El girasol volvió a escena en la Argentina con una fuerza que no se veía desde hace años, impulsado por cambios globales y por un salto tecnológico que empieza a modificar las decisiones productivas. En ese nuevo contexto, las empresas de semillas advierten que el crecimiento del cultivo viene acompañado por desafíos más exigentes, donde ya no alcanza con sembrar más superficie sino que resulta clave sostener rendimiento y estabilidad.
En ese escenario, busca posicionarse como uno de los actores centrales, apoyado en programas de mejoramiento local y en una estrategia que combina adaptación, sanidad y performance en distintos ambientes productivos.
Un cultivo que vuelve a crecer, pero con nuevas exigencias

El resurgimiento del girasol no responde a una única variable, sino a una combinación de factores que cambiaron la ecuación productiva en los últimos años. El conflicto entre Rusia y Ucrania alteró el mercado global de aceites y generó un reposicionamiento del cultivo, que volvió a ser competitivo en distintas regiones del país.
“Volver a tener un cultivo de potencial, con una genética de élite y un nivel de investigación tan grande como el que tiene la Argentina es muy importante, y es algo que ganamos y que no vamos a volver a perder”, explicó Diego Alonso, gerente comercial de Limagrain.
El impacto fue inmediato en la superficie sembrada, que pasó de alrededor de 1,5 millones de hectáreas a superar los 2 millones en pocas campañas, con un fuerte protagonismo del norte argentino. A la par, comenzó a observarse un recambio generacional, con técnicos jóvenes que vuelven al cultivo en busca de diversificación y nuevas oportunidades productivas.
Más área, más enfermedades y una competencia tecnológica más intensa

El crecimiento del área trajo consigo un efecto colateral que empieza a preocupar a las empresas del sector: el aumento de la presión sanitaria sobre los cultivos. Enfermedades que habían perdido relevancia volvieron a aparecer con fuerza, obligando a replantear estrategias de manejo y a acelerar los programas de mejoramiento.
“El productor sigue mirando rendimiento y estabilidad, pero estabilidad no es solo rendimiento sino que el cultivo soporte excesos hídricos, golpes de calor o sequía sin derrumbarse y mantenga un piso alto”, señaló Alonso.
En ese marco, la genética desarrollada en Argentina cobra un valor diferencial, ya que permite adaptar los híbridos a condiciones productivas específicas y a un esquema donde el negocio se mide en contenido de aceite. “La Argentina mide aceite y no solo grano, por eso es clave que los híbridos sean concebidos acá”, remarcó el ejecutivo.
La reaparición de enfermedades como la fomopsis y la llegada de la roya negra al sudeste bonaerense refuerzan esta tendencia, ya que en muchos casos no existen soluciones químicas eficaces y la respuesta depende directamente de la genética.
El mapa productivo cambia y abre nuevas oportunidades

El avance del girasol no se distribuye de manera homogénea, sino que responde a dinámicas regionales que combinan clima, tecnología y márgenes económicos. En ese esquema, el norte argentino aparece como el gran motor de expansión reciente, aunque con una dependencia marcada de las lluvias invernales.
“Chaco pasó de 150 mil hectáreas a más de 400 mil en una campaña, lo que muestra el potencial pero también la volatilidad del sistema”, explicó Alonso.
Al mismo tiempo, otras regiones comienzan a consolidar un crecimiento más estable, especialmente en el oeste productivo, donde el girasol se integra a planteos mixtos y gana espacio frente a otros cultivos. El sur de Córdoba, San Luis y el sudeste bonaerense aparecen como zonas donde el cultivo no solo crece, sino que se afianza con mayor previsibilidad.
El congreso de ASAGIR, una señal del nuevo momento del cultivo
El próximo congreso de ASAGIR en Mar del Plata se presenta como un punto de encuentro clave para toda la cadena, en un contexto donde el girasol vuelve a ocupar un lugar estratégico dentro de los sistemas productivos. Allí, empresas como Limagrain buscarán mostrar avances en genética y posicionarse frente a los nuevos desafíos del cultivo.
“Queremos mostrar lo que venimos haciendo y lo que vamos a lanzar en el corto y mediano plazo, porque creemos que el girasol tiene un recorrido muy importante por delante en la Argentina”, anticipó Alonso.
Un cultivo que vuelve, pero con reglas más exigentes
El girasol dejó de ser una opción marginal para ambientes restrictivos y empieza a disputar superficie en los mejores planteos agrícolas, impulsado por un contexto internacional favorable y por una base tecnológica mucho más robusta. Sin embargo, este regreso no está exento de complejidad, ya que el aumento del área y la presión sanitaria obligan a tomar decisiones más precisas.
Con un escenario climático que podría jugar a favor y con regiones que buscan recuperar estabilidad productiva, el cultivo entra en una etapa donde la diferencia estará en la capacidad de capturar valor a través de genética, manejo y adaptación. “Si el invierno acompaña, el norte vuelve a ser una gran apuesta”, concluyó Alonso.





