Los centros internacionales y los equipos del INTA confirman que un evento de El Niño-Oscilación del Sur está en formación, con más del 80% de probabilidad de consolidarse entre junio y agosto. Este escenario implica una combinación de lluvias y temperaturas por encima de lo normal en muchas zonas del país, aunque su impacto no será homogéneo: dependerá de la región, la intensidad final del fenómeno y las condiciones locales previas. Ante ello, la anticipación y la gestión integrada de recursos son claves para reducir riesgos y aprovechar oportunidades productivas.
Qué esperan los pronósticos
Para el trimestre junio-julio-agosto las previsiones señalan mayor probabilidad de lluvias dentro del rango normal e incluso por encima de los históricos en provincias del centro y del norte del país. En contrapartida, algunas áreas del norte de la región Pampeana y de Cuyo podrían experimentar lluvias normales o por debajo del promedio. En cuanto a temperaturas, el pronóstico indica una tendencia nacional hacia valores superiores a lo habitual durante el trimestre. La evolución hacia una intensidad moderada, fuerte o muy fuerte aún presenta incertidumbre; la determinación dependerá del calentamiento del Pacífico central y de la respuesta de la atmósfera en variables como vientos y nubosidad.
Riesgos hidrológicos y territoriales
El Niño tiende a concentrar excesos hídricos en cuencas y zonas específicas. Grandes sistemas fluviales como los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay podrían aumentar caudal y altura del agua, elevando el riesgo para producciones, comunidades rurales e infraestructuras. Una consolidación temprana del fenómeno en invierno podría provocar lluvias por encima de lo normal en el centro-este de la provincia de Buenos Aires, incluyendo la cuenca del río Salado, con potenciales anegamientos. Por ello, la vigilancia de caudales y la coordinación entre organismos y productores son prioritarias.
Oportunidades productivas y heterogeneidad territorial
A pesar de los riesgos, muchas áreas productivas pueden beneficiarse de condiciones favorables durante El Niño y el período posterior, siempre que se gestionen adecuadamente. En lomas y terrenos bien drenados, las oportunidades para maximizar rendimientos son mayores; en ambientes de media loma conviene elegir cultivos y fechas de siembra que aprovechen la mayor disponibilidad hídrica sin quedar expuestos a encharcamientos prolongados. En zonas bajas y deprimidas la prioridad es prevenir: evitar siembras en sectores anegables, monitorear niveles de napas y disponer de planes para evacuar excedentes hídricos.
Recomendaciones por ambiente productivo
– Zonas bajas y deprimidas: suspender siembras en sectores propensos a anegamiento, controlar napas y planificar traslados de hacienda; implementar medidas sanitarias preventivas en ganadería. – Media loma: seleccionar cultivos y fechas de siembra que aprovechen la humedad sin arriesgar encharcamientos; ajustar manejo de suelos para mejorar infiltración y drenaje. – Lomas y suelos bien drenados: orientar la estrategia hacia el máximo potencial de rendimiento; considerar concentración de hacienda y almacenamiento forrajero en estas áreas seguras. Estas medidas permiten convertir la mayor disponibilidad de agua en ventaja productiva cuando las condiciones lo permiten.
Gestión del agua: convertir una amenaza en recurso
El INTA subraya que el agua que hoy puede percibirse como un problema puede transformarse en un recurso crucial para ciclos futuros si se gestiona correctamente. Reservorios, aguadas, humedales funcionales, almacenamiento de agua en el perfil del suelo y sistematización agrohidrológica de campos y microcuencas son herramientas clave. Estas soluciones no solo ayudan a enfrentar excesos, sino que también permiten acumular agua para mitigar futuros periodos secos. Pensar en cada lote dentro de su paisaje y cada establecimiento dentro de su cuenca resulta fundamental para la sostenibilidad territorial.
Anticipación y planificación: la diferencia entre pérdida y oportunidad
La experiencia con El Niño de años previos (1997/98, 2009/10, 2015/16) muestra que la anticipación cambia el resultado: decisiones preventivas y planificación oportuna pueden evitar daños y capitalizar oportunidades. Preparar cosechas, ajustar fechas de siembra, revisar infraestructura de drenaje, planificar movimientos de hacienda y coordinar sistemas de alerta hidrológica son acciones que reducen la vulnerabilidad. Para productores y gestores, la consigna es clara: planificar con horizonte que exceda la campaña en curso.
Intensidad del fenómeno y factores moduladores
La intensidad de El Niño está ligada al grado de calentamiento del Pacífico en la región monitoreada. Los pronósticos actuales mantienen probabilidades similares de que el evento alcance intensidad moderada, fuerte o muy fuerte, por lo que la incertidumbre perdura. Además, la traducción de intensidad oceánica a impactos en lluvias y temperaturas no es directa: depende de la región, la época del año y de la interacción con otros fenómenos climáticos de escala regional. Conocer cómo respondió cada área en eventos Niño anteriores ayuda a afinar decisiones.
Variables iniciales y la campaña 2026/27
Para la campaña 2026/27, las condiciones iniciales de humedad en los suelos vuelven a ser una variable determinante. Suelos con buena humedad al inicio pueden potenciar rendimientos en presencia de lluvias favorables; por el contrario, suelos secos o compactados pueden limitar respuesta y aumentar riesgos de erosión o escorrentía. Los pronósticos climáticos estacionales, elaborados trimestralmente, son herramientas útiles para ajustar decisiones agronómicas conforme evoluciona el fenómeno.
Mensajes para productores y decisores
– Mantenerse informados: seguir actualizaciones de centros nacionales e internacionales y de servicios climáticos locales. – Priorizar la prevención: identificar sectores vulnerables, asegurar drenaje y planificar traslados de animales si corresponde. – Implementar medidas de almacenamiento de agua y conservar humedad útil del suelo. – Coordinar con autoridades y vecinos para monitoreo de cuencas y sistemas de alerta. – Aprovechar las ventanas de oportunidad en ambientes favorables para optimizar rendimientos.
Conclusión
El panorama sugiere un El Niño con alta probabilidad de establecerse entre junio y agosto, con implicancias variadas según región y ambiente productivo. Riesgos hidrológicos importantes conviven con oportunidades para incrementar producción en áreas bien ubicadas y preparadas. La clave es la anticipación: planificación agronómica, gestión integrada del agua y medidas por ambientes permitirán minimizar daños y aprovechar las ventajas que este ciclo climático puede ofrecer. Mantener la vigilancia y ajustar estrategias conforme se disponga de nueva información será esencial durante la campaña 2026/27.



