Maximiliano Pullaro, aunque pertenece a la Unión Cívica Radical, lanzó en Santa Fe una nueva etapa del programa Acuerdo Santa Fe que ofrece carne de cerdo a precios “acordados”.
La iniciativa recuerda a programas nacionales como Cortes cuidados, Precios Justos Carne y Carne Para Todos, que durante gobiernos anteriores buscaron reducir el impacto de la suba de alimentos en el consumo de proteína animal.
Pullaro fue tajante al diferenciar esta medida de un subsidio: “Aquí no hay subsidios por parte del Estado”, dijo, y explicó que se trata de articular la cadena de valor con el gobierno provincial.
Según el gobierno, el valor acordado implica una baja de aproximadamente 20 % respecto al precio de mercado y la oferta llegará de forma progresiva a 85 locales en 20 ciudades de la provincia.
Detalles del acuerdo
El programa fijó un precio de $ 7.900 por kilogramo para cinco cortes de pulpa de cerdo: cuadrada, peceto, cuadril, nalga y bola de lomo.
Para lograr ese precio, los frigoríficos acordaron vender a $ 5.500 por kilo las pulpas a granel y a $ 4.500 por kilo el jamón entero sin cuero, en un esquema de esfuerzo compartido con los supermercados.
Por qué importa para el consumidor
La medida busca ofrecer una alternativa proteica más barata ante la fuerte suba del precio de la carne bovina, y según funcionarios llega a ser casi una tercera parte del costo del kilo de vaca.
Además, el gobierno provincial destaca que el acuerdo conserva el valor dentro del territorio: desde el productor de grano hasta las carnicerías y cadenas comerciales, todo quedaría dentro de la provincia de Santa Fe.
Reacciones y riesgos
Referentes del sector, como el ministro Gustavo Puccini y directivos de supermercados y frigoríficos, celebraron la articulación público-privada y destacaron que la medida “beneficia al consumidor” y promueve la industria local.
Sin embargo, expertos alertan sobre los riesgos: la sostenibilidad de las márgenes sacrificadas, la duración del acuerdo y la necesidad de garantizar el abastecimiento permanente sin afectar la calidad ni generar distorsiones futuras.
Qué seguir
Los indicadores a monitorear serán la presencia real del producto en góndola, la vigencia temporal del precio acordado y el cumplimiento por parte de frigoríficos y supermercados, medidas que exige la Mesa de Supermercadismo.
En conjunto, la iniciativa representa una alternativa para aliviar el bolsillo y apoyar la industria local, pero su efectividad dependerá de la transparencia en los números y la continuidad del abastecimiento.



