Uruguay reconfigura su ganadería: animales más jóvenes, carcasas más pesadas y un giro hacia la integración agrícola
Patricio Cortabarría, CEO de Origen Uruguay, describe una transformación profunda en la ganadería uruguaya donde la búsqueda de eficiencia productiva está cambiando los sistemas de alimentación y el tipo de animal que llega al frigorífico. Esto implica producir hacienda más joven pero con carcasas cada vez más pesadas para responder a las exigencias de la industria y los mercados.
El cambio tiene impacto directo en la exportación, la rentabilidad de los establecimientos y las decisiones de los productores frente a la variación de precios de granos y energía. Comprender esta transición es clave para productores, frigoríficos y consumidores que demandan calidad y trazabilidad.
Un modelo de ganadería diferente
Históricamente Uruguay orientó su producción hacia mercados externos con animales de mayor edad y peso, a diferencia de Argentina donde predominaba el novillo joven para consumo interno. Ese esquema tradicional contemplaba novillos de cuatro a seis dientes y carcasas con pesos de faena superiores a los 450 kilos, en muchos casos por encima de los 500 kilos.
En los últimos años la integración entre agricultura y ganadería y el uso creciente de granos en dietas ganaderas modificaron la dinámica del rodeo y la estructura productiva. El stock de vacas de cría creció alrededor de un 10 %, pasando de 4 millones a casi 4,5 millones de cabezas, y esto altera los flujos hacia faena y recría.
Genética y alimentación, dos factores inseparables
La presión por reducir costos y mejorar la productividad del frigorífico obligó a pensar en animales que aporten más carne por unidad de tiempo, por lo que la genética y la nutrición aparecen como elementos claves e interrelacionados. La terminación a corral ganó peso como herramienta para acelerar ciclos y obtener carcasas pesadas a edades más tempranas sin sacrificar calidad.
Hoy la terminación a corral representa cerca del 30 % de la faena total y supera el 40 % cuando se considera exclusivamente a los novillos, lo que refleja la mayor utilización de dietas de alta energía a base de granos. No obstante, Cortabarría advierte que la alimentación por sí sola no alcanza: se requiere una selección genética que permita aprovechar ese potencial nutricional y transformarlo en carne eficiente y de calidad.
Producir para los mercados internacionales
Uruguay consolida destinos como Estados Unidos, China, Europa e Israel, cada uno con especificidades sobre peso, rendimiento y calidad de la carne. La estrategia productiva debe combinar volumen, calidad y eficiencia para mantenerse competitiva frente a costos crecientes de energía y mano de obra.
Al mismo tiempo, el mercado interno sigue siendo relevante: cerca del 45 % de la faena uruguaya corresponde a hembras, muchas de ellas vacas de descarte que encuentran demanda doméstica. Por eso la selección del animal no sólo pesa en el volumen final sino en características de carcasa y la experiencia que recibirá el consumidor.
El desafío: qué animal producir y dónde
El intercambio entre productores uruguayos y argentinos será uno de los focos del Congreso Federal Ganadero 2026, que se realizará el 12 de noviembre en la Bolsa de Comercio de Rosario y está organizado por Rosgan. Ese debate buscará definir qué hacienda demanda la industria y qué hacienda puede producirse de manera eficiente según su ubicación geográfica y costos logísticos.
La discusión adquiere especial relevancia en zonas ubicadas a 300 o 400 kilómetros de los centros de consumo, donde el costo de transporte influye en la decisión de producir novillos para el mercado interno o animales orientados a la exportación. En áreas con similitudes agroecológicas a Uruguay, la integración agricultura-ganadería, el uso estratégico de granos y la selección genética podrían marcar la diferencia competitiva.
Más calidad y menor impacto ambiental
De cara a la próxima década la ganadería deberá responder no sólo a metas productivas sino también a exigencias sobre calidad, inocuidad y huella ambiental que imponen compradores y consumidores. La investigación y el desarrollo tecnológico serán decisivos para generar herramientas que permitan medir, certificar y comunicar procesos productivos más eficientes y sostenibles.
El desafío para los productores es simultáneo: producir más y mejor, aprovechar recursos y demostrar que la actividad puede desarrollarse de forma sostenible. La transformación en curso exigirá decisiones técnicas, inversión en genética y nutrición, y mayor transparencia para mantener mercados exigentes y garantizar la viabilidad económica del sector.



