El precio del tomate registró una suba abrupta que alteró la canasta de verduras en el inicio del otoño, al pasar de $2775,52 en mayo a $3400,05 en julio según el relevamiento del Mercado Central. Esta variación representa un salto intermensual que impactó de forma directa en el bolsillo de los consumidores y en la dinámica de comercialización de los puestos mayoristas.
Mientras el Índice de Precios al Consumidor (IPC) avanzó 1,9 % en el mismo período, el tomate mostró una suba de 22,5 %, ubicándose como el alimento con la mayor presión alcista en la canasta hortofrutícola. Ese contraste explica por qué el aumento del tomate concentró la atención de economistas, comerciantes y familias que consumen a diario esta hortaliza.
Desde el Mercado Central atribuyen la suba a una conjunción entre factores climáticos y problemas de maduración: las bajas temperaturas provocaron que muchas frutas y verduras no alcanzaran coloración y madurez comercial. “Para que el tomate madure con rapidez necesitás temperaturas superiores a 22 o 23 grados”, explicaron los operadores, lo que agravó la escasez de producto listo para la venta.
El resultado fue que buena parte del tomate disponible fue de color pálido y menor rendimiento comercial, y solo una parte acotada, de alta calidad y color, alcanzó precios muy elevados en plaza; de hecho, operadores consignaron que una caja de 22 kg de ese producto premium se vendía alrededor de $55.000. Ante la falta de oferta local suficientemente madura, la respuesta del mercado fue la importación masiva para recomponer stocks.
Las importaciones de tomate desde Chile crecieron fuertemente en los últimos meses, pasando de ingresos modestos a más de 3.248,84 toneladas en julio, cuando en mayo el ingreso era de 1.465,18 toneladas. Ese aumento de volumen extranjero coincidió con la menor producción apta para comercializarse localmente y ayudó a mitigar la escasez, aunque no evitó el pico de precios en un mercado muy tenso.
Los especialistas señalan que la combinación de variabilidad climática y problemas de logística y maduración expone la fragilidad de la oferta hortícola ante episodios de frío atípico, lo que obliga a evaluar medidas de mayor resiliencia productiva. Entre las alternativas que se mencionan figuran mejoras en infraestructura de poscosecha, cámaras de maduración y sistemas de pronóstico climático que permitan anticipar faltantes.
Otros alimentos que subieron y los que bajaron
Tras el tomate, los mayores aumentos en julio entre las verduras correspondieron a la papa, con un alza de 4,8 % (de $1473,32 a $1544,25 el kilo), y a la lechuga y el zapallo, ambos con subas de 4,6 % (la lechuga de $4359,25 a $4560,16 y el zapallo de $1139,62 a $1192,04). También la cebolla avanzó 3,9 %, pasando de $1247,32 a $1295,49 por kilo.
El impacto de estos incrementos es notable en hogares de menores ingresos, donde las verduras frescas representan una proporción significativa del gasto alimentario y las sustituciones por productos procesados suelen aumentar cuando suben los precios. Para economistas de consumo, estas distorsiones condicionan hábitos alimentarios y pueden presionar la demanda en fresco, favoreciendo productos importados o alternativas más económicas.
En sentido contrario, las frutas mostraron una tendencia a la baja por la llegada de cosechas abundantes: el limón cayó 19,1 %, de $1905,18 a $1541,85 por kilo, y la pera se desplomó 18,9 %, de $1577,62 a $1279,85. La banana retrocedió 2,2 %, mientras que la manzana quedó prácticamente estable con una leve suba de 0,1 %.
Mercados, carnes y perspectiva para los próximos meses
En el segmento cárnico los movimientos fueron más moderados y dispares: la carne picada común aumentó 2,1 %, mientras que el asado mostró una baja del 1,8 % (de $17.237,32 a $16.929,32 por kilo); la nalga retrocedió 0,9 % y el cuadril cayó 0,5 %, con el pollo prácticamente sin variaciones, con una leve suba de 0,6 % (de $4.794,21 a $4.820,82). Esos registros muestran que la presión inflacionaria no fue homogénea entre cortes y tipos de proteína.
El Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva) y los operadores mayoristas destacan que, tras los fuertes aumentos de los meses previos, los precios comenzaron a desactivar su ritmo de suba con el inicio del otoño por una combinación de menor demanda estacional y mayor oferta puntual. Esa desaceleración parcial refleja además una mayor resistencia del consumo doméstico a absorber aumentos continuos, lo que limita la capacidad de traslado de costos hacia los precios finales.
Para productores y comerciantes la lección es clara: la vulnerabilidad climática y las limitaciones logísticas exigen inversiones orientadas a mitigar la estacionalidad y mejorar la calidad poscosecha, mientras que para los consumidores la recomendación es seguir la evolución de precios y aprovechar períodos de abundancia para planificar compras. En las próximas semanas, la atención estará puesta en la dinámica de importaciones, la evolución del clima y la respuesta de la oferta local ante eventuales nuevas olas de frío que puedan volver a alterar el mercado.



