Informe evalúa probabilidades y efectos de un posible Súper El Niño en el país

La preocupación por las precipitaciones vuelve a tomar protagonismo en el ámbito agropecuario tras las inundaciones y los registros de lluvias extraordinarias que afectaron a varias zonas de Argentina durante 2025, especialmente en la provincia de Buenos Aires. Marzo y abril acumuló valores muy altos en regiones productivas; en el centro-oeste bonaerense y en el norte del país se consignaron registros que en algunos casos superaron los 300 mm en abril.

Frente a los pronósticos que anticipan la aparición de un evento El Niño en la segunda mitad del año —e incluso versiones que hablan de un posible “súper El Niño”— la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) subraya que, con los datos actuales, no es posible definir aún la intensidad del fenómeno. Los modelos climáticos muestran una tendencia hacia un evento cálido del Pacífico, pero para el invierno la proyección más probable es de precipitaciones dentro de rangos normales, sin señal firme de un episodio extremo y generalizado de excesos hídricos en todo el país.

La BCR explica que para considerar un El Niño como fuerte o muy fuerte suelen buscarse anomalías de temperatura por encima de 2,5 °C mantenidas en varios períodos consecutivos. En la actualidad, los modelos seguidos por la entidad estiman una anomalía cercana a 2,3 °C para diciembre de 2026, aunque estos números podrían variar en las próximas actualizaciones. Por eso las lecturas de julio y agosto serán determinantes para afinar el pronóstico.

Además, algunos escenarios meteorológicos anticipan un enfriamiento del Atlántico frente a las costas sudamericanas entre julio y septiembre, lo que podría reducir la llegada de humedad adicional desde esa cuenca y moderar el impacto pluviométrico en la región.

El consultor de la BCR Alfredo Elorriaga apuntó que los modelos de la NOAA reflejan una tendencia clara hacia El Niño, pero que aún no permiten concluir sobre su magnitud. Elorriaga puso en duda descripciones alarmistas como “Meganiño” y recordó que en los últimos 44 años se registraron episodios con magnitudes similares o superiores a las proyectadas ahora; por ejemplo, en enero de 2016 la anomalía observada superó los 2,5 °C.

También se subraya que la presencia de El Niño no garantiza por sí sola un aumento de las lluvias en Argentina. El compuesto atmosférico-junto con la variabilidad regional–es clave: durante la campaña 2023/24, pese a condiciones de El Niño, un bloqueo atmosférico provocó casi un mes sin precipitaciones en un período crítico para la soja de primera. En otras palabras, El Niño puede crear condiciones favorables para más lluvia, pero no asegura inundaciones ni lluvias uniformes en todo el territorio.

En cuanto al estado hídrico con que el país entra al próximo ciclo agrícola, la BCR señala una diferencia respecto de años recientes: las acumulaciones de 2025 —con aportes importantes en marzo y abril— dejaron perfiles de suelo y napas más cargados que en temporadas anteriores. Esa recarga reduce la vulnerabilidad inmediata de cultivos al inicio del otoño, aunque no elimina el riesgo si se combinan factores adversos más adelante.

El informe distingue además entre el calentamiento superficial del Pacífico —que puede superar un umbral desde meses tempranos— y el acoplamiento pleno de la atmósfera al océano, que es lo que realmente condiciona los patrones de lluvia en Sudamérica. Por este motivo, la influencia más marcada de El Niño en Argentina suele darse entre octubre/noviembre y marzo.

El rol del Atlántico

El comportamiento del Atlántico Sur es otro factor determinante. Para 2026, varios modelos proyectan un enfriamiento frente a la costa sudamericana entre julio y septiembre, lo que podría limitar el aporte extra de humedad que, en ocasiones, potencia los excesos de lluvia cuando coincide con un episodio cálido del Pacífico. Esa combinación explica por qué la BCR espera un semestre relativamente frío en términos oceánicos y precipitaciones próximas a la normalidad para la primera etapa de la campaña triguera.

En síntesis, el análisis de la entidad sugiere: 1) un Atlántico con menor predisposición a aportar humedad extra durante el próximo invierno; 2) lluvias en rangos normales para la primera parte de la campaña de trigo; y 3) una influencia más clara de El Niño entre octubre de 2026 y marzo de 2027 si el fenómeno termina desarrollándose. Todavía serán necesarias una o dos actualizaciones más para confirmar si el evento alcanzará intensidad moderada o fuerte.

Con la información disponible hasta ahora, la BCR no identifica elementos sólidos para proyectar un escenario de excesos hídricos extremos y extendidos. Ese es el mensaje dirigido especialmente a los productores: el cuadro es alentador en la medida en que se basa en los datos actuales, pero la situación requiere seguimiento continuo.

Recomendaciones prácticas: mantener la atención sobre los boletines de la Bolsa de Comercio de Rosario, la NOAA y el Servicio Meteorológico Nacional; actualizar la planificación de siembras y drenajes según la evolución de las previsiones; y considerar seguros o medidas de manejo del agua para mitigar riesgos ante cambio rápido de las condiciones.

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