La zona núcleo argentina, que comprende el corazón productivo de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires, inicia la campaña gruesa 2025/26 con un panorama excepcional. Las lluvias acumuladas desde mayo transformaron un escenario de incertidumbre en uno de franca recuperación, recargando perfiles de suelo y elevando el nivel de las napas a registros que no se veían desde 2020.
Según la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el invierno 2025 fue el más húmedo de los últimos cinco años. Baradero registró 150 mm, Chacabuco 140 mm, Pergamino 120 mm y Rosario 100 mm en agosto, cuando el promedio histórico para ese mes apenas alcanza los 30 mm. Con esos valores, los técnicos afirman que se aseguraron reservas para sostener los cultivos durante los tramos más críticos de la campaña.
Esta recarga marca un punto de inflexión tras años de déficit. La triple Niña, que castigó entre 2020 y 2023, dejó perfiles secos hasta niveles profundos y obligó a cambiar las estrategias productivas. Hoy, la situación es la opuesta: los lotes arrancan con agua en abundancia y la expectativa de una revancha.
Trigo: entre los excesos y el potencial récord
El trigo es el cultivo que ya pisa firme en la región. El 95% de los lotes se califica entre excelente y muy bueno, con fertilizaciones nitrogenadas bien realizadas y perfiles cargados que permiten sostener altos potenciales de rendimiento. En Junín destacan que tanto los ciclos cortos como los largos se encuentran en condiciones óptimas.
Sin embargo, la abundancia de agua también trae complicaciones. En Pergamino y zonas bajas del noreste bonaerense se advierte riesgo de pérdidas por encharcamientos y anegamientos, mientras que en el sudeste cordobés ya apareció roya. Los asesores estiman que este año podrían requerirse hasta tres aplicaciones fungicidas, lo que presiona sobre los márgenes.
A pesar de esas dificultades, la BCR proyecta una cosecha mínima de 7 millones de toneladas de trigo en la región núcleo, un volumen que consolida la revancha del cereal tras años de rindes castigados por la falta de agua.
Maíz temprano: el gran protagonista de la gruesa
El maíz temprano vuelve a ser el gran candidato de la campaña. Antes de 2020 ocupaba más del 90% del área, pero en plena sequía llegó a caer al 30% en la 2022/23. El regreso se consolidó en 2024 con un 88% y este año, gracias al agua acumulada, la proporción alcanzará nuevamente el 90% del total sembrado.
Los productores están planificando la siembra entre el 10 y el 20 de septiembre, fechas que en campañas anteriores resultaban imposibles por la falta de humedad. En Marcos Juárez ya anticipan que arrancarán antes del 15. “Las lluvias de este invierno son el gran diferencial de la campaña”, explican los técnicos de la región.
La apuesta es clara: se apunta a rindes promedio superiores a los 100 quintales por hectárea, con lotes fertilizados que incluso buscan superar los 120 qq/ha. En un país donde la productividad del maíz es clave para el ingreso de divisas, las expectativas se multiplican.
La BCR proyecta un aumento del área sembrada con maíz de entre 15% y 20% respecto a la campaña anterior, cuando se cubrieron 8,3 millones de hectáreas y se produjeron 48,5 millones de toneladas. Con este crecimiento, el cereal se consolida como el gran protagonista de la gruesa 2025/26.
Soja: la incógnita en medio del optimismo
En paralelo, la soja mantiene su lugar en la rotación, aunque con márgenes más ajustados que el maíz. El atractivo de la oleaginosa se redujo en un contexto de precios internacionales más moderados y mayores costos locales.
En el noreste bonaerense, donde la sequía golpeó con fuerza, asesores recomiendan cautela y plantean esquemas 50/50 entre temprano y tardío, evaluando riesgos productivos. Sin embargo, la humedad acumulada abre la puerta a una recuperación de rindes tras varias campañas por debajo del promedio.
La clave estará en cómo evolucione el clima de primavera. Si las lluvias acompañan, la soja podría recuperar protagonismo y aportar volúmenes significativos para sostener las exportaciones.
Riesgos y desafíos en el horizonte
El clima entregó un escenario inmejorable, pero la abundancia de agua también trae riesgos que el agro deberá gestionar. El primero es sanitario: la presión de enfermedades fúngicas en trigo ya se siente, y se teme un resurgimiento de la chicharrita que afectó al maíz en el norte del país.
El segundo desafío es logístico. Los excesos hídricos generan anegamientos que dificultan labores de campo, retrasan aplicaciones y pueden comprometer la cosecha si las lluvias de primavera siguen siendo intensas.
Finalmente, los márgenes económicos siguen condicionados por los costos internos y la presión fiscal. Aunque las expectativas productivas son históricas, los productores señalan que la competitividad dependerá de mantener reglas claras y de poder capitalizar los altos rindes en beneficios reales.
Un arranque con sabor a revancha
La zona núcleo arranca la campaña 2025/26 en pole position. Tras cinco años de adversidades, el clima entregó perfiles recargados, napas activas y un ambiente ideal para sembrar con confianza. El trigo avanza firme, el maíz temprano se consolida como el gran protagonista y la soja mantiene la incógnita de su recuperación.
El agro argentino enfrenta así una oportunidad histórica: transformar el agua acumulada en producciones récord y recomponer la confianza tras años de sequía. El desafío será gestionar los riesgos sanitarios, climáticos y económicos que acompañan a este escenario tan prometedor.





