Será crítico monitorear: la chicharrita del maíz vuelve a encender las alertas en zonas endémicas
Los últimos relevamientos indican que la campaña 2026/27 sufrió un impacto mayor al previsto por el complejo de enfermedades ligado a la chicharrita del maíz, con efectos sobre los rindes en áreas endémicas. El fenómeno obliga a volver a priorizar el monitoreo y el manejo en los sectores más vulnerables del país.
La preocupación recuerda la severidad de la cosecha 2023/24, aunque por ahora la situación no alcanza el grado de emergencia nacional que se observó entonces. Aún así, para productores y técnicos la vigilancia temprana y las decisiones de manejo resultan clave para evitar pérdidas mayores.
Alerta por la chicharrita del maíz
El relevamiento de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis se basó en trampas cromáticas adhesivas entre el 17 y el 31 de julio, y registró diferencias regionales significativas. En el NOA y el NEA el efecto del frío y la amplitud térmica no logró modular las poblaciones como ocurrió la campaña anterior.
Los técnicos advierten incertidumbre en el NOA y el NEA, territorios donde el manejo del insecto resulta cada vez más complejo por su persistencia. En contraposición, las regiones Litoral y Centro-Sur mostraron una marcada disminución de capturas en los dos últimos informes, lo que genera un alivio relativo para esas zonas.
No obstante, el estudio también señala que la chicharrita mantiene presencia en más del 98 % de las localidades monitoreadas en ciertas regiones, y que un 60 % de esos sitios registra las categorías de abundancia más altas, con más de 100 adultos por trampa. Ese nivel de infestación explica por qué la Red insiste en sostener esquemas activos y sistemáticos de monitoreo incluso durante la etapa final de cosecha de maíces tardíos.
Los especialistas recomiendan evaluar hospedantes voluntarios y lotes cercanos, porque constituyen un puente verde epidemiológico que favorece la supervivencia del vector entre campañas. Mantener trampas y registros de densidad poblacional ayuda a detectar focos persistentes y a estimar riesgos a escala regional.

La chicharrita, zona por zona
NOA: aunque se observó una leve retracción en localidades con máxima abundancia, el promedio de capturas bajó de 455 a 250 adultos por trampa, pero los niveles siguen siendo elevados. El 73 % de las localidades registra más de 100 adultos por trampa, y la mitad de las trampas estuvo en maíces en madurez fisiológica (R6).
NEA: allí también se produjo una caída en el promedio regional, que pasó de 433 a 195 adultos por trampa, y la proporción de localidades con capturas superiores a 100 adultos por trampa descendió de 63 % a 46 %. Un tercio de las trampas se ubicó en lotes mayormente en R6, lo que refleja la etapa fenológica predominante durante el monitoreo.
Litoral: con apenas el 13 % de trampas en maíz en R6, el 60 % de las localidades evaluadas presentó presencia de Dalbulus maidis, aunque la captura promedio cayó de 31 a 3 adultos. Esa disminución sugiere una mejora local, pero la presencia general obliga a mantener vigilancia constante.
Centro-Norte: el 87 % de los sitios monitoreados detectó chicharritas, con estabilidad en la proporción de localidades con máxima abundancia respecto del informe anterior. El promedio regional se redujo de 172 a 135 adultos por trampa, y el 29 % de las trampas estuvo en cultivos de maíz en R6.
Centro-Sur: en esta región el 24 % de las trampas se ubicó en cultivos en R6 y el 93 % de los sitios no registró capturas del vector. El promedio regional descendió de 16 a 12 adultos por trampa, lo que representa la mejor dinámica entre las regiones monitoreadas.
El informe completo de la Red puede consultarse en el documento oficial, disponible en la página de Maizar. El informe aporta mapas, series temporales y recomendaciones técnicas para productores y técnicos interesados en estrategias de manejo.
Para los productores, la recomendación práctica es priorizar el monitoreo focalizado en lotes tardíos y en parcelas con plantas voluntarias, así como coordinar con las redes locales de vigilancia. Para las autoridades, el desafío pasa por sostener instrumentos de seguimiento y facilitar acceso a información técnica para decisiones oportunas.



