La segunda edición del Congreso “Puro Girasol” reunió en Trenque Lauquen a productores, investigadores y empresas para debatir sobre el futuro del cultivo.
Organizado por Advanta Semillas, el encuentro puso en foco la expansión del girasol y las decisiones agronómicas necesarias para elevar la productividad nacional.
LIBERAR EL POTENCIAL DEL GIRASOL
El primer panel contó con la participación de Diego Rotilli, Martín Díaz Zorita y Matías Saks, y fue moderado por el periodista Ricardo Bindi.
Los especialistas coincidieron en que el principal desafío es cerrar brechas productivas que todavía separan el potencial teórico de los rindes reales en campo.
Rotilli presentó un diagnóstico que ubica la brecha promedio del país en torno al 35 % y en la región oeste de Buenos Aires en cerca del 30 %.
Ese margen, según el análisis, responde en buena medida a decisiones de manejo más que a la falta de avances genéticos o de insumos.
El especialista describió al girasol como un cultivo clave para la diversificación de sistemas por su baja correlación con otros cultivos estivales.
Además subrayó que mejorar la gestión agronómica puede transformar esa ventaja adaptativa en mayor estabilidad productiva y económica.
LA NUTRICIÓN ESTRATÉGICA DEL GIRASOL
En la discusión sobre factores limitantes, surgieron como críticos el fósforo, la nutrición con nitrógeno, la fecha de siembra y la densidad de plantas.
La recomendación central fue pasar de pensar en cantidades a considerar la sincronización de la disponibilidad de nutrientes con las demandas del cultivo.
Martín Díaz Zorita enfatizó que el fósforo aporta a la exploración radicular temprana y facilita la captura de agua y nutrientes durante el ciclo.
Respecto del nitrógeno, indicó que las aplicaciones entre V6 y V8 son las que suelen ofrecer mejores respuestas por coincidir con picos de demanda.
También destacó nutrientes que cobran mayor relevancia como el azufre y el boro, vinculados a la resistencia al estrés y a la integridad del capítulo.
El manejo de estos elementos ayuda a prevenir problemas como el conocido “corte de cuchillo” y a sostener la actividad fotosintética posfloración.
Desde la industria, Bunge Argentina aportó evidencia sobre la brecha entre potencial agronómico y prácticas que llegan a los lotes.
Ese desajuste confirma que hay espacio para mejorar rendimientos sin depender exclusivamente de nueva genética.
LAS TECNOLOGÍAS PARA IMPULSAR AL GIRASOL
En el cierre del bloque, Matías Saks analizó la adopción de tecnologías y el uso de fertilizantes en el cultivo.
Subrayó que el crecimiento del consumo total responde más a la expansión del área que a un aumento de la intensidad por hectárea.
Según sus datos, el girasol representa apenas el 3 % del consumo nacional de fertilizantes y las dosis promedio se mantienen entre 50 y 60 kilos por hectárea.
Ese estancamiento en las dosis muestra una oportunidad para capturar rendimiento mediante nutrición balanceada por ambiente.
Saks afirmó que en ambientes de alto potencial, corregir limitantes nutricionales puede implicar aumentos superiores a 2.000 kilos por hectárea.
También promovió el uso de mezclas con azufre, fertilizantes estabilizados e inhibidores como herramientas para mejorar la eficiencia de uso.
Recomendaciones prácticas
- Planificar la nutrición por ambiente y momento fenológico.
- Priorizar aplicaciones de N entre V6 y V8 para construir área foliar superior.
- Evaluar incorporación de azufre y boro en lotes con historial de estrés.
- Usar modelos y mezclas estabilizadas para aumentar eficacia por hectárea.
CONOCIMIENTO PARA CONSTRUIR EL FUTURO DEL GIRASOL
El mensaje central del congreso fue que el futuro del girasol dependerá cada vez más de decisiones agronómicas basadas en evidencia y contexto.
Las charlas pueden revivirse en https://www.purogirasol.com.ar/ para productores y asesores que busquen aplicar las conclusiones a escala.
En definitiva, la combinación de diagnóstico de brechas, nutrición estratégica y adopción de prácticas respaldadas por datos aparece como la hoja de ruta para elevar rindes.
Si se materializan esos cambios de manejo, el cultivo puede transformar su expansión superficial en una verdadera intensificación productiva y económica.


