Tras los grandes incendios que en los últimos años arrasaron extensas zonas del Bosque Andino Patagónico, investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) y el CONICET analizaron hacia dónde se dirigen los insectos polinizadores y qué papel cumplen los cultivos en la recuperación de esos servicios ecosistémicos. El trabajo, centrado en chacras de frambuesa de la Comarca Andina del Paralelo 42 —una región reconocida por la calidad de sus berries de exportación— muestra que estos campos funcionan como refugio para abejas nativas y otros insectos benéficos tras el paso del fuego.
El estudio se realizó después del megaincendio de Las Golondrinas (marzo de 2021), que afectó cerca de 11.000 hectáreas de bosque nativo en Chubut. Los resultados ofrecen pistas prácticas para productores, gestores territoriales y responsables de políticas públicas sobre cómo integrar la conservación y la producción agrícola en paisajes propensos a incendios.
Diseño del estudio y hallazgos principales
Durante la primavera siguiente al incendio, el equipo muestreó la abundancia y la diversidad de polinizadores en doce chacras de frambuesa sometidas a distinto grado de proximidad al fuego: seis se encontraban a menos de 700 metros de los focos y otras seis a unos 3.000 metros. En las parcelas más cercanas al área quemada se registró alrededor de un 60% más de abejas nativas y escarabajos polinizadores que en las chacras más alejadas.
Aunque la presencia de estos insectos aumentó en las parcelas próximas al siniestro, los rendimientos de fruta no mostraron diferencias apreciables entre ambos grupos de chacras. Según las investigadoras, ese resultado alivió a los productores locales y sugiere que el incremento de polinizadores nativos no perjudica el cultivo, a diferencia de lo que puede ocurrir con densidades muy altas de la abeja de la miel (Apis mellifera), que en ciertos contextos puede dañar flores y disminuir producciones.
Por qué las chacras actúan como refugio
Los autores atribuyen la función refugio de las explotaciones raspberries a varios factores: la alta diversidad floral dentro de los sistemas productivos, la disponibilidad constante de riego que mantiene la humedad del suelo y favorece la floración, y la presencia de vegetación espontánea que surge tras el incendio. En la práctica, muchas chacras combinan frambuesa con otros berries (mora, corinto) y frutales u hortalizas, lo que incrementa la oferta de néctar y polen a lo largo de la temporada.
Además, los escarabajos detectados suelen desempeñar roles de control biológico (depredadores y controladores de plagas), por lo que su concentración en las chacras aporta beneficios adicionales al manejo integrado de plagas.
Manejo agrícola y recomendaciones para productores
Frente a estos hallazgos, las investigadoras recomiendan prácticas concretas que potencien el papel de las chacras como reservorio de biodiversidad sin comprometer la producción:
- Mantener o incorporar franjas florales y bordes sin desmalezar para ofrecer recursos continuos a polinizadores y enemigos naturales.
- Promover la diversidad de cultivos y rotaciones que aumenten la oferta floral a lo largo del año.
- Controlar la densidad de colmenas de Apis mellifera en zonas sensibles para evitar competencia o daños a las flores.
- Optimizar el riego y la gestión del suelo para favorecer la floración y la vegetación espontánea que brinda alimento y refugio.
- Integrar estrategias de monitoreo de insectos benéficos y plagas como parte de un plan de manejo integrado.
Conservación del paisaje y políticas públicas
Las autoras subrayan que el beneficio de las chacras no reemplaza el valor del bosque nativo: los bosques adyacentes son sitios de nidificación y reproducción para muchas especies polinizadoras y sostienen comunidades de insectos que regulan plagas. Por eso proponen una planificación territorial que combine restauración y conservación de bosques con medidas de prevención de incendios y prácticas productivas más resilientes.
En términos de acción pública, el estudio evidencia la necesidad de políticas que articulen prevención del fuego, restauración de hábitats y apoyo técnico a productores para implementar medidas que favorezcan la biodiversidad funcional en paisajes agrícolas.
Conclusión
El trabajo de FAUBA, UNRN y CONICET aporta evidencia local sobre la capacidad de ciertos sistemas agrícolas —en este caso, chacras de frambuesa— para funcionar como refugio temporal de polinizadores y enemigos naturales tras incendios forestales. Esto refuerza la idea de que la gestión productiva y la conservación del bosque pueden y deben integrarse: prácticas agrícolas que favorezcan la diversidad floral y la conectividad con remanentes forestales ayudan a mitigar el impacto de los incendios sobre servicios ecosistémicos clave para la producción.
Para productores y responsables de la gestión territorial, la recomendación es clara: combinar medidas de manejo en campo (franjas florales, control de colmenas, riego eficiente) con políticas de conservación y prevención de incendios para sostener tanto la biodiversidad como la productividad regional.





