Estudio revela niveles preocupantes de plaguicidas en CABA y riesgos mayores que en zonas rurales

En la ciudad, los insecticidas y rodenticidas de uso doméstico forman parte de muchas rutinas sin que quienes los usan conozcan realmente los riesgos asociados. Un estudio reciente de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) pone en evidencia que, lejos de ser una preocupación exclusiva del campo, el manejo de estos productos en áreas urbanas puede ser más descuidado y peligroso que en zonas rurales. Este texto resume los hallazgos clave, explica por qué la regulación y la educación son urgentes, y ofrece medidas prácticas para reducir la exposición en el hogar.

Plaguicidas domésticos: un riesgo cotidiano

Los productos domisanitarios —insecticidas, raticidas y similares— se comercializan como soluciones rápidas para problemas de plagas. Sin embargo, su uso frecuente dentro de las viviendas, junto con la falta de información clara, aumenta las probabilidades de intoxicaciones accidentales, especialmente en hogares con niños, personas mayores o mascotas.

Qué encontró la encuesta de FAUBA

Un equipo de la FAUBA encuestó a residentes de varios barrios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y halló que prácticamente todas las personas consultadas usan algún tipo de sustancia tóxica para controlar plagas en sus viviendas. No obstante, una proporción reducida conoce la composición del producto ni las medidas a seguir ante una emergencia por exposición.

Además, muchos declararon prácticas de eliminación y almacenamiento que transferirían residuos peligrosos a la basura común o dejarían a terceros expuestos, lo que complica la trazabilidad y la atención en caso de intoxicación.

Prácticas de manejo y eliminación que aumentan el riesgo

Entre las conductas observadas por los investigadores figuran:

  • Reciclado de envases sin enjuague, lo que deja restos activos en la cadena de residuos.
  • Aplicación de productos en espacios donde se manipula o prepara alimentos.
  • Uso de formulaciones veterinarias en humanos (por ejemplo, pipetas para mascotas) para tratar piojos u otras plagas personales.
  • Empleo de productos sin etiquetado ni identificación clara adquiridos por canales informales.

Impacto en espacios sensibles y ejemplos ilustrativos

El riesgo no se limita a la inhalación o el contacto dérmico: los rodenticidas colocados cerca de áreas de cocción o el atractivo visual de gránulos para ratas pueden provocar exposiciones graves en niños que los confunden con golosinas. También se registraron decisiones de manejo tomadas en situaciones de urgencia que empeoraron la condición de la persona afectada.

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La “zona gris” regulatoria

La investigación advierte que existe una falta de coordinación entre organismos encargados del control y la fiscalización, lo que facilita la circulación de productos fuera de normas técnicas o sin la identificación adecuada. Además, la disponibilidad de formulaciones importadas sin trazabilidad dificulta la acción ante incidentes por intoxicación.

Algunos compuestos que preocupan por su toxicidad ambiental o neurotóxica están restringidos o regulados en varios países; sin una supervisión activa, esas sustancias pueden seguir presentes en el mercado doméstico.

Alternativas y medidas prácticas para hogares

Reducir la dependencia de insecticidas y rodenticidas químicos pasa por adoptar estrategias sencillas y efectivas:

  • Preferir barreras físicas: mosquiteros, sellado de grietas y mallas en desagües y rejillas.
  • Usar trampas mecánicas y métodos de exclusión antes que aerosoles o cebos tóxicos.
  • Mantener limpieza y manejo de residuos para no atraer plagas (alimentos almacenados en envases herméticos, basura cerrada).
  • Leer la etiqueta y conservar el envase original; nunca mezclar productos ni reutilizar recipientes para otros fines.
  • No aplicar formulaciones veterinarias en personas; para piojos u otros problemas capilares, consultar a un profesional de la salud.

Cómo actuar ante una posible intoxicación

  • Retirar a la persona del lugar de exposición y ventilar el ambiente.
  • Evitar inducir vómito salvo indicación médica.
  • Conservar el envase o el resto del producto para facilitar la identificación.
  • Contactar al centro de toxicología u orientación de salud más cercano; muchos hospitales públicos y privados disponen de servicios de toxicología o líneas de emergencia sanitarias.

Qué deben exigir autoridades y fabricantes

La investigación reclama mayor claridad regulatoria, canales formales para la recolección de envases y residuos especiales, y campañas de información pública que expliquen riesgos y buenas prácticas. También pide que los fabricantes garanticen etiquetado completo y transparente y que las autoridades coordinen controles para evitar la comercialización de productos inseguros o sin identificación.

Conclusión

El uso cotidiano de plaguicidas domésticos en la ciudad expone fallas en información, manejo y regulación. Cambiar esa realidad requiere medidas combinadas: educación a la población, alternativas no químicas para el control de plagas, y un marco regulatorio y de fiscalización que facilite la trazabilidad y el descarte seguro. Mientras tanto, adoptar prácticas de prevención sencillas puede disminuir de forma significativa el riesgo de intoxicaciones en el hogar.

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