Después de años en los que la cría estuvo entre los eslabones más castigados de la cadena, la ganadería argentina atraviesa un escenario que volvió a poner precio sobre cada ternero producido —y también sobre cada ternero perdido—. Esa nueva ecuación comienza a modificar decisiones puertas adentro de los establecimientos.
“Los que estamos en la ganadería siempre soñamos con este presente”, aseguró Diego Latorre, fundador y presidente de Tecnovax. Según su visión, la mejora en los valores de la hacienda volvió a instalar entre los productores una pregunta que había quedado relegada: cuánto más puede producir el mismo rodeo mediante sanidad, manejo y tecnología.
El contexto externo acompaña esa lectura. Durante el primer semestre de 2026, Argentina exportó 411.705 toneladas equivalentes res con hueso, un 10 % más que un año atrás, mientras el valor obtenido creció 44,7 % hasta superar los US$ 2.200 millones, según la Secretaría de Agricultura.
El impulso comenzó antes. Argentina había cerrado 2025 con un récord histórico de ingresos por exportaciones bovinas cercano a US$ 3.700 millones y una fuerte recuperación de los precios internacionales.
El negocio se corrió hacia la cría
“Hoy el negocio pasó a estar del lado de la cría, que fue el sector más castigado en las últimas décadas”, sostuvo Latorre. La contracara aparece en la industria frigorífica, que enfrenta mayores costos de reposición al comprar hacienda más cara y márgenes productivos considerablemente más ajustados.

Ese cambio de precios también altera la predisposición a invertir. Según Latorre, los datos sectoriales muestran un incremento importante en la utilización de insumos veterinarios y, detrás de esa recuperación, una lógica sencilla: cuando cada ternero tiene más valor, prevenir una pérdida también vale más.
“El productor ve un horizonte de precios, tiene una realidad buena y quiere invertir, trabajar más”, explicó. La escena que describe ya puede observarse en campos donde aparecen protocolos de atención neonatal, productos de rehidratación, calostro, medicamentos y vehículos preparados para asistir terneros durante la época de parición.
El problema que empieza antes del nacimiento
Para Latorre, el gran salto pendiente no depende únicamente de agregar vientres. Argentina todavía tiene un margen enorme para aumentar la cantidad de terneros obtenidos sobre el rodeo de madres existente.
“Idealmente la vaca puede tener un ternero por año; en Argentina sacamos 0,6 terneros por vaca por año”, señaló durante la entrevista. También remarcó la enorme heterogeneidad interna: mientras algunos establecimientos consiguen índices superiores al 90 %, otros permanecen por debajo del 50 %.
Dentro de ese problema, las pérdidas reproductivas ocupan un lugar central. “Uno de cada tres terneros no nace en la Argentina”, afirmó Latorre, quien vinculó una parte de esas fallas con enfermedades infecciosas que pueden abordarse mediante diagnóstico, vacunación, eliminación de animales positivos y mejores prácticas de manejo.
El clima agrega otra capa de complejidad. Una vaca que llega al servicio con buena condición corporal y en ganancia de peso tiene mayores probabilidades de preñarse, pero las situaciones productivas son muy diferentes entre la Pampa Húmeda, los Bajos Submeridionales, Corrientes o las regiones del norte afectadas por garrapata.
“No es solamente la vacuna”, remarcó Latorre. Sanidad, nutrición, diagnóstico, manejo del rodeo y capacitación del personal forman parte de un mismo sistema productivo.
“Nunca fue más barata la sanidad”
La relación entre el costo veterinario y el valor del animal aparece entonces como uno de los grandes cambios del ciclo actual. “Creo que nunca fue más barata la sanidad que en este momento; en la relación insumo-producto es realmente muy baja respecto del precio que tiene la carne o los animales”, señaló.

Latorre recurrió para explicarlo a una conocida frase atribuida al premio Nobel argentino Bernardo Houssay: “Si creen que la ciencia es cara, prueben con la ignorancia”. Pero inmediatamente planteó una salvedad: cada establecimiento tiene una situación financiera, productiva y cultural diferente, y las decisiones deben mirarse dentro de ese contexto.
El verdadero desafío, sostuvo, aparece cuando se intenta pasar de índices reproductivos del 60 % a niveles cercanos al 90 %. “Es una ingeniería de procesos importante donde los insumos, la tecnología, el alimento, el manejo y la capacitación del personal son muy importantes”.
Después del nacimiento llegan otros riesgos. La diarrea neonatal constituye uno de los principales problemas de las primeras semanas de vida, mientras que las enfermedades respiratorias ganan relevancia después del destete y durante las etapas de recría y engorde.
Producir más carne sin depender solamente de más vacas
El contexto exportador vuelve especialmente estratégica esa búsqueda de eficiencia. En mayo de 2026, el peso promedio de faena llegó a 240 kilos por res, el mayor registro mensual en más de tres décadas, mientras que durante los primeros cinco meses del año promedió 236 kilos, seis más que en igual período de 2025.
Latorre mira allí uno de los grandes desafíos estructurales de la Argentina. “La gran deuda pendiente de la ganadería, además de aumentar probablemente el stock, es mejorar la eficiencia productiva”, afirmó.
El empresario tomó a Estados Unidos como referencia por su capacidad para producir mucha más carne por vaca que décadas atrás. Más allá de las diferencias entre sistemas productivos, el concepto plantea un cambio importante: crecer no significa solamente acumular cabezas, sino conseguir más terneros, más kilos y menos pérdidas con el rodeo disponible.
La demanda internacional también ofrece motivos para mirar el negocio con otra perspectiva. Entre enero y junio de 2026, el valor de las exportaciones argentinas de carne creció casi 45 %, con China como principal destino, seguida por Estados Unidos, Israel y la Unión Europea.
“Estoy absolutamente convencido de que el precio de la carne en Argentina va a ser muy bueno por muchos años”, proyectó Latorre, aunque condicionó ese escenario a que no reaparezcan restricciones capaces de desacoplar nuevamente el mercado local del internacional.
En ese escenario, el próximo salto de la ganadería argentina podría empezar mucho antes del frigorífico: en la vaca que queda preñada, en el ternero que logra nacer y en el animal que consigue atravesar sano sus primeras etapas productivas.




