El secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Sergio Iraeta, volvió a poner el foco en las retenciones y la competitividad del trigo al participar en la apertura del congreso A Todo Trigo en Mar del Plata. Con un mensaje dirigido a productores y operadores del sector, Iraeta aseguró: “Tengan confianza, porque el trigo va a ser competitivo en la cosecha”. La frase, pronunciada en un contexto de incertidumbre por el alza de costos y la próxima siembra fina, generó expectativas sobre futuras medidas que impulsen la rentabilidad del cultivo.
Contexto fiscal y objetivo sobre las retenciones
Iraeta reiteró la posición oficial: la meta es seguir reduciendo y eventualmente eliminar las retenciones, pero esa decisión estará condicionada por la situación fiscal del país. Recordó que, al asumir, las retenciones al sector estaban en 33% y hoy se ubican en 24%, una rebaja de nueve puntos que, según su cálculo, implicó una significativa devolución de recursos a las provincias productoras. Sin embargo, enfatizó que las posibilidades de avanzar dependerán de las “limitadísimas” cajas fiscales disponibles y que el Gobierno debe priorizar el equilibrio macroeconómico.
La alusión a la competitividad del trigo y la vía impositiva
Aunque no detalló medidas concretas para garantizar que el trigo sea competitivo en la cosecha, la afirmación de Iraeta apunta en la práctica a una vía impositiva: reducir cargas para mejorar la rentabilidad. En el auditorio del Sheraton marplatense, su mensaje fue leído por muchos como una promesa implícita de alivios tributarios o estímulos orientados al grano, más aún ante la preocupación de productores por costos en alza y márgenes estrechos.
Fertilización, costos y oportunidades de empleo
Iraeta citó el informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), que plantea que una mejor fertilización de los suelos podría aumentar la producción y la exportación agropecuaria, con el potencial de generar hasta 40.000 puestos de trabajo. Ese dato refuerza la idea de que invertir en insumos y en prácticas agronómicas puede tener un efecto multiplicador en la economía rural. En el mismo informe, FADA calculó que, de persistir el Impuesto PAIS sobre insumos como la urea, su precio podría trepar a cerca de U$S 1.500 por tonelada, un valor que, según Iraeta, haría inviable sembrar trigo en muchos casos.
Impuesto PAIS y el costo de la urea
La mención a la urea y al Impuesto PAIS subraya un punto central: el encarecimiento de los fertilizantes es uno de los factores que más presiona la decisión de siembra. Para el funcionario, la eliminación de gravámenes como el Impuesto PAIS ha sido un ejemplo de cómo el Gobierno ha logrado reducir la presión tributaria, aunque reconoció que todavía queda trabajo por delante. La movilidad de precios internacionales, los costos logísticos y la disponibilidad de financiamiento son otros factores que condicionan la capacidad productiva del trigo.
Financiamiento, RIMI y mejoras estructurales
Más allá de lo impositivo, Iraeta destacó mecanismos de apoyo como el Régimen de Incentivo a las Medianas Inversiones (RIMI) para financiar proyectos de riego, compra de ganado o mallas antigranizo. Estas herramientas buscan mejorar la infraestructura productiva y reducir riesgos climáticos y económicos. Para el secretario, impulsar inversiones en riego y tecnologías de manejo puede elevar rindes y resiliencia, contribuyendo a la competitividad a mediano plazo.
Coordinación con Economía y decisiones técnicas
Iraeta detalló que se reúne todos los jueves con el ministro de Economía, Luis Caputo, y su equipo para revisar datos sectoriales y evaluar medidas. Esa coordinación busca que las decisiones sobre aranceles, incentivos y líneas de crédito estén alineadas con la realidad productiva y la política fiscal. El funcionario admitió que el Gobierno “no es perfecto”, pero defendió los avances logrados hasta ahora y la necesidad de ordenar una situación que, según dijo, llegó al Estado con problemas graves de gestión y de diseño de políticas públicas.
Impacto de la geopolítica y estabilidad macroeconómica
Durante su intervención, Iraeta también mencionó que la estabilidad macroeconómica ha permitido sortear episodios de “disrupción tremenda” en los mercados internacionales, citando la guerra en Medio Oriente y las tensiones en el Estrecho de Ormuz. Según su lectura, pese a subidas bruscas del precio del petróleo, la economía argentina no sufrió sobresaltos que hubieran afectado de manera aguda al sector agropecuario. Esa estabilidad relativa, a su juicio, es un activo para planificar campañas y mantener cierto flujo de exportaciones.
Cambio de paradigma en la política agraria
Una parte central del discurso fue la defensa de un “cambio de paradigma” en la relación Estado-sector agrícola. Iraeta afirmó que el Gobierno trabaja para dejar atrás una lógica en la que el campo solo era visto como una fuente para ordeñar recursos fiscales. En su visión, la nueva política busca promover inversiones, mejoras productivas y cadenas de valor que generen empleo y actividad en las provincias productoras, no solo recaudación.
Mensaje hacia los productores y la siembra fina
El cierre del secretario fue un llamado a la confianza: invitó a sembrar trigo con “ánimo y fuerza” y reiteró que el cultivo será competitivo en la cosecha. Con la siembra fina próxima a comenzar, ese mensaje busca moderar la incertidumbre y estimular la toma de decisiones productivas. No obstante, productores y analistas esperan detalles concretos: reducción adicional de retenciones, mayor acceso a fertilizantes a buen precio, líneas de crédito atractivas o medidas puntuales que mitiguen el impacto de los costos actuales.
Conclusión: expectativas y variables clave
El discurso de Iraeta consolida la apuesta oficial por reducir cargas y promover inversiones para aumentar la competitividad del trigo. Sin embargo, la afirmación de que el trigo “va a ser competitivo en la cosecha” queda sujeta a variables concretas: evolución de los precios internacionales, costos de insumos (especialmente fertilizantes), decisiones fiscales y disponibilidad de financiamiento e instrumentos como RIMI. La próxima campaña será una prueba para comprobar si las señales políticas se traducen en medidas tangibles que permitan a los productores recuperar márgenes y, al mismo tiempo, sostener la oferta exportable y el empleo en el sector.





