Tres Argentinas a distinta velocidad: el sur crece, el centro se frena y la región andina retrocede

Un informe de la Universidad Austral mostró que la actividad de Neuquén y Río Negro creció 2,1% hasta julio, el centro avanzó 1,5% y las provincias mineras retrocedieron 2,4%. El mercado laboral amplió las diferencias.

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La economía argentina no se mueve a una sola velocidad. Mientras Neuquén y Río Negro crecieron por encima del promedio nacional durante los primeros siete meses de 2026, el centro agroindustrial avanzó a un ritmo similar al país y las provincias de la región andina registraron una contracción. La distancia se vuelve todavía más visible cuando se incorpora el empleo.

El informe “Drivers regionales de la actividad económica en Argentina”, elaborado por la Universidad Austral con datos disponibles a julio, construyó índices específicos para tres espacios productivos. La Región Centro reúne Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos; la Sur comprende Neuquén y Río Negro; y la Andina agrupa Salta, Jujuy, Mendoza, San Juan y Catamarca.

El objetivo es captar movimientos que los indicadores nacionales tienden a diluir. Agroindustria, hidrocarburos y minería se concentran territorialmente y atraviesan ciclos propios. Cuando una de esas actividades acelera o se frena, el promedio del país no siempre refleja lo que ocurre en las provincias donde tiene mayor peso.

El sur encabezó el crecimiento

Entre enero y julio, la actividad de la Región Sur se ubicó 2,1% por encima del mismo período de 2025. Fue el mejor desempeño entre las tres áreas relevadas. La expansión estuvo asociada al dinamismo de las provincias hidrocarburíferas, con Neuquén como principal motor.

La serie de tendencia mostró un avance de 3,9% respecto de diciembre y un promedio acumulado 7,3% superior al de los primeros siete meses del año anterior. Esos valores no son directamente comparables con el nivel del EMAE, porque los índices tienen metodología y cobertura diferentes, pero permiten observar dirección y velocidad.

El mercado laboral acompañó. La tasa de empleo regional subió 2,7 puntos porcentuales y llegó a 47%, mientras el desempleo bajó 0,7 punto y quedó en 2,5%, el registro más bajo de las regiones analizadas. Neuquén-Plottier explicó buena parte de la mejora: su tasa de empleo aumentó 3,8 puntos y alcanzó 48,9%.

El dato confirma el efecto territorial de las inversiones energéticas. La expansión de una actividad intensiva en capital puede movilizar construcción, servicios, logística, comercio y empleo. Al mismo tiempo, crea tensiones sobre infraestructura, vivienda y costos locales que el índice agregado no describe.

El centro creció, pero el empleo se deterioró

Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos acumularon una expansión de 1,5%, similar a la estimación desestacionalizada del EMAE nacional para el mismo período. Sin embargo, la tendencia de la Región Centro apenas quedó 0,2% por encima de diciembre y su crecimiento mensual se acercó a cero.

El informe señala que esta región se contrajo desde mediados de 2023 hasta fines de 2024. Luego volvió a registrar variaciones positivas, aunque todavía no consolidó una recuperación firme. La agroindustria, el comercio y la industria manufacturera enfrentan señales diferentes según provincia y sector.

La mayor alerta aparece en el trabajo urbano. El desempleo regional subió 2,5 puntos porcentuales en un año y llegó a 10%, por encima del promedio de los 31 aglomerados urbanos. La tasa de empleo cayó 1,1 puntos, hasta 44,8%.

Gran Rosario tuvo el registro más crítico. El desempleo alcanzó 11,5%, con un aumento interanual de 3,8 puntos, el nivel más alto entre los aglomerados relevados por la Encuesta Permanente de Hogares. Gran Córdoba llegó a 10,5% y Gran Santa Fe a 8,6%, también con aumentos.

La combinación entre actividad levemente positiva y deterioro laboral muestra que crecimiento y empleo no avanzan siempre juntos. Puede existir una expansión concentrada en sectores con menor demanda de trabajo, una recuperación insuficiente para absorber población activa o un rezago entre el cambio productivo y las contrataciones.

