Trigo 2026/27: buena reserva de agua, pero la suba de fertilizantes presiona la siembra y la producción
La Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) publicó su primer pronóstico de siembra para el trigo 2026/27 y prevé una reducción de superficie cercana a medio millón de hectáreas frente a la campaña anterior. La proyección ubica el área en 6,6 millones de hectáreas, unos 500.000 ha menos que el ciclo precedente, y coincide en líneas generales con la estimación de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (6,5 millones de ha).
Clima a favor, costos en contra
El balance es claro: las condiciones ambientales arrancan con ventaja. Los perfiles de humedad en los primeros dos metros de suelo muestran reservas superiores a las de mayo de 2021, un año de referencia por haber presentado excelentes condiciones de siembra. Además, la expectativa de lluvias normales para el semestre frío y el inicio de un fenómeno Niño desde octubre fortalecen la perspectiva climática, justamente cuando el cultivo atraviesa su período crítico.
Sin embargo, el gran limitante son los costos de producción, y en particular los fertilizantes nitrogenados. La urea cotiza alrededor de 1.000 dólares por tonelada, un valor comparable al de mayo de 2022, pero con la diferencia de que hoy el precio del trigo se encuentra en torno a los 230 dólares la tonelada (frente a cerca de 350 dólares en mayo de 2022). Esa relación deteriorada entre insumos y producto reduce márgenes y, en algunos casos, lleva a resultados económicos negativos que hacen inviable una implantación completa con niveles de fertilización convencionales.
Impacto sobre área, fertilización y rendimiento
La combinación de precio de fertilizantes alto y precio del trigo bajo alimenta decisiones de recorte de área y de disminución de dosis de fertilización. La GEA advierte que no solo se sembraría menos, sino que el achique de la fertilización impactaría en los rindes, lo que repercutiría en la cosecha final.
En escenarios preliminares, tomando una referencia conservadora por menor uso de tecnología, el rendimiento de referencia se ubica en 29 qq/ha (quintales por hectárea). Con ese promedio y descontando 250.000 ha que podrían quedar sin cosechar, la producción nacional con clima normal estaría en un rango de 18 a 19 millones de toneladas. Ese volumen representaría una caída cercana a 10 millones de toneladas respecto de la última campaña récord (29,5 millones de t) y una merma significativa en la oferta interna y exportable.
Contexto histórico
La campaña 2025/26 había marcado la mayor área en 15 años, y la temporada anterior fue récord: 7,16 millones de hectáreas y 29,5 millones de toneladas, según la BCR. Incluso con la caída proyectada, el área prevista para 2026/27 (6,6 millones ha) seguiría siendo elevada en términos históricos, situándose entre las mayores de la última década y, de concretarse, entre las cinco mayores en 17 años.
Distribución regional de los recortes
Los efectos no serán homogéneos. La GEA desglosa las expectativas por región:
– Región núcleo: la mayor contracción. Se estima una caída en la superficie triguera cercana al 17%, lo que implicaría alrededor de 300.000 ha menos. Allí la alta dependencia de la fertilización para alcanzar rindes elevados hace que los márgenes negativos sean más sensibles.
– Entre Ríos: proyección de caída interanual de 130.000 ha, un 18% menos.
– Resto de Córdoba: se espera una retracción del área del 5 al 10% y una abrupta baja en la fertilización.
– Buenos Aires: fuertes recortes en el centro este (hasta 30% de área) y una caída del 20% en el sudeste bonaerense, históricamente el principal bastión triguero; parte del área podría pasar a cebada forrajera y a crucíferas como colza y carinata.
– La Pampa: estiman una baja alrededor del 10–15%, por competencia con ganadería y forrajes.
– Norte del país (Chaco, Santiago del Estero): escenario contrario, con fuerte aumento del área triguera. En esas provincias el trigo se instaura prácticamente sin fertilización, apuntando a rindes bajos pero con menores costos. El girasol también asoma como cultivo protagonista, aunque la disponibilidad de semilla es limitada. Asimismo, se mencionan riesgos fitosanitarios (chicharrita, gusano cogollero) y altos costos logísticos que condicionarán la siembra de maíz, por lo que la rotación con gramíneas mostrará mayor presencia de trigo.
¿Qué implica para el mercado y la campaña?
La proyección de menor superficie y recorte de fertilización sugiere una oferta interna más ajustada y potencial presión al alza sobre los precios en el mediano plazo si la demanda se mantiene. No obstante, la evolución del precio del trigo dependerá también de la cotización internacional, las condiciones climáticas durante el período crítico (especialmente desde octubre con el Niño) y las decisiones finales de los productores al momento de sembrar y fertilizar.
Si se confirman rendimientos cercanos a 29 qq/ha y pérdidas de área por 250.000 ha, la producción estimada (18–19 millones t) sería sensiblemente inferior a la campaña anterior, lo que podría trasladar señales al mercado local y a la estrategia de siembra de próximos ciclos.
Conclusión
El inicio del ciclo 2026/27 presenta una doble cara: suelos con buenas reservas hídricas y perspectivas climáticas favorables contrastan con una ecuación económica complicada por el encarecimiento de los fertilizantes y la caída relativa del precio del trigo. Eso está llevando a anticipar recortes de superficie en gran parte del país y ajustes en la fertilización que reducirían rindes y producción. Aunque el área proyectada sigue siendo alta en términos históricos, la combinación de menor superficie y menor tecnología aplicada genera un escenario productivo y de oferta notablemente más ajustado que el de la última campaña récord. Para el productor, la decisión crítica será equilibrar costos y expectativas de rendimiento; para el mercado, el desafío será seguir de cerca la evolución de precios, de la demanda interna y el comportamiento climático durante el período clave.





