Catalina Corrales: “Es mejor vender la hacienda que luego se puede volver a comprar y no perderla”

La veterinaria y productora de Ituzaingó explicó por qué anticipar los traslados es decisivo ante una crecida. La logística insular y la recuperación posterior, dos límites para la ganadería correntina.

spot_img

En la ganadería de las islas de Corrientes, anticiparse a una crecida puede definir la diferencia entre trasladar animales a tiempo y perder la posibilidad de moverlos. Las distancias, los accesos y la capacidad de las embarcaciones ponen un límite concreto a la reacción. Esperar hasta que el agua llegue al campo reduce las alternativas y aumenta el costo de cada decisión.

Catalina Corrales, médica veterinaria, productora ganadera y concejal de Ituzaingó, describió ese desafío en Palabra de Campo. La presidenta de la asociación civil El Pombero explicó cómo la experiencia de otras emergencias modificó la conducta de los productores y por qué la organización previa resulta tan importante como la asistencia durante la inundación.

“Es mejor vender la hacienda que luego se puede volver a comprar y no que se muera o perderla”, planteó en diálogo con Daniel Aprile y Viviana Valles. La frase expresa una decisión difícil: reducir existencias o resignar un negocio inmediato para preservar el capital productivo y evitar que la salida se vuelva imposible.

Una logística que no admite demoras

Ituzaingó está ubicada al norte correntino, sobre el Paraná, en una zona vinculada con Paraguay a través del entorno de Yacyretá. Corrales situó el problema en las islas y en los establecimientos que dependen del transporte fluvial. Cuando aumenta el nivel del río, evacuar hacienda requiere coordinar embarque, llegada y posterior reubicación.

Según explicó, la disponibilidad de una balsa con capacidad limitada obliga a planificar los movimientos. No se puede sacar todo el rodeo en una sola operación ni resolver al mismo tiempo las necesidades de todos los productores. El traslado demanda tiempo incluso antes de considerar qué ocurre en el establecimiento de destino.

Las alternativas incluyen campos arrendados o espacios temporarios para recibir animales. Cada solución necesita condiciones de acceso y organización. Si esas gestiones comienzan con el río avanzado, las opciones se achican y la urgencia puede trasladarse al bienestar del rodeo y a la seguridad de las personas que trabajan en la evacuación.

Lo aprendido después de la emergencia de 2017

Corrales comparó la respuesta de los productores con la vivida en 2017. “Creo que el productor esta vez actuó más rápido”, señaló. En su relato, las charlas informativas y el contacto entre instituciones ayudaron a que muchos establecimientos tomaran decisiones con mayor anticipación, antes de quedar limitados por el avance del agua.

PUEDE INTERESARTE  Breitschmitt: “No tenemos que romper la confianza en el productor, porque el que se va no vuelve”

La asociación El Pombero participa desde hace años en la articulación de acciones entre productores, organismos públicos y privados. La veterinaria recordó tanto las dificultades de aquella emergencia hídrica como los incendios de 2022. Son experiencias distintas, pero con un punto en común: la pérdida de infraestructura y de recursos necesarios para sostener la producción.

El trabajo previo incluyó gestiones para disponer de un lugar de llegada de los animales y facilitar su posterior distribución. Esa coordinación no elimina el impacto de una inundación, aunque permite ordenar la respuesta. Tener un punto de desembarco no resuelve por sí solo la alimentación o la permanencia del rodeo, pero evita improvisar toda la operación.

La venta anticipada como herramienta de manejo

Además de los traslados, Corrales destacó el uso de remates para aliviar la carga de los campos. La venta puede ser una opción para categorías más sensibles o para establecimientos que no cuentan con un lugar seguro donde mantener todos los animales. El momento de esa decisión condiciona su resultado.

Su explicación pone de relieve que conservar el rodeo completo no siempre representa la alternativa de menor pérdida. Si el agua compromete la alimentación y la movilidad, sostener animales sin una salida prevista puede deteriorar su estado y su valor. La experiencia de los productores pesa al evaluar cuándo conviene reducir la exposición.

Corrales relató que quienes demoraron más enfrentaron dificultades adicionales, incluso para mover ganado menor en embarcaciones. La situación muestra que las categorías y especies no tienen las mismas necesidades de transporte. También explica por qué los avisos generales deben transformarse en decisiones concretas en cada establecimiento.

El estrés afecta al rodeo antes de regresar al campo

Como veterinaria, Corrales puso el foco en la condición de los animales. “El estrés es algo muy complicado porque le genera primero una pérdida importante de peso”, advirtió. La inundación altera alimentación, desplazamientos y manejo, y esos cambios pueden afectar especialmente a las categorías que llegan con menos reservas.

PUEDE INTERESARTE  El modelo de la ganadería uruguaya llega a Rosario y plantea qué animales producir

Mencionó a las vacas con cría que salen del invierno con una condición corporal comprometida. En esos casos, un nuevo esfuerzo puede profundizar la pérdida de estado. La elección de qué categorías trasladar, vender o sostener necesita considerar esa situación, además del espacio disponible y de la capacidad de transporte.

El retorno tampoco debe pensarse como una recuperación instantánea. Que un animal vuelva a un lugar conocido no significa que encuentre las mismas condiciones de alimentación o infraestructura que tenía antes. El impacto productivo puede continuar mientras se reorganiza el establecimiento y se restablecen sus recursos.

Después del agua queda otra etapa de trabajo

“El agua arrasa con todo”, resumió Corrales al describir daños sobre alambrados, corrales y suelos. El barro y la falta de pasto pueden impedir el uso inmediato de superficies que ya dejaron de estar cubiertas. Por eso, medir la emergencia únicamente por el nivel del río deja fuera una parte importante del problema.

La productora señaló que, por experiencia y por los testimonios de los isleños, la recuperación del suelo puede demandar meses, aunque evitó precisar un plazo agronómico único. La misma cautela debe aplicarse a la planificación del regreso: las condiciones de un establecimiento no necesariamente representan las de otro.

Las familias evacuadas también necesitan acompañamiento durante esa etapa. La emergencia social y la productiva se conectan en territorios donde vivienda, trabajo y animales forman parte de una misma organización cotidiana. La lección que deja el testimonio es concreta: anticipar la salida ayuda, pero la respuesta debe continuar después de que baja el agua.

Fuente: entrevista de Daniel Aprile y Viviana Valles en Palabra de Campo, Radio Splendid AM 990.

ESCUCHÁ LA ENTREVISTA COMPLETA

MAS NOTICIAS

Most Popular