Durante años, la cría fue considerada el eslabón más débil de la cadena ganadera. Mientras la agricultura ofrecía mejores márgenes y otras actividades pecuarias capturaban la atención de los inversores, muchos productores veían cómo el negocio de producir terneros quedaba relegado frente a alternativas más rentables.
Hoy la situación cambió de manera drástica. Los criadores atraviesan uno de los momentos más favorables de las últimas dos décadas, impulsados por una combinación poco frecuente de factores que mejoran los ingresos y fortalecen las perspectivas de largo plazo.
Para Javier Martínez del Valle, el fenómeno tiene una explicación sencilla: por primera vez en mucho tiempo, prácticamente todas las variables relevantes juegan a favor del criador.
La vaca mantiene valores históricamente atractivos, el ternero alcanza precios destacados, la demanda de reposición sigue firme y los mercados internacionales continúan traccionando el negocio de la carne argentina.
Ese contexto está generando una consecuencia que no pasaba desapercibida desde hace años: la cría vuelve a ubicarse entre las actividades más rentables de la ganadería nacional.
El ternero dejó de ser el “patito feo” del negocio ganadero
Uno de los cambios más importantes ocurre en el mercado del ternero.
Martínez del Valle recordó que durante mucho tiempo esa categoría quedó rezagada respecto de otros segmentos de la cadena. Sin embargo, el escenario actual muestra una realidad completamente distinta.

La explicación surge de la combinación de dos fenómenos. Por un lado, Argentina registra una menor disponibilidad de terneros como consecuencia de años de estancamiento del stock bovino. Por otro, existe una fuerte demanda de reposición impulsada por productores que buscan recomponer rodeos y aprovechar los buenos precios del ganado.
Hay muchos compradores y pocos terneros disponibles.
Esa relación entre oferta y demanda elevó los valores de la invernada a niveles que superan ampliamente los promedios históricos.
Al mismo tiempo, el criador encuentra otro aliado en el mercado de la vaca. La apertura y consolidación del mercado chino permitió que la vaca de descarte ganara un peso económico cada vez más importante dentro de los establecimientos ganaderos.
Según explicó el dirigente, hace algunos años la venta de vacas viejas tenía una incidencia relativamente baja en el resultado económico de un campo de cría. Actualmente, esa categoría puede representar cerca de un 20 % del margen total de la actividad, una diferencia significativa para cualquier planteo productivo.
La consecuencia es una mejora sustancial en la relación insumo-producto.
Los productores pueden comprar más pasturas, más fertilizantes, más vacunas y más tecnología con la misma cantidad de terneros vendidos, una situación que fortalece las decisiones de inversión y favorece el crecimiento de la actividad.
La oportunidad de recuperar el stock ganadero
El buen momento económico de la cría tiene una implicancia estratégica para toda la cadena cárnica.
Cuando los productores perciben estabilidad y rentabilidad, suelen adoptar decisiones de largo plazo. La principal de ellas es la retención de hembras, una práctica fundamental para aumentar la cantidad de animales disponibles en los años siguientes.
Argentina logró recuperarse parcialmente después de la fuerte liquidación provocada por la sequía, pero todavía se encuentra lejos de los niveles históricos que alguna vez caracterizaron a la ganadería nacional.
Actualmente, el rodeo bovino se ubica en torno a los 50 o 51 millones de cabezas, mientras que el objetivo de muchos analistas es volver a acercarse a las 55 millones de cabezas que supo tener el país.
Para alcanzar esa meta se necesita tiempo, previsibilidad y señales económicas positivas.
La cría es una actividad que requiere paciencia. Desde que una ternera es retenida hasta que se transforma en una vaca productiva y genera nuevos terneros pueden transcurrir varios años.

Por eso, cuando un productor decide guardar hembras, en realidad está apostando a que las condiciones favorables continuarán durante varias campañas.
La retención que hoy comienza a observarse puede transformarse en la base de la próxima expansión ganadera argentina.
China y Estados Unidos impulsan una nueva etapa para la carne argentina
El contexto internacional también aporta razones para el optimismo.
China sigue siendo el principal motor de la demanda mundial de carne vacuna y continúa absorbiendo grandes volúmenes de producción argentina. Pero además aparece un fenómeno nuevo: el crecimiento de una generación de consumidores con mayor poder adquisitivo y hábitos cada vez más occidentales.
Según Martínez del Valle, esos consumidores buscan productos de mejor calidad y muestran una creciente preferencia por cortes premium, una tendencia que beneficia a países exportadores como Argentina.
China no sólo demanda más carne: también demanda mejor carne.
A ese escenario se suma Estados Unidos, donde la reducción de la oferta ganadera elevó los precios internos y abrió nuevas oportunidades para los exportadores argentinos.

La ampliación de los cupos de exportación permite además pensar en una mayor participación de cortes de alto valor, especialmente aquellos vinculados a programas de calidad diferenciada como Angus Certificado y otros esquemas de carne premium.
Lejos de plantear una competencia entre ambos destinos, el dirigente considera que la estrategia debe ser aprovechar todas las oportunidades disponibles.
“El país necesita vender y tenemos que venderle a todo el que nos quiera comprar”, resumió durante la entrevista.
La combinación de demanda internacional, escasez de terneros, precios favorables y mejores relaciones de intercambio está generando un escenario que muchos productores no observaban desde hace años. Y si ese contexto se sostiene en el tiempo, la ganadería argentina podría comenzar una nueva etapa de crecimiento basada en más inversión, más genética y un stock bovino en recuperación.


