Cosecha récord de trigo y maíz en Argentina: la producción sorprende, pero las ventas se frenan por la tensión global

Con rindes históricos y excelentes condiciones climáticas, el campo argentino encara una campaña excepcional. Sin embargo, la incertidumbre internacional y los precios contenidos enfrían las decisiones comerciales.

Argentina se prepara para una de las campañas agrícolas más prometedoras de los últimos años, con estimaciones que anticipan cosechas récord de trigo y maíz. Pero la euforia productiva convive con un mercado internacional convulsionado, donde las tensiones entre Estados Unidos y China, los precios contenidos y los cambios logísticos globales generan un clima de prudencia en la comercialización.

“El conflicto entre ambas potencias reconfigura los flujos globales de granos y condiciona las decisiones de los productores locales”, explicó Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral. El escenario, según el analista, combina buenas noticias para la oferta, pero señales confusas para los precios, especialmente en el corto plazo.

El maíz avanza a ritmo histórico y consolida su protagonismo

El maíz argentino atraviesa un inicio de campaña excepcional. La siembra ya alcanza el 25,6% del área proyectada, el segundo mayor avance de la última década, impulsado por la excelente humedad del suelo tras meses de lluvias regulares. Las proyecciones productivas varían entre 58 y 61 millones de toneladas, según los relevamientos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

Sin embargo, el dinamismo agronómico no se refleja en el mercado. “Los productores comercializaron menos de 200.000 toneladas en la última semana y solo la mitad de la cosecha tiene precio, muy por debajo del promedio histórico del 63%”, indicó Romano. El motivo es claro: el productor argentino espera que la mejora climática se combine con señales más firmes del mercado externo y posibles definiciones cambiarias antes de vender.

La reticencia a cerrar precios anticipados también responde a la experiencia reciente de volatilidad. Con la sequía de 2023 aún fresca en la memoria, muchos productores prefieren consolidar márgenes físicos antes que financieros, priorizando el cuidado del suelo y la logística. De fondo, la posibilidad de un aumento en los costos de transporte y almacenamiento hacia fin de año podría acelerar algunas decisiones, pero el comportamiento general sigue siendo de cautela.

Trigo 2025/26: una campaña con potencial histórico

El trigo argentino vuelve a posicionarse como el emblema de la campaña. Con estimaciones que rondan las 23 millones de toneladas, el país podría igualar su récord histórico y consolidar su papel como uno de los principales exportadores del hemisferio sur.

El 88% del área triguera se encuentra en condición buena o excelente, una cifra que no se veía desde 2017. Las lluvias regulares, la disponibilidad de agua en el perfil y el uso creciente de fertilización balanceada contribuyen a una perspectiva sólida. Sin embargo, el frente sanitario genera preocupación: el exceso de humedad provocó un aumento de plagas y enfermedades foliares, especialmente en el norte bonaerense y el centro santafesino, donde técnicos reportan focos de roya y mancha amarilla.

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En el plano comercial, la situación se enfría. Solo el 7% del trigo 2025/26 fue comprometido en operaciones a futuro, contra un promedio histórico del 22%. “El productor espera mejores precios, pero la cercanía de la cosecha y las necesidades logísticas podrían forzar ventas rápidas”, analizó Romano. El dilema es claro: vender ahora con precios contenidos o esperar una suba que podría no llegar si las exportaciones rusas y australianas mantienen su ritmo actual.

Soja y aceites: un frente activo en medio de la tormenta

La soja argentina muestra una dinámica distinta. La comercialización alcanzó ya el 65% de la producción, doce puntos por encima del promedio histórico, impulsada por una fuerte demanda de exportación. Los precios locales, pese a las retenciones del 26,5%, se mantienen por encima de la capacidad teórica de pago debido al empuje externo y a un tipo de cambio relativamente estable.