La región andina quedó en terreno negativo

Salta, Jujuy, Mendoza, San Juan y Catamarca acumularon una caída de 2,4% frente a enero-julio de 2025. Aun así, la tendencia se ubicó 0,7% por encima de diciembre y mantuvo variaciones mensuales positivas, aunque cada vez menores.

El comportamiento refleja un espacio heterogéneo. La minería funciona como uno de sus principales impulsores, pero convive con vitivinicultura, agricultura, turismo, comercio y servicios que no responden de la misma manera. La maduración de proyectos extractivos también requiere plazos largos y puede generar saltos de inversión antes de que aparezca producción efectiva.

El mercado laboral regional se mantuvo relativamente estable. La tasa de empleo quedó en 45,2% y el desempleo en 5,7%. La subocupación, en cambio, aumentó casi un punto y alcanzó 13,5%, la más alta de las tres áreas.

Hacia adentro aparecieron trayectorias distintas. Gran San Juan y Gran Salta mejoraron su tasa de empleo, mientras Gran Mendoza, Jujuy-Palpalá y Gran Catamarca registraron retrocesos. El promedio regional vuelve a ocultar contrastes que son relevantes para políticas productivas y laborales.

Una desaceleración compartida

Aunque los niveles difieren, las tres regiones muestran una pérdida gradual de velocidad. Durante los últimos doce meses, el componente de tendencia siguió creciendo mes a mes, pero con incrementos cada vez menores.

En el sur, la variación mensual pasó de 0,63% a 0,53%. En la región andina disminuyó de 0,16% a 0,10%. En el centro, que ya se movía a un ritmo reducido, bajó de 0,04% a 0,02%. El indicador nacional también sugiere moderación: el promedio de enero-julio creció 2% interanual, pero en julio la tendencia se ubicó 1,4% por encima de diciembre.

La diferencia entre nivel y velocidad es importante. Una región puede continuar expandiéndose y, al mismo tiempo, hacerlo cada mes con menor intensidad. Si esa desaceleración persiste, puede anticipar una fase de estancamiento; si se revierte, habrá sido una pausa dentro del ciclo.

Cómo se construyen los índices regionales

Los Índices Locales de Ciclo Económico combinan seis series mensuales: empleo privado registrado, ventas de naftas, demanda eléctrica, despachos de cemento, recaudación provincial y patentamientos. Los indicadores provinciales se agregan según la participación de cada jurisdicción en el valor agregado bruto regional.

La metodología sigue enfoques de índices coincidentes utilizados para estimar un factor común no observable. No mide exactamente lo mismo que el EMAE del INDEC, que se basa en información sectorial nacional. Por eso, la Universidad Austral recomienda comparar fases y dirección, no magnitudes absolutas.

También existen diferencias de cobertura en los datos laborales. La EPH representa aglomerados urbanos y no la totalidad de cada provincia. La tasa de Neuquén-Plottier, por ejemplo, no describe todos los municipios neuquinos, y lo mismo ocurre con Rosario, Córdoba o Mendoza.

El promedio nacional ya no alcanza

El informe deja una conclusión política y empresaria: evaluar la economía sólo con un número nacional puede conducir a decisiones incompletas. La demanda laboral, el consumo, la inversión y la recaudación siguen mapas diferentes según el motor productivo dominante.

En el sur, la energía sostiene actividad y empleo. En el centro, la expansión no impidió que el desempleo urbano aumentara con fuerza. En la región andina, la contracción acumulada convive con proyectos mineros y mercados laborales dispares.

Las tres velocidades obligan a diseñar respuestas específicas. Infraestructura y vivienda son prioritarias donde la actividad acelera; recuperación del empleo y competitividad resultan urgentes donde el producto crece poco; capacitación, proveedores locales y encadenamientos aparecen como desafíos en zonas que esperan inversiones mineras.

La economía argentina puede exhibir una cifra agregada positiva y, al mismo tiempo, dejar regiones con experiencias opuestas. Mirar los drivers territoriales no reemplaza al indicador nacional. Lo completa y revela dónde el crecimiento se convierte en empleo, dónde pierde fuerza y dónde todavía no alcanza para sacar a la actividad del retroceso.

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