¿Puede el agro argentino liberar su potencial productivo con menos impuestos y mejor infraestructura?
Líderes del sector piden cambios tributarios, mejoras logísticas y un marco regulatorio. Buscan convertir recursos y tecnología en mayor producción y exportaciones.
La agroindustria argentina vuelve a colocarse en el centro del debate económico con una promesa y una advertencia clara. ¿Podrá el agro argentino transformar su ventaja natural y técnica en un salto sostenido de producción y valor agregado?
En el reciente Summit de Amcham, referentes del sector plantearon la urgencia de decisiones concretas para que el país no pierda otra ola de oportunidades. El mensaje fue contundente: sin cambios fiscales, logísticos y regulatorios el potencial seguirá siendo solo potencial.
El impuesto que frena al agro argentino
Para Fernando García Cozzi, presidente de Cargill Argentina, la presión tributaria ha sido un lastre histórico que exige corrección. “Durante los últimos 25 años se ha cargado a la actividad agropecuaria con una carga impositiva que hace que sea casi un milagro que tengamos la producción que tenemos y que tengamos el rol que tenemos en el mundo”, afirmó.
El directivo destacó que incluso en contextos internacionales favorables la Argentina no supo capitalizar al máximo las ventanas de oportunidad. “Nuestra capacidad para aprovechar esas situaciones fue muy limitada porque la carga interna de impuestos hizo que no tengamos esa posibilidad de crecer de la manera que lo hizo Brasil”, explicó.
García Cozzi vinculó la necesidad de alivio tributario con la disciplina fiscal como condición previa para cambios sostenibles. “Para que el campo se desarrolle necesitamos levantar la carga impositiva”, sostuvo, y agregó que el camino implica medidas concretas sobre el gasto público y el déficit.
El llamado a la estabilidad fue otro eje fuerte del análisis sobre impuestos y reglas de juego. “Necesitamos reglas de juego estables y claras”, subrayó García Cozzi, recordando que reducciones anteriores se revirtieron y erosionaron la confianza del sector.
¿Puede la infraestructura salvar la competitividad del agro argentino?
La prevención sobre la logística y la infraestructura es una constante en el diagnóstico del sector y aparece como condición para bajar costos y aumentar competitividad. García Cozzi insistió en que “necesitamos una mejor infraestructura, los caminos y las rutas también tienen que mejorar” para que el país pueda competir eficientemente en los mercados globales.
Los principales cuellos de botella mencionados fueron la Hidrovía y el sistema ferroviario, activos estratégicos para bajar costos de transporte y consolidar cadenas de valor. En esta línea, el directivo advirtió que el negocio agroindustrial corre detrás de eficiencias y que la falta de infraestructura limita la capacidad de respuesta.
En su diagnóstico sobre precios y competitividad, García Cozzi apeló al análisis histórico de los mercados para explicar la urgencia de mejoras. “Si uno mira los precios hacia atrás y los corrige por inflación, los precios son bajos; es un negocio que está corriendo detrás de muchas eficiencias”, advirtió, y señaló que el crecimiento deberá venir por productividad más que por expansión de superficie.
Ese énfasis en la eficiencia conecta con otra apuesta de futuro: los biocombustibles como motor de demanda que podría agregar valor a la matriz productiva. La visión emergente es que la producción debe orientarse a incrementar valor agregado y a explorar nuevas demandas internas y externas.
Innovación, biotecnología y propiedad intelectual
Juan Lariguet, presidente de Corteva Agriscience Cono Sur, puso el foco en el capital humano y tecnológico como ventaja competitiva del agro argentino. “La Argentina ya cuenta con productores que están en el tier 1 a nivel mundial”, afirmó, y añadió que ese capital técnico es esencial para dar el siguiente paso productivo.
Según Lariguet, el próximo salto no se construirá sobre más hectáreas, sino sobre mayor adopción tecnológica y normativas adecuadas. “El siguiente salto productivo no va a ser principalmente anexando más superficie, sino que va a ser desde el punto de vista de mayor adopción de tecnología”, sostuvo, subrayando la necesidad de un entorno regulatorio moderno.
El directivo valoró avances regulatorios recientes que acercan a la Argentina a la vanguardia en nuevas herramientas de mejoramiento, incluyendo edición génica. “En los últimos dos años se han logrado generar tremendos avances en todos los aspectos regulatorios para que la Argentina siga creciendo en la adopción de biotecnología”, afirmó.
No obstante, Lariguet advirtió que la atención sobre la propiedad intelectual sigue siendo crítica para atraer inversión privada en innovación. “Respetar la propiedad intelectual es sin duda el mayor combustible para quienes invertimos en innovación”, dijo, y remató con una cifra que ilustra las intenciones: “Queremos incrementar nuestra inversión en un mercado que puede ofrecer 17 millones de hectáreas de soja”.
Para el ejecutivo, robustecer el marco legal y adherir a estándares internacionales es una condición para acelerar lanzamientos de semillas y tecnologías. “Aquellas geografías que están adheridas a ese tipo de convenio tienen un tercio más de lanzamientos de variedades de soja año tras año”, señaló, y lanzó una metáfora urgente: “El tren está pasando y nos tenemos que subir, claramente”.
Del potencial a la realidad: decisiones que faltan tomar
Ambos referentes coincidieron en que Argentina cuenta con condiciones naturales y humanas para crecer, pero que el avance dependerá de políticas y acciones concretas. La receta que repetían fue la combinación entre menor carga impositiva, mayor infraestructura y un marco regulatorio que incentive la inversión y la adopción tecnológica.
El desafío es institucional y práctico al mismo tiempo: transformar ventajas comparativas en mayor producción, valor agregado y presencia en mercados. Si las señales de política económica son claras y sostenidas, el agro argentino podría convertirse en un motor de crecimiento más robusto y duradero para la economía nacional.
El llamado de la industria es a decisiones que acerquen incentivos y previsibilidad para que la inversión privada acelere modernización y expansión de cadenas de valor. En definitiva, el futuro del agro argentino dependerá tanto de la capacidad técnica de sus productores como de la voluntad política para diseñar reglas que permitan competir con eficiencia en el mundo.





