Inundaciones en Entre Ríos: Bahillo propone alivio fiscal y crédito para evitar ventas forzosas

El exministro señaló la exposición de la ganadería en campos bajos e islas del Paraná. Pidió herramientas para retener hacienda y preservar los ciclos productivos mientras dure la emergencia.

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La asistencia a un productor afectado por una inundación no se limita a sacar los animales del agua. También necesita resolver dónde mantenerlos, cómo alimentarlos y con qué recursos evitar una venta que desarme el proceso productivo. Juan José Bahillo propuso abordar ese problema con alivio fiscal y financiamiento destinado a preservar la hacienda durante la emergencia.

En diálogo con Daniel Aprile en Palabra de Campo, el exministro de Producción de Entre Ríos y exsecretario de Agricultura de la Nación describió la exposición de los campos bajos, semibajos e islas de pastoreo del Paraná. “Para la ganadería es un año muy complicado, sobre todo para la zona de nuestra provincia”, afirmó.

Su planteo se concentra en una diferencia económica: una venta por necesidad climática no tiene el mismo significado que una decisión comercial tomada libremente. Por eso pidió analizar instrumentos que contemplen el origen forzoso de esa operación y herramientas que permitan sostener animales hasta que mejoren las condiciones.

El problema recorre el corredor del Paraná

Bahillo ubicó las zonas de mayor exposición ganadera desde el departamento La Paz, al norte entrerriano, hasta el sur provincial. Señaló que algunas islas pertenecen a la jurisdicción santafesina, aunque son utilizadas por productores entrerrianos. Esa combinación vuelve importante coordinar la respuesta más allá de los límites administrativos.

Durante la entrevista estimó que alrededor de 600.000 cabezas podían verse seriamente afectadas en esos ambientes. La cifra corresponde a su evaluación de la hacienda expuesta y no debe confundirse con un recuento de animales muertos o de pérdidas ya verificadas. El impacto final depende de la evolución del agua y de las medidas que logre tomar cada establecimiento.

El exfuncionario destacó que la información disponible permitió a parte de los productores prepararse antes que en otras emergencias. Buscar campos altos, comprar reservas y organizar movimientos son decisiones que pueden reducir el riesgo. Sin embargo, todas requieren recursos y alternativas concretas donde ubicar la hacienda.

La venta forzosa plantea una situación distinta

Bahillo sostuvo que una concentración de ventas en una ventana corta puede deteriorar los precios regionales. También puede ocurrir que no aparezca un comprador en condiciones de absorber la oferta, porque la limitación de superficies seguras alcanza a muchos establecimientos al mismo tiempo. El problema no termina con decidir vender.

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“Ahí no hay una ganancia, no hay una decisión de libre albedrío para realizar una venta”, explicó al plantear su propuesta tributaria. Se refería a operaciones obligadas por el avance del agua, realizadas para evitar una pérdida mayor. A su entender, el tratamiento fiscal debería reconocer esa circunstancia excepcional.

El exsecretario propuso evaluar que esas ventas no se computen del modo habitual al calcular obligaciones posteriores. Se trata de una iniciativa expresada en la entrevista, no del anuncio de un beneficio nuevo ni de una instrucción para liquidar impuestos. Su eventual aplicación requiere decisiones de las autoridades y el encuadre correspondiente.

Crédito para sostener animales y procesos

La otra herramienta que mencionó fue el financiamiento, mediante bancos oficiales o mecanismos de subsidio de tasas. El destino sería facilitar la retención de hacienda cuando esa opción sea productivamente viable. Traslado, alimentación y permanencia en un campo alternativo generan gastos adicionales antes de que llegue una venta.

“Siempre es mejor retener y no interrumpir los ciclos productivos”, sostuvo. El planteo reconoce que recomponer una cadena ganadera requiere dinero y tiempo. Una salida urgente puede cortar etapas de cría, recría o engorde cuya recuperación no ocurre apenas desciende el nivel del río.

Retener no es una respuesta automática para cualquier situación. Necesita una superficie segura, disponibilidad de alimento y capacidad de manejo. La propuesta de Bahillo apunta a que la falta de liquidez no sea el único factor que fuerce a desprenderse de animales cuando existen condiciones para sostenerlos.

También pidió revisar los vencimientos rurales

Entre las alternativas de asistencia incluyó una prórroga del impuesto inmobiliario rural. Admitió que su incidencia puede resultar menor frente a otros costos, pero consideró que ayudaría a aliviar compromisos durante el período de mayor presión financiera. Su enfoque es sumar instrumentos adaptados al problema concreto.

“Siempre se puede hacer algo”, respondió al ser consultado por el margen de acción del Estado. En esa definición reunió medidas tributarias y crediticias que permitan acompañar al productor sin esperar a conocer el balance definitivo de pérdidas. La oportunidad de la respuesta forma parte de su utilidad.

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Bahillo fue crítico del Gobierno al considerar insuficiente la asistencia. Esa evaluación corresponde a su posición política y productiva. Lo central de las propuestas es que distinguen una urgencia climática de un deterioro ordinario del negocio y buscan evitar que una emergencia temporal se convierta en una reducción permanente de capacidad.

El agua afecta de manera diferente a cada actividad

El exministro separó el impacto sobre la ganadería del que observa en la agricultura. Mientras los campos bajos enfrentan anegamientos, un mejor aporte hídrico puede elevar las perspectivas de cultivos en otras zonas. Aun allí, señaló dificultades para encontrar ventanas de siembra, fertilización o aplicación de tratamientos.

En la costa del Uruguay puso el foco en el turismo y los espacios ribereños. Aclaró que la afectación de playas, complejos o paseos no implica necesariamente que el agua ingrese a todas las áreas urbanas. La precisión es importante para describir daños sin generalizar una situación a toda la provincia.

Esa diversidad también condiciona la asistencia. Una herramienta diseñada para un productor ganadero de islas no resuelve por sí sola las necesidades de otra actividad. La respuesta necesita identificar qué se perdió, qué se puede preservar y cuánto tiempo demandará recuperar el funcionamiento habitual.

Preservar la continuidad después de la emergencia

El planteo de Bahillo apunta a sostener la estructura productiva mientras pasa el episodio crítico. Para una empresa ganadera, salvar animales es el primer paso, pero también importa mantener las condiciones que permiten convertirlos en producción futura. Reservas, campos receptores y acceso a crédito son parte de esa continuidad.

Su propuesta deja una pregunta concreta para la política pública: cómo evitar que un productor venda por falta de alternativas cuando todavía es posible preservar el ciclo. La magnitud final de los daños dependerá del clima, pero el costo económico también estará condicionado por la capacidad de anticipar y acompañar las decisiones.

Fuente: entrevista de Daniel Aprile en Palabra de Campo, Radio Splendid AM 990.

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