Saber que viene una crecida no significa tener los medios para salir de su recorrido. En el este del Chaco, los productores que cuentan con campos alternativos y recursos pueden anticipar el traslado de hacienda. Para otros, la falta de tierra alta, el costo del transporte y la necesidad de no malvender los animales convierten la decisión en una carrera contra el agua.
Marcelo Repetto, productor ganadero y exministro de Producción provincial, describió ese contraste en Palabra de Campo. En diálogo con Daniel Aprile, explicó que la emergencia golpea especialmente a establecimientos pequeños y que la duración de los anegamientos puede condicionar la recuperación mucho después de evacuado el rodeo.
“Los últimos a moverse son aquellos pequeños productores”, sostuvo. La demora, según su diagnóstico, no responde solamente a desatender un aviso. Muchas veces expresa la ausencia de alternativas económicas para alquilar otro campo o sostener los animales durante un período cuya extensión todavía no se conoce.
La ganadería del este, bajo presión
Repetto ubicó las mayores dificultades en los departamentos cercanos al Paraná. Mencionó zonas de Puerto Tirol, Barranqueras, Isla del Cerrito, Colonia Benítez y Margarita Belén, donde conviven ganadería de pequeña escala, actividades de subsistencia y establecimientos de mayor tamaño. La estructura de cada empresa modifica su capacidad de respuesta.
Relató movimientos de hacienda hacia sectores altos y situaciones de traslado en condiciones difíciles. Son imágenes que muestran la urgencia, aunque no permiten evaluar por sí solas cuántos productores lograron anticiparse. Su testimonio distingue entre quienes organizaron la salida con tiempo y quienes llegaron a la emergencia con menos herramientas.
El aislamiento también agrega incertidumbre sobre las viviendas y los bienes. Repetto señaló que algunas familias resisten la salida por temor a dejar sus casas y sus campos expuestos a robos. Esa preocupación vincula la emergencia productiva con una dimensión cotidiana que no se resuelve únicamente con transporte para los animales.
Un cuello de botella económico
“Hasta los últimos lamentablemente para salir, porque no tienen los recursos, no consiguen campos de altura para ir”, explicó. A esas limitaciones se suma el riesgo de vender en un momento desfavorable. El productor intenta preservar su capital, pero el tiempo disponible se acorta cuando aumenta el nivel del agua.
La demanda simultánea de campos receptores puede encarecer los alquileres. Repetto advirtió que algunos valores superan lo que considera normal o razonable. La negociación ocurre cuando muchos establecimientos necesitan una solución parecida y la oferta de superficies seguras es limitada.
Por eso, conocer el pronóstico es una condición importante, pero no suficiente. La posibilidad de actuar depende de liquidez, acceso a información y disponibilidad física de un destino. La emergencia revela diferencias previas entre productores que cuentan con una red de alternativas y otros que dependen de un único establecimiento.
En la misma provincia también falta lluvia
Uno de los contrastes más importantes de la entrevista fue la coexistencia de inundaciones con déficit hídrico. Repetto explicó que el centro, el norte y distintas áreas agrícolas del oeste y sudoeste no necesariamente reciben el agua que necesitan. La crecida del Paraná no describe el estado de todos los lotes chaqueños.
“Hoy el Chaco está dividido prácticamente en tres zonas”, resumió. En su descripción, el este soporta el avance del río, mientras otras regiones requieren precipitaciones para sostener girasol, completar la campaña de trigo o definir decisiones vinculadas con soja y algodón.
La diferencia evita una lectura simplificada del fenómeno climático. Una provincia puede tener animales evacuados por exceso de agua y, al mismo tiempo, productores agrícolas preocupados por la falta de humedad. El manejo y la asistencia necesitan reconocer esos ambientes en lugar de aplicar una misma interpretación territorial.
Los remates como alternativa para establecimientos pequeños
Repetto mencionó el programa provincial de remates de pequeños productores y explicó que la bonificación del flete y de las comisiones de consignación puede facilitar la comercialización. Citó una experiencia en Fuerte Esperanza, dentro del Impenetrable, como parte de las herramientas que conoce en funcionamiento.
“Les bonifican el flete y las comisiones de la consignataria”, indicó. El beneficio reduce gastos de la venta, aunque no elimina el costo económico de desprenderse de hacienda. Para quien necesita mover animales y carece de un campo receptor, puede convertirse en una alternativa frente a una operación individual más difícil.
También valoró la formación visible del precio en un remate feria. Su observación no implica que todos los lotes obtengan los mismos valores que en grandes concentraciones, sino que el mecanismo permite una comercialización organizada. La asistencia y la transparencia pueden mejorar las condiciones de una decisión forzada.
Ordenar movimientos sin perder capacidad de respuesta
El productor informó que desde las entidades pedían una reunión de la Comisión Provincial de Sanidad Animal, Coprosa, para conocer las acciones previstas. El traslado de hacienda durante una emergencia exige coordinar controles, documentación y necesidades sanitarias con la urgencia de preservar los rodeos.
Repetto mencionó la participación del Senasa y de la Policía del Chaco en los movimientos. Su planteo fue que los organismos acompañen la regularización de situaciones extraordinarias, sin suponer que la emergencia convierte en innecesarios los registros o las condiciones sanitarias. La coordinación ayuda a evitar que el traslado abra nuevos problemas.
La información entre productores, entidades y autoridades es parte de ese trabajo. Permite conocer dónde hay capacidad de recepción y qué trámites corresponden, además de identificar necesidades que un establecimiento aislado no puede resolver por sí solo.
La preocupación que continúa después de la crecida
Para Repetto, una de las variables decisivas es cuánto tiempo permanece el agua. Si la inundación atraviesa el verano y limita la recuperación de pasturas, el problema puede prolongarse hacia el otoño. En ese caso, volver a un campo no significa encontrar de inmediato alimento suficiente para la hacienda.
“Ahí vamos a estar en un problema más grave todavía”, advirtió sobre ese escenario. La frase es una advertencia condicionada a la duración del evento, no una pérdida ya confirmada para todos los establecimientos. Su testimonio muestra que la respuesta debe contemplar tanto la salida urgente como la posibilidad de sostener la producción después del agua.
Fuente: entrevista de Daniel Aprile en Palabra de Campo, Radio Splendid AM 990.



