Baja de retenciones impulsa trigo y compensa casi totalmente suba de urea y gasoil

El presidente Javier Milei anunció en el 172° aniversario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires una nueva reducción de las retenciones que afectan a los principales granos, un anuncio que generó reacciones inmediatas en el sector agroindustrial. La medida puntualiza dos cambios principales: la baja de la alícuota para trigo y cebada del 7,5% al 5,5% y una reducción gradual para la soja, que se aplicará entre 0,25% y 0,50% por mes a partir de enero de 2027, condicionada a la evolución de la recaudación fiscal.

Reacción del campo y del sector agroindustrial
Las declaraciones del Presidente fueron recibidas con sorpresa y expectativa por productores, cooperativas y cámaras vinculadas al agro. Desde la Bolsa de Cereales y organizaciones como Coninagro destacaron el “mensaje” político y la señal de respaldo a la producción, un aspecto valorado por entidades que vienen reclamando una menor presión fiscal sobre las exportaciones agrícolas.

Coninagro: impacto sobre la siembra y la rentabilidad
La Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro) analizó el efecto de la baja de retenciones sobre la campaña y aseguró que la medida puede contribuir a recuperar superficie sembrada de trigo, amenazada por la fuerte suba de costos en insumos como urea y gasoil, un fenómeno ligado también al conflicto en Medio Oriente.

Según los cálculos difundidos por Coninagro:
– Con un precio FOB estimado de trigo a cosecha de 250 dólares por tonelada, la reducción de la alícuota representa aproximadamente 6,25 dólares adicionales de poder de pago para la exportación por tonelada.
– Sumando la mejora de unos 20 dólares por tonelada en precios internacionales respecto al año anterior, el productor lograría compensar casi por completo el aumento de costos estimado en cerca de 110 dólares por hectárea, derivado del encarecimiento de fertilizantes y combustibles.
– La entidad subrayó que, aunque la reducción no cambie radicalmente la ecuación de márgenes productivos, sí constituye “una inversión de rápido recupero” que puede impulsar la siembra y mejorar la rentabilidad en el corto plazo.

Impacto en la superficie sembrada y previsiones
Coninagro proyecta que la medida podrá incidir directamente en las decisiones de siembra para la campaña fina, ayudando a revertir la caída de área que las bolsas de cereales venían estimando en rangos que van de 200.000 a 500.000 hectáreas. La entidad afirmó que la reducción se repaga rápidamente, dado que una menor presión tributaria sobre las exportaciones favorece la competitividad y la dinámica productiva.

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Evaluación fiscal: alcance y límites
Desde el punto de vista del fisco, Coninagro estimó que el impacto fiscal será moderado. Los números oficiales de la entidad hablan de un efecto aproximado de 30 millones de dólares para lo que resta de la campaña actual (con repercusión en 2026) y de entre 50 y 60 millones de dólares para la campaña que comenzará y afectará al ejercicio 2027. Por esto, la organización sostiene que la baja de retenciones no debe considerarse únicamente un costo fiscal sino una inversión con retorno a corto plazo en términos de mayor producción y actividad económica.

Soja: reducción gradual y expectativa del sector
La otra pata del anuncio, referida a la soja, plantea una baja escalonada de entre 0,25% y 0,50% mensual a partir de enero de 2027, sujeta a la evolución de la recaudación. Coninagro señaló que, aunque hubiera preferido plazos más acelerados, valora que el Gobierno haya fijado un horizonte de certidumbre para la producción agropecuaria y agroindustrial. Ese calendario flexible otorga previsibilidad pero plantea expectativas sobre la rapidez del alivio tributario.

Maíz y otros cultivos: la espera por un tratamiento similar
Si bien el anuncio no incluyó medidas específicas para otros cultivos clave de rotación, como el maíz, desde Coninagro y distintos actores del sector se da por sentado que el gobierno podría extender un tratamiento equivalente al de la soja en próximos pasos. Esa ampliación sería relevante para asegurar la sustentabilidad de los esquemas de siembra y la continuidad de paquetes agrícolas que sostienen la producción nacional.

Mensajes políticos y económicos
Más allá de los números, el sector valoró el gesto político de desgravación parcial, que confirma una orientación del Ejecutivo hacia la reducción de tributos sobre la exportación agrícola. En un contexto en el que los costos de producción han aumentado significativamente, la señal del Gobierno busca recuperar competitividad externa y estimular la actividad del complejo agroindustrial.

Efectos esperados a corto y mediano plazo
En el corto plazo, la reducción de retenciones sobre trigo y cebada debería traducirse en un mayor incentivo para la siembra de fina, una mejora en el cashflow de productores y cooperativas, y una leve mejora en el precio recibido por exportadores y agricultores. A mediano plazo, si la disminución de impuestos se mantiene o se amplía, el objetivo es incrementar la producción y las exportaciones, con el consiguiente dinamismo en la cadena de valor agroindustrial.

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Riesgos y condicionantes
Las mejoras proyectadas dependen de factores externos y locales: el comportamiento de los precios internacionales, la evolución del conflicto internacional que ha tensionado costos de fertilizantes, las condiciones climáticas para las campañas y la propia recaudación fiscal que condiciona la implementación de las rebajas en la soja. Además, la incidencia real sobre la rentabilidad dependerá de que la reducción llegue efectivamente al bolsillo del productor y no se diluya en la cadena comercial.

Conclusión
El anuncio de Milei sobre la baja de retenciones para trigo, cebada y la reducción gradual para la soja fue recibido por el sector agroindustrial como una señal positiva que puede favorecer la recuperación de superficie sembrada y aliviar la presión sobre márgenes ajustados por el encarecimiento de insumos. Coninagro lo caracteriza como una inversión de rápido recupero, con un impacto fiscal acotado según sus estimaciones, y plantea expectativas sobre una pronta extensión de medidas a otros cultivos de rotación como el maíz. En definitiva, la medida abre una ventana de certidumbre que el agro espera traduzca en mayor actividad, producción y competitividad exportadora, aunque su impacto final dependerá de la evolución de precios internacionales, costos y de la implementación efectiva de las reducciones anunciadas.

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