Yamila Farrell, 29, presidenta de la Asociación Rural de Chivilcoy, destaca avances y reclama atención

Creció en una familia de productores agropecuarios y comenzó a participar en la entidad cuando tenía 20 años; en octubre de 2025 se convirtió en la primera mujer en conducir la institución en sus 78 años de historia

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Con apenas 28 años cuando asumió la presidencia en octubre de 2025, Yamila Farrell se convirtió en la primera mujer al frente de la Asociación Rural de Chivilcoy en sus 78 años de historia, un hecho que combina valor simbólico y real para el sector local. Esta designación pone en foco el fenómeno del recambio generacional en el campo argentino y las demandas concretas que condicionan la producción y la inversión.

Nacida en una familia que suma quinta y sexta generación de productores, Farrell creció entre exposiciones, tareas agrícolas y encuentros institucionales que marcaron su vínculo con el territorio. Esa formación práctica y comunitaria la llevó a incorporarse al Ateneo juvenil y a recorrer paso a paso la dirección institucional hasta llegar a la presidencia.

Su participación empezó alrededor de los 20 años, tras la incorporación temprana de su hermano a la comisión, y se consolidó en un proceso interno que, a principios de 2025, culminó con una lista única para la renovación de autoridades. La decisión de dar lugar a dirigentes más jóvenes fue concertada por parte de una comisión que buscó dar continuidad sin perder la experiencia de las generaciones anteriores.

Asumir como presidenta implicó para Farrell pasar de ser parte de equipos de trabajo a convertirse en la voz pública de decisiones, proyectos y gestiones de la Rural de Chivilcoy. Ella destaca que esa visibilidad es manejable gracias a una comisión que prioriza el diálogo y la toma colectiva de decisiones, lo que facilita la gobernanza local.

Del Ateneo a la presidencia: la renovación como estrategia

El paso del Ateneo juvenil a la dirigencia institucional muestra cómo la organización canaliza la relección de líderes y la formación de capital social en el campo local. Para Farrell, esa continuidad es una señal de valores compartidos: sentido de pertenencia, resiliencia y vocación productiva frente a ciclos variables.

La experiencia personal de haber vivido hitos como el conflicto por la resolución 125 en 2008 contribuyó a su comprensión de la dimensión política del sector y a la importancia de las entidades rurales como canal de representación. Esa memoria colectiva también motiva a los jóvenes dirigentes a combinar defensa de intereses con propuestas técnicas y de gestión que mejoren la competitividad.

En su perfil cotidiano, Farrell administra parte de la producción familiar y trabaja de manera remota para una consultora, reservando fines de semana y feriados para visitar los establecimientos. Esa doble actividad es representativa de una generación que articula trabajo profesional y responsabilidades productivas en entornos rurales y urbanos.

Entre las preocupaciones que traslada la dirigente están la necesidad de eliminar definitivamente las retenciones y la mejora de la infraestructura, sobre todo de las rutas y caminos rurales, condiciones que impactan directamente en costos logísticos y competitividad. A la par, advierte sobre el riesgo de inundaciones en distintas zonas de la provincia de Buenos Aires, un desafío creciente por el cambio climático y la necesidad de mejores obras de drenaje.

Ganadería, políticas y el desafío de sostener la actividad

En el plano ganadero, Farrell señala una mayor confianza entre los productores por la recuperación de precios y la apertura de mercados, lo que impulsa inversiones en genética y alimentación de rodeos. Desde la Rural de Chivilcoy, explica, buscan acompañar tanto a quienes están en mejores condiciones como a los que enfrentan emergencias productivas, actuando como voz colectiva.

La combinación de liderazgo joven y enfoque colaborativo abre espacio para incorporar herramientas de tecnología agropecuaria, gestión digital y capacitación técnico-económica que faciliten decisiones en tiempo real. Ese salto no solo tiene impacto productivo, sino también electoral: la presencia de jóvenes rurales y de liderazgo femenino puede mejorar la representatividad y la conexión con nuevas audiencias y mercados.

El caso de Farrell es, en definitiva, un ejemplo de cómo las entidades rurales pueden modernizar su conducción sin romper con tradiciones familiares y comunitarias que sostienen la producción. Si la tendencia se afianza, el sector necesitará políticas públicas que favorezcan la inversión, reduzcan la incertidumbre fiscal y mitiguen riesgos climáticos para que esa renovación sea sustentable en el tiempo.

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