos en trigo y soja

La novedad presentada por Puna Bio es Tyrix, un nuevo biofungicida desarrollado a partir de tricodermas extremófilas. Según explicó Martínez Levis, el producto representa más de tres años de investigación, validaciones y ensayos comparativos realizados tanto en laboratorio como a campo.

Hasta ahora, la empresa había concentrado su trabajo principalmente en biofertilizantes y bioestimulantes. Pero el ingreso al segmento de biofungicidas refleja un paso estratégico dentro de un mercado donde las exigencias de eficacia son mucho mayores.

“Nosotros queríamos buscar una versión mejorada de un biofungicida ya muy adoptado en Argentina y en el mundo, como son las tricodermas”, explicó el CEO de la compañía.

La investigación incluyó la evaluación de 50 tricodermas extremófilas comparadas frente a distintos hongos patógenos que afectan cultivos de trigo, soja y otras producciones agrícolas. Según detalló Martínez Levis, el resultado fue el desarrollo de una nueva especie denominada “tricoderma oriental”, sobre la que hasta ahora no existían productos comerciales a nivel mundial.

Pero el aspecto que más destaca la empresa no es solamente la novedad científica. Lo central, según remarcan, es el desempeño agronómico observado durante las pruebas.

“Cuando la comparamos contra la típica tricoderma harzianum, que es la cepa más usada, vemos que en 15 patógenos distintos es muy superior la eficacia de control”, aseguró.

El punto que puede cambiar el mercado de bioinsumos

La afirmación más fuerte de la entrevista apareció cuando el ejecutivo explicó que el benchmark de la compañía ya no es otro producto biológico, sino directamente el fungicida químico tradicional.

La vara no es tanto el biológico. La realidad es que para tener una adopción más generalizada tenemos que llegar al benchmark de la eficacia y la consistencia contra el químico”, sostuvo Martínez Levis.

Según indicó, en enfermedades asociadas al complejo de damping off —uno de los principales problemas sanitarios en trigo— observaron niveles de control superiores a los obtenidos con tratamientos químicos convencionales. Entre los patógenos mencionó especialmente fusarium y pitium.

Además, aseguró que el producto no presenta efectos de fitotoxicidad ni inhibiciones de crecimiento que sí pueden aparecer con determinados fungicidas químicos. Ese punto resulta particularmente relevante en cultivos donde el vigor inicial define buena parte del potencial productivo.

La discusión aparece en un momento donde el mercado mundial de bioinsumos atraviesa una expansión acelerada. Las mayores exigencias ambientales, las restricciones regulatorias sobre principios activos y la necesidad de producir con mayor eficiencia impulsan nuevas inversiones en biotecnología agrícola.

Sin embargo, Martínez Levis reconoció que el problema principal sigue siendo la confianza del productor. “Siempre hay dudas acerca de este tipo de productos, acerca de la eficacia y acerca de cuáles son los resultados de las pruebas”, explicó durante la charla.

El caso de Brasil que entusiasma a las empresas biológicas

Para explicar por qué cree que el mercado puede cambiar rápidamente, el CEO de Puna Bio utilizó un ejemplo que dentro del sector biológico suele mencionarse cada vez con más frecuencia: el negocio brasileño de nematicidas.

Según detalló, hace apenas algunos años ese segmento estaba dominado casi exclusivamente por productos químicos. Pero cuando comenzaron a aparecer soluciones biológicas más eficientes, el mercado empezó a transformarse rápidamente.

“Hoy el mercado de nematicidas en Brasil es 85% o 90% biológico”, afirmó Martínez Levis.

El ejecutivo remarcó que el productor no cambiará sus decisiones únicamente por razones ambientales. La adopción masiva ocurrirá cuando el biológico demuestre mejores resultados, costos competitivos y ventajas agronómicas claras.

La gente no va a migrar solamente por usar biológicos. Va a usar biológicos cuando sea más barato, más eficiente y tenga mejores ventajas”, resumió.

La definición refleja uno de los cambios más profundos que atraviesa actualmente el negocio agrícola. Los bioinsumos ya no quieren posicionarse únicamente como herramientas “más sustentables”.

Ahora buscan competir directamente por rendimiento.

La demanda empieza a crecer en plena campaña fina

El lanzamiento de Tyrix llega además en un contexto complejo para la campaña de trigo, atravesada por altos costos de fertilización y márgenes ajustados. Aun así, desde Puna Bio aseguran haber encontrado una demanda mayor a la esperada.

Martínez Levis explicó que tanto Tyrix como CanSama —el biofertilizante para trigo y cebada de la compañía— registraron un nivel de adopción que incluso obligó a reorganizar cuestiones internas vinculadas al stock y la producción.

“Estamos viendo una sorpresa para bien de la demanda”, afirmó el empresario al describir el ritmo comercial de la campaña.

Aun así, reconoció que los tiempos de adopción en el agro suelen ser más lentos de lo que muchas startups tecnológicas esperan inicialmente. El productor necesita validar resultados campaña tras campaña antes de modificar sus esquemas habituales de manejo.

Por eso, dentro de la empresa consideran que el verdadero crecimiento llegará de la mano de la recompra y de las experiencias positivas obtenidas a campo. “La confianza viene de los resultados”, resumió el CEO.

La frase termina funcionando también como síntesis de la nueva batalla tecnológica que empieza a jugarse dentro del agro. Una disputa donde los productos biológicos ya no buscan solamente convivir con los químicos.

Ahora quieren superarlos.

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