En el encuentro anual Revolución Comigo, organizado por Sigma Agro junto a su red de distribuidores, se desarrolló el panel “Volver a hacer agronomía agregando valor”, con la participación de Lisandro Guerrieri, gerente de Marketing y Desarrollo de Sigma Agro, y Bernardita Fracalossi, líder de negocio de Betta Bio. La charla puso en foco los desafíos actuales del productor argentino y las tendencias que están transformando el manejo sanitario y tecnológico del agro: manejo de malezas resistentes, adopción de bioinsumos, precisión en las decisiones y la creciente importancia de la gestión integral de los sistemas productivos.
Transformación del modelo: del producto al manejo
Ambos panelistas coincidieron en que el diferencial ya no es sólo el producto químico o la molécula, sino la calidad del manejo agronómico. Hoy se demanda sistemas más estables, eficientes y rentables en sentido integral. Eso implica ampliar la mirada hacia la biología del suelo, la fisiología vegetal, la trazabilidad de la producción y la evaluación de la huella de carbono. Estos conceptos dejaron de ser términos de nicho y pasaron a integrar la conversación diaria del sector, influyendo en decisiones comerciales y productivas.
Bioinsumos: tecnología en expansión
Los bioinsumos, explicaron, dejaron de ser una moda marginal: ya son una tecnología con proyección global. Grandes empresas del agro han tomado decisiones estratégicas sobre su adopción, lo que plantea el desafío de cómo y con qué velocidad se incorporarán en Argentina. Los bioinsumos ofrecen alternativas que apuntan a mejorar la salud del suelo, la eficiencia del uso de los recursos y, en algunos casos, reducir la dependencia de insumos sintéticos. La clave estará en integrar estas herramientas en programas de manejo que consideren compatibilidades, modos de acción y resultados agronómicos comprobados.
Control de malezas y resistencia: un problema central
Guerrieri destacó la complejidad creciente del manejo sanitario, con el control de malezas resistentes como uno de los problemas más críticos. En Argentina, alrededor del 70% del mercado de fitosanitarios está concentrado en herbicidas, lo que refleja la magnitud del desafío. Ante esto, el gran aprendizaje es que no existen soluciones mágicas: la eficacia depende de estrategias integradas que incluyan rotación de mecanismos de acción, rotación de cultivos, prácticas culturales como barbechos ajustados y programas de manejo completos. Estas medidas buscan reducir la presión selectiva y prolongar la vida útil de las herramientas disponibles.
Importancia de la asesoría técnica y la calidad en la aplicación
En un contexto de márgenes ajustados y menor tolerancia al error, la calidad del asesoramiento técnico se convierte en ventaja competitiva. El momento de aplicación, la calibración, la formulación y la recomendación adecuada pueden marcar la diferencia entre resultados satisfactorios y fracasos productivos, incluso cuando se utilizan insumos con costos muy distintos. Por eso, el acompañamiento especializado y las decisiones basadas en datos y precisión son cada vez más valorados por los productores.
Nuevas tecnologías y cartera de productos de Sigma Agro
Frente a este escenario, Sigma Agro presentó parte de su estrategia de expansión tecnológica: incorporación de nuevas moléculas herbicidas, formulaciones más eficientes y un portfolio amplio y complementario. Actualmente la compañía cuenta con más de 40 herbicidas activos y anticipó la llegada de siete nuevas soluciones al mercado argentino en el año. Estas incorporaciones buscan ofrecer alternativas técnicas que se integren a programas de manejo y brinden herramientas frente a la resistencia y otras limitaciones productivas.
El rol renovado del distribuidor
El panel puso también la lupa sobre el rol que deben asumir los distribuidores en esta nueva etapa del agro. Fracalossi insistió en que el cambio pasa por dejar de trabajar únicamente sobre el insumo y empezar a generar verdadero valor agregado para el productor. Esto implica ofrecer herramientas y servicios que ayuden a rentabilizar y estabilizar el negocio: recomendaciones técnicas personalizadas, paquetes de soluciones que integren insumos y prácticas, soporte en trazabilidad y huella ambiental, y propuestas que faciliten la adopción de tecnologías como bioinsumos y herramientas de precisión.
Trazabilidad, huella de carbono y demanda de mercado
La consideración de la huella de carbono y la trazabilidad ya impacta en la demanda y en la forma de comercializar productos agrícolas. Consumidores y mercados exigentes piden información y certificaciones que demuestren prácticas sostenibles y responsables. Para el productor, esto significa la necesidad de registrar decisiones, adoptar prácticas que reduzcan emisiones y poder acreditar el origen y tratamiento de su producción. La integración de estas exigencias en la estrategia comercial agrega valor y abre oportunidades en mercados diferenciados.
Estrategias integradas y precisión: claves para el futuro
El mensaje central de la charla fue una invitación a “volver a hacer agronomía”: recuperar la mirada técnica y estratégica sobre el conjunto de decisiones productivas. En la práctica, esto se traduce en combinar tecnologías (bioinsumos, nuevas moléculas, formulaciones mejoradas), prácticas culturales (rotaciones, manejo de barbechos) y herramientas de precisión (monitoreo, asesoría basada en datos) para construir sistemas más resilientes y rentables. La adopción de estas estrategias no solo mejora la eficiencia productiva, sino que contribuye a la sostenibilidad y a la capacidad de enfrentar riesgos como la resistencia de malezas.
Adopción y velocidad: factores a considerar
Aunque las empresas y tecnologías avanzan, la velocidad de adopción en el campo dependerá de varios factores: evidencia agronómica local, costos y retornos, infraestructura de distribución y capacitación técnica. Para que los bioinsumos y las nuevas soluciones desplieguen todo su potencial es necesario construir confianza mediante experimentación en condiciones reales, programas de demostración, y capacitación continua a técnicos y productores. También será clave la articulación entre distribuidores, empresas y servicios de extensión para acelerar la transferencia de tecnologías.
Conclusión
El agro argentino transita una etapa de transformación donde el valor ya no se define sólo por la molécula sino por la calidad del manejo, la integración tecnológica y la capacidad de generar sistemas productivos más estables y sostenibles. Bioinsumos, nuevas formulaciones, mayor precisión en la toma de decisiones y un distribuidor que ofrezca valor agregado son ejes que marcarán el rumbo. Volver a hacer agronomía implica recuperar la centralidad del conocimiento técnico y construir programas integrados que permitan al productor mejorar su rentabilidad, reducir riesgos y responder a una demanda de mercado cada vez más exigente en términos de trazabilidad y sostenibilidad.