Los embarques de septiembre fueron récord y la cola de buques en el Gran Rosario duplica el nivel habitual, reflejo de la alta demanda global. No obstante, los conflictos laborales en el sector aceitero generaron demoras. La conciliación obligatoria permitió destrabar la actividad, aunque Romano advierte que “la tensión sindical persiste y podría volver a afectar el flujo exportador si no se alcanza un acuerdo definitivo”.

En paralelo, el mercado de aceites vegetales mantiene precios firmes. El anuncio del gobierno de Indonesia de elevar la mezcla de biodiésel del 40% al 50% en 2026 implicará un aumento del 33% en la demanda de aceite de palma, lo que podría favorecer indirectamente al aceite de soja argentino. Este movimiento, según Romano, “reconfigura la demanda en Asia y podría sostener los valores en un contexto de abundancia global”.

El conflicto EE.UU.-China altera el tablero mundial

A nivel internacional, la guerra comercial entre Estados Unidos y China se recrudeció con medidas que afectan directamente al comercio de granos. Pekín endureció las regulaciones sobre tierras raras y aplicó sanciones logísticas a navieras estadounidenses, mientras Washington respondió con multas y controles adicionales a buques chinos. Esta escalada complica la reanudación del flujo de soja entre ambos países justo cuando la cosecha norteamericana entra en su punto de máxima presión.

“El descontento de los productores estadounidenses es alto. Se anunció un paquete de ayuda de hasta 15 mil millones de dólares, pero aún no se implementó”, detalló Romano. A la tensión comercial se suma el cierre del gobierno de EE.UU., que paralizó la publicación de reportes oficiales del USDA sobre oferta, demanda y posición de fondos. En ausencia de datos oficiales, los mercados operan a ciegas y se apoyan en estimaciones privadas que indican rendimientos menores a los previstos en soja y maíz.

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En contraste, Brasil aprovecha la coyuntura. El país incrementa sus exportaciones de carne y destina más maíz a la producción de etanol, lo que reduce la presión de su safrinha y mejora la competitividad del maíz argentino tardío. La reorganización del comercio regional, con mayor protagonismo sudamericano, marca una nueva etapa para el agronegocio global.

Un mercado global abundante, pero lleno de señales cruzadas

El panorama del trigo internacional es un ejemplo claro de este nuevo equilibrio. Rusia acelera sus exportaciones con precios agresivos y Australia se prepara para una cosecha abundante. La abundancia global mantiene los valores contenidos, aunque los analistas ya anticipan una reducción del área de siembra en Rusia ante la competencia de oleaginosas más rentables.

En este escenario, Argentina podría ganar participación de mercado si logra sostener su nivel de producción y mantener la calidad exportable. Sin embargo, la estabilidad de precios y las demoras logísticas internas limitan la reacción inmediata. “La campaña será muy buena en volumen, pero los ingresos en divisas dependerán de cuándo y cómo el productor decida vender”, resumió Romano.

El mercado global de granos atraviesa un momento inédito: abundancia en la oferta, demanda firme pero prudente, y decisiones políticas que impactan más que el clima. La combinación de estos factores define un escenario de oportunidades con riesgos, donde la eficiencia logística, la tecnología aplicada y la gestión comercial serán claves para capitalizar los buenos rindes.

Una campaña con récords, cautela y oportunidades

Con trigo y maíz en niveles récord, y una soja que mantiene firme su participación exportadora, Argentina se posiciona nuevamente como un actor relevante en el tablero global de alimentos. Pero la prudencia domina las decisiones: los productores priorizan liquidez, monitorean los costos y esperan un cambio en las condiciones externas antes de cerrar ventas.

La próxima ventana de precios dependerá de tres variables: el clima en el hemisferio norte, el desenlace del conflicto comercial EE.UU.-China, y la capacidad local de ordenar la logística y las exportaciones. Si esos factores se alinean, la campaña 2025/26 podría no solo marcar un récord productivo, sino también consolidar un año clave para el ingreso de divisas al país.

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