La unidad de innovación y capital de riesgo del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo, BID Lab, presentó datos que confirman a la Argentina como epicentro del ecosistema agrifoodtech en el Cono Sur. La revelación se produjo en el marco de la Food Security Week, un encuentro profesional celebrado en Buenos Aires que reunió a emprendedores, inversores y organismos públicos para buscar respuestas prácticas a los problemas de acceso y producción de alimentos en la región.
Durante la semana se desarrollaron talleres, paneles y sesiones de trabajo colaborativo —con la participación de alrededor de 200 asistentes—, además de presentaciones de startups y espacios de vinculación entre actores del sector. El evento fue impulsado por FoodRise, la iniciativa de aceleración de Eatable Adventures, con apoyo operativo y técnico de BID Lab.
El material preliminar presentado en Buenos Aires, que será publicado próximamente como informe regional, sintetiza el estado del sector: concentración de empresas innovadoras, áreas tecnológicas predominantes y las principales limitaciones para escalar soluciones que impacten la seguridad alimentaria.
El rol argentino
Según los números compartidos por BID Lab, el Cono Sur alberga 468 startups vinculadas a la innovación en la cadena alimentaria. La distribución geográfica es la siguiente:
- Argentina: 65,7%
- Chile: 24,8%
- Uruguay: 7,3%
- Paraguay: 2,2%
En cuanto a la orientación tecnológica, casi la mitad de estas empresas se enfoca en soluciones para la producción y el procesamiento agroalimentario: el 43,8% se clasifica en agritech (tecnologías aplicadas al agro) y el 36,7% en nuevas proteínas y alimentos alternativos. El resto abarca logística, trazabilidad, reducción de pérdidas y plataformas digitales para comercialización.
Desafíos estructurales y de financiamiento
El informe preliminar también pone en perspectiva las tensiones que enfrenta la región. A nivel social, la inseguridad alimentaria sigue siendo un problema grave: cerca del 38% de la población de América Latina vive con algún grado de inseguridad alimentaria y alrededor del 7% atraviesa situaciones de hambre. Esos indicadores ponen presión sobre la necesidad de que la innovación se traduzca en soluciones accesibles y escalables.
Desde el punto de vista del ecosistema emprendedor, los principales cuellos de botella identificados son la escasez de capital para etapas de escalamiento, la baja coordinación entre actores públicos y privados, y las barreras para la adopción masiva de tecnologías en cadenas productivas amplias. En medio de una caída global de inversión en el sector foodtech (-37% en el primer semestre de 2025), América Latina captó cerca de u$s 200 millones en ese periodo, concentrados en soluciones para las primeras etapas de la cadena agroalimentaria.
Oportunidades y pasos a seguir
Analistas y representantes de la organización responsable del evento consideran que el Cono Sur tiene condiciones favorables para consolidarse como un polo de innovación alimentaria: fuerte base científica y capacidad de producción a escala global. Para aprovechar ese potencial recomiendan acciones concretas, entre ellas:
- Crear mecanismos de financiamiento dirigidos a fases de escalamiento y expansión internacional.
- Fortalecer mesas de articulación regional entre gobiernos, centros de investigación, aceleradoras y empresas.
- Fomentar programas de adopción tecnológica en grandes cadenas productivas para reducir costos y pérdidas.
- Impulsar políticas públicas que faciliten la prueba regulatoria de alimentos innovadores y la exportación de soluciones.
“Eventos como la Food Security Week permiten conectar a quienes desarrollan tecnologías con quienes pueden implementarlas a escala”, comentó Sergio Zúñiga, vicepresidente regional para Latinoamérica de Eatable Adventures, quien señaló que la iniciativa FoodRise busca precisamente activar redes y recursos para convertir ideas en impacto tangible sobre la seguridad alimentaria regional.
El informe completo, que se espera publicar en las próximas semanas, ofrecerá mapas de inversión, perfiles de startups y recomendaciones de política pública para robustecer un ecosistema que ya muestra fortalezas pero necesita mayor coordinación y capital para cumplir su potencial.
Para los actores del sector —emprendedores, inversores y autoridades— la próxima tarea es transformar la concentración de talento en cadenas productivas más eficientes y sistemas alimentarios más justos y sostenibles en toda la región.





