Girasol, colza y carinata: Mariano Gómez explica por qué diversificar puede mejorar la rotación

El gerente de Desarrollo de Nufarm vinculó la recuperación del girasol con genética y mercado. También destacó el espacio que encuentran las oleaginosas de invierno asociadas a nuevos destinos industriales.

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El regreso del girasol a un lugar más destacado en las decisiones de siembra no se explica solamente por una mejora de precios. Mariano Gómez, gerente de Desarrollo de Nufarm, sostuvo que el cultivo encontró una oportunidad de mercado con una genética que siguió evolucionando cuando había perdido protagonismo. Esa combinación amplió sus posibilidades de adaptación y su competencia dentro de la rotación.

En diálogo con Daniel Aprile en Palabra de Campo, el especialista también destacó el crecimiento de colza y carinata. Para esos cultivos, vinculados con nuevas demandas industriales y biocombustibles, identificó una condición decisiva: que el productor encuentre un mercado claro y aprenda un manejo que permita sostener la producción en su ambiente.

“El girasol ha tenido un desarrollo desde lo genético”, afirmó. Su análisis combina tolerancia a enfermedades, contenido de materia grasa y adaptación a regiones distintas. La diversificación aparece como una forma de repartir momentos críticos y construir alternativas, no como la sustitución automática de un cultivo por otro en cualquier lote.

La mejora genética encontró su oportunidad comercial

Gómez recordó que, durante el avance de la soja, parte del girasol quedó relegada a ambientes más complicados. Aun así, señaló que las empresas mantuvieron programas de desarrollo. Cuando cambiaron las condiciones de los mercados de aceites, esa continuidad permitió ofrecer híbridos con nuevas características.

El especialista destacó la amplitud geográfica del cultivo, desde zonas del norte hasta el sudeste bonaerense. Esa plasticidad no significa que se utilice la misma estrategia en todos los lugares. Permite contar con alternativas que después deben ajustarse mediante ciclo, densidad, fecha de siembra y características del lote.

“El mismo girasol se siembra en Tucumán, Salta, Santiago del Estero, Chaco, y lo estamos sembrando en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, y funciona”, señaló. La observación apunta a la adaptación de los materiales y al trabajo de manejo que permite incorporarlos en sistemas diferentes.

La materia grasa también forma parte del resultado

Gómez explicó que el margen del girasol necesita considerar la calidad comercial además de los kilos cosechados. Mencionó contenidos de materia grasa elevados en híbridos nuevos y el efecto que las bonificaciones pueden tener sobre el ingreso. Los ejemplos citados en la conversación corresponden a su evaluación técnica y comercial, no a un resultado garantizado.

Una bonificación modifica el valor liquidado, pero no convierte físicamente el rendimiento en una cantidad mayor de grano. La distinción importa al comparar alternativas. El cálculo debe hacerse con las condiciones de comercialización aplicables, el rendimiento esperado y todos los costos del sistema.

El cultivo también puede liberar el lote para otro planteo. Gómez valoró la posibilidad de preparar una secuencia posterior con cultivos de invierno, de acuerdo con la zona y la fecha de cosecha. Esa integración permite mirar el margen de la rotación, además del resultado aislado del girasol.

Sanidad y manejo acompañan a la semilla

El entrevistado destacó los avances en tolerancias a enfermedades, aunque recordó que la biología cambia y obliga a seguir trabajando. Mencionó problemas sanitarios distintos según las regiones y la necesidad de combinar genética con fertilización, monitoreo y tratamientos cuando correspondan.

“Es biología y está todo el tiempo todo esto cambiando”, afirmó. La frase evita pensar una mejora genética como una solución definitiva. El comportamiento de una enfermedad, la aparición de nuevas razas y las condiciones del ambiente pueden modificar la respuesta que se observó en campañas anteriores.

También señaló que los excesos de agua de una región pueden coexistir con faltantes en otra. Por eso propuso distribuir riesgos mediante cultivos que atraviesan sus períodos críticos en momentos diferentes. La planificación necesita una lectura local y no puede basarse solamente en el nombre de un fenómeno climático.

Las brásicas buscan un lugar propio

La conversación se amplió a Mundo Brassicas, el encuentro que reunió genética, manejo, experiencias productivas y mercado. Gómez valoró la participación de técnicos, productores y exportadores, junto con el intercambio de información regional. La adopción de un cultivo requiere que esas partes funcionen de manera coordinada.

Colza y carinata ofrecen alternativas para determinadas ventanas de invierno. El especialista vinculó su interés con la demanda asociada a biocombustibles y con inversiones para recibir y comercializar el grano. La oportunidad depende tanto del desempeño en el lote como de contar con compradores y condiciones que el productor pueda conocer antes de sembrar.

“No ha crecido más porque obviamente no ha habido el mercado”, sostuvo al revisar los obstáculos de otros años. Su lectura es que una mayor claridad comercial permite evaluar mejor la incorporación del cultivo. Ese cambio no elimina la necesidad de revisar contratos, calidad requerida y condiciones de entrega en cada negocio.

Aprender el cultivo y ajustar la fecha

Gómez identificó la decisión y el aprendizaje del productor como factores que condicionan el avance. Describió experiencias en regiones donde antes parecía menos probable incorporar estas oleaginosas y destacó que ciclo y fecha de siembra influyen sobre la estructura que logra construir la planta.

No corresponde convertir las ventanas mencionadas en la entrevista en un calendario único para todo el país. El propio especialista diferenció materiales y regiones. La recomendación agronómica requiere ubicar cada alternativa en el ambiente, revisar disponibilidad de agua y considerar cómo se enlaza con el cultivo siguiente.

La diversificación no consiste en sumar superficie sin evaluar restricciones. También demanda conocer cosecha, logística, comercialización y manejo sanitario. La experiencia de otros productores ayuda, pero debe compararse con las condiciones del establecimiento donde se busca incorporar la práctica.

La rotación deja efectos que duran más de una campaña

El especialista destacó el aporte de raíces y rastrojos de las brásicas y su efecto sobre la estructura del suelo. Describió observaciones en calicatas y señaló que parte de esos beneficios se percibe en el cultivo siguiente. Es una razón para evaluar la secuencia con un horizonte que supere una sola cosecha.

“Carinata en su momento nació como un cultivo de cobertura con renta”, recordó. En su mirada, el desarrollo comercial reforzó el interés por el grano sin quitar relevancia a la función dentro del sistema. La magnitud de esos aportes depende del crecimiento logrado y del manejo de cada ambiente.

Su mensaje fue sostener la rotación y explorar alternativas con información técnica y comercial. El girasol muestra cómo una mejora genética puede encontrar una oportunidad de mercado; colza y carinata buscan consolidar otro espacio. Para el productor, el desafío es integrar esas opciones con el objetivo de producir con mayor eficiencia y distribuir mejor sus riesgos.

Fuente: entrevista de Daniel Aprile a Mariano Gómez en Palabra de Campo, Radio Splendid AM 990.

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