Château d’Ancon se prepara para cumplir un siglo en 2026. Ubicado en La Carrera, en el extremo norte del Valle de Uco, el emblema creado por la familia Bombal conjuga historia, paisaje y producción agrícola en una finca que va mucho más allá de la elaboración de vinos. Su arquitectura de estilo château, viñedos de altura y una propuesta turística creciente colocan a la propiedad como un caso representativo de la vitivinicultura mendocina que mira al futuro sin perder su memoria.
En este artículo analizamos el origen del proyecto, su evolución productiva, las particularidades de sus terroirs de altura y la reciente apuesta por el enoturismo y la gastronomía de proximidad. También revisamos por qué Château d’Ancon sigue siendo relevante para entender el desarrollo rural y vitivinícola de la región.
De Europa a Mendoza: un diseño pensado como residencia y proyecto productivo
La idea del château llegó con Domingo Lucas Bombal tras su formación en Europa a principios del siglo XX. Inspirado en esa experiencia, impulsó la construcción de la mansión y de la bodega en etapas que se completaron durante las décadas de 1930 y 1950. El conjunto fue concebido como residencia de verano y núcleo de una explotación diversificada: viñedos, frutales, ganado y otras actividades agrícolas.
Los jardines del lugar fueron diseñados por Carlos Thays, el paisajista francés responsable de espacios emblemáticos en Argentina, lo que suma un valor patrimonial y paisajístico a la propiedad.
Un vínculo histórico con la formación agrícola
La relación de la familia Bombal con la agricultura y la capacitación técnica se remonta a comienzos del siglo XX. En ese contexto, se promovieron iniciativas destinadas a la enseñanza y al desarrollo agrícola regional, que incluyeron la donación de tierras y la colaboración con instituciones educativas orientadas a la actividad rural.
Viñedos de altura y terroir extremo
En 1908 la familia plantó viñedos a 1.400 metros sobre el nivel del mar en La Carrera, que durante décadas estuvieron entre los más altos de Mendoza. Ese clima de montaña, con gran oscilación térmica entre el día y la noche, suelos pedregosos y baja humedad relativa, favorece la concentración aromática y la acidez fresca, rasgos especialmente apreciados en Chardonnay y Pinot Noir.
Hoy la finca cuenta con alrededor de 110 hectáreas implantadas, mayoritariamente con Chardonnay y Pinot Noir; el resto se reparte entre Cabernet Sauvignon, Malbec, Sauvignon Blanc y Bonarda. La bodega que se construyó en 1926 sigue activa y produce vinos de mínima intervención, además de comercializar uvas a más de 25 elaboradores regionales.
Estilo de elaboración y producción
Los vinos de Château d’Ancon se producen con un enfoque de intervención controlada para preservar la expresión del terroir de altura: frescura, acidez marcada y perfil aromático fino. La línea incluye espumantes, donde el Pinot Noir resulta especialmente valioso por su capacidad de aportar estructura y delicadeza.
La producción propia alcanza aproximadamente 30.000 botellas de vinificación mínima intervención, mientras que parte de la cosecha se destina a la venta a terceros. En la bodega aún se conservan botellas históricas que muestran la evolución de las variedades y las prácticas de etiqueta a lo largo del siglo pasado.
Una finca multiproductiva: más que vino
Château d’Ancon no es solo viñedos: la propiedad suma unas 2.300 hectáreas donde la papa es un cultivo clave, con alrededor de 1.000 hectáreas dedicadas a su producción. La explotación incluye además nogales, castaños, cría de equinos (con cancha de polo) y un rodeo de Angus que hoy ronda las 450 cabezas, una cifra inferior a la de épocas de mayor escala, cuando llegaron a superar los 10.000 animales.
Enoturismo y gastronomía de proximidad
En los últimos años la finca potenció su oferta turística con la apertura del Wine Spot, un espacio ubicado en el antiguo granero que funciona bajo el concepto kilómetro cero: platos y menús basados en productos de la propia finca o de la región inmediata. La propuesta gastronómica, a cargo del chef Bruno Zerhau, se complementa con experiencias como catas, recorridos por el château, alojamiento en la mansión y cenas que recrean recetas históricas de la familia.
El desarrollo del enoturismo en lugares como Château d’Ancon refleja una tendencia regional: visitantes que buscan experiencias integradas donde arquitectura, paisaje, historia y producción se combinan en visitas sensoriales y formativas.
Por qué importa Château d’Ancon
- Es un testimonio vivo de la transferencia de modelos europeos de finca y de elaboración a Mendoza.
- Sus viñedos de altura anticiparon lo que hoy se reconoce como una de las grandes fortalezas del Valle de Uco: la producción de vinos finos con identidad de montaña.
- La diversificación productiva —desde papas hasta nogales y ganadería— muestra un modelo rural integral que trasciende la monocultura vitivinícola.
- Su apuesta por el enoturismo y la gastronomía local conecta el patrimonio con la demanda contemporánea por experiencias auténticas y sostenibles.
Qué esperar al visitar
Los visitantes pueden recorrer los jardines diseñados por Thays, conocer la bodega histórica, participar en degustaciones de vinos y espumantes de montaña, y disfrutar de menús basados en productos de la finca en el Wine Spot. Las actividades suelen combinar valores patrimoniales con cruces prácticos sobre viticultura de altura y prácticas de mínima intervención en bodega.
Mientras se acerca su centenario en 2026, Château d’Ancon mantiene un equilibrio entre la preservación de su legado y la adaptación a nuevas demandas del turismo y la viticultura, consolidándose como un punto de interés para quienes buscan comprender la historia y la actualidad del vino en Mendoza.





