La campaña de trigo logró superar uno de los principales obstáculos del invierno en la región núcleo. Después de varias semanas condicionadas por los excesos de humedad, el barro y la falta de piso, los productores consiguieron completar la implantación de 1,6 millones de hectáreas, según el último informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario.
Hasta pocos días atrás, todavía había unas 100.000 hectáreas en duda, principalmente en el norte de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, el ingreso de aire frío, acompañado por viento seco, aceleró el oreado de los lotes y permitió que las sembradoras regresaran al campo.
El frío permitió terminar la siembra de trigo
La situación más complicada se concentraba en el noreste bonaerense, donde las lluvias habían interrumpido la implantación y obligado a postergar el ingreso de las máquinas. La elevada humedad del suelo impedía transitar los lotes y amenazaba con dejar una parte importante de la superficie fuera de la campaña.
El cambio de las condiciones meteorológicas resultó decisivo. Las bajas temperaturas y el viento seco redujeron la humedad superficial, mejoraron el piso y abrieron una ventana que los productores aprovecharon para completar rápidamente los trabajos pendientes.
En algunas localidades, la demora obligó a modificar la planificación original. Los materiales de ciclo intermedio que no pudieron sembrarse en las fechas previstas terminaron implantándose cerca de la ventana habitual de los ciclos cortos, aunque sin comprometer de manera significativa el área proyectada.
En Piedritas, por ejemplo, la siembra de variedades intermedias se retrasó alrededor de diez días. A pesar de esa demora, los trabajos pudieron completarse y la región núcleo alcanzó finalmente el objetivo de 1,6 millones de hectáreas implantadas con trigo.
La superficie, de todos modos, representa una reducción del 12 % respecto de la campaña anterior. El ajuste responde a las dificultades económicas y climáticas que acompañaron la planificación del cultivo, aunque el trigo conserva una presencia relevante dentro de la rotación agrícola regional.
Heladas de hasta -8,2 °C en la región núcleo
El comienzo de julio estuvo marcado por el ingreso de una masa de aire muy frío que provocó heladas generalizadas y un pronunciado descenso de las temperaturas. Las mínimas extremas se ubicaron entre -2 y -8 °C en distintas localidades de la zona productiva.
El registro más bajo informado por la Bolsa de Comercio de Rosario fue de -8,2 °C en Idiazábal, en la provincia de Córdoba. También se midieron -5,6 °C en Junín y -5,3 °C en Rosario, valores destacados incluso para el período invernal.
Aunque las heladas suelen generar preocupación en numerosos cultivos, en esta etapa temprana del trigo su impacto fue, en términos generales, favorable. Las bajas temperaturas contribuyen al proceso de vernalización, reducen la actividad de algunas plagas y enfermedades y permiten que las plantas desarrollen una estructura más compacta.
En el centro-sur de Santa Fe y el sudeste de Córdoba, la combinación de buenas reservas de humedad y temperaturas bajas está favoreciendo una correcta implantación. Los técnicos de la región describen un desarrollo inicial muy bueno y mantienen expectativas positivas sobre el potencial productivo.
En María Susana, sin embargo, esperan nuevas lluvias que permitan consolidar las reservas hídricas y sostener las condiciones que hicieron posible obtener muy buenos resultados durante la campaña anterior.
El frío demora la emergencia, pero no genera alarma
El principal efecto visible de las bajas temperaturas es una emergencia más lenta. Cuando el suelo permanece frío, la germinación y el crecimiento inicial de las plantas avanzan con menor velocidad, por lo que algunos lotes tardan más tiempo en mostrar una cobertura uniforme.
Ese comportamiento fue observado en Baradero y Piedritas, aunque por el momento no existe preocupación entre los técnicos. La humedad disponible sigue siendo adecuada y no se detectaron daños que puedan comprometer la implantación.
En Bigand, las heladas también fueron consideradas beneficiosas para el cultivo, aunque algunas variedades más sensibles presentaron amarillamiento en las hojas. Se trata de una respuesta habitual frente a episodios de frío intenso y, mientras no se produzcan daños en los tejidos de crecimiento, las plantas pueden recuperarse cuando aumentan las temperaturas.
La evolución dependerá ahora del comportamiento meteorológico de las próximas semanas. Una transición hacia jornadas más templadas favorecería la emergencia y permitiría que los lotes más atrasados comiencen a recuperar ritmo.
Buenas perspectivas productivas, pero con costos elevados
El comienzo agronómico de la campaña fina ofrece señales favorables. La humedad acumulada en los perfiles y las bajas temperaturas permitieron completar la siembra y sostienen la posibilidad de alcanzar rindes importantes, siempre que las lluvias acompañen durante el desarrollo del cultivo.
Sin embargo, la rentabilidad continúa bajo presión. Los técnicos consultados por GEA advierten que el incremento de los costos de producción está elevando los rindes de indiferencia, es decir, la cantidad de trigo que debe cosecharse para cubrir los gastos.
Aunque el precio de la urea retrocedió durante las últimas semanas, otros componentes siguen aumentando. El combustible, los fletes, la siembra, la cosecha, las semillas y los alquileres representan una carga creciente dentro de la estructura productiva.
En Piedritas, los mejores campos que hace tres o cuatro campañas se alquilaban por el equivalente a 14 o 15 quintales de soja por hectárea ahora se negocian en torno a 16 o 17 quintales, e incluso por encima de esos valores. La competencia por los lotes y los buenos resultados productivos de las campañas recientes mantienen firme la demanda.
En María Susana, los arrendamientos subieron alrededor de un 10 %, mientras que algunos servicios agrícolas, como la siembra, los fletes y la cosecha, aumentaron más del 30 %, principalmente por la incidencia del combustible. En Bigand y Carlos Pellegrini no se registraron grandes cambios en los alquileres, pero los fertilizantes y las semillas continúan entre los insumos de mayor peso.
Una campaña que comienza con una señal positiva
La finalización de la siembra representa una primera victoria para el trigo en una campaña atravesada por la incertidumbre. El cultivo logró sortear los excesos de humedad, el barro y las dificultades para ingresar a los lotes, mientras que las heladas aportaron condiciones favorables para su desarrollo inicial.
El potencial productivo está intacto, pero su concreción dependerá de la distribución de las lluvias, la evolución de las temperaturas y la capacidad de los rindes para compensar una estructura de costos cada vez más exigente. Con las 1,6 millones de hectáreas ya implantadas, la región núcleo empieza ahora la etapa decisiva: transformar un buen comienzo agronómico en una cosecha rentable.



