El diputado nacional por Córdoba, Luis Picat, presentó en Buenos Aires los resultados de su maestría sobre derechos de exportación y retenciones, comparando el caso argentino con Brasil y Estados Unidos. La charla, organizada por la Fundación Barbechando, buscó dar argumentos técnicos a un debate que sigue marcando la política agropecuaria nacional.
Al encuentro asistieron legisladores de distintas fuerzas y representantes del sector productivo, lo que revela el interés transversal por el tema. Entre los presentes estuvieron referentes de Bolsas, cámaras exportadoras y entidades agropecuarias que aportaron datos y preguntas públicas.

El trabajo concluye que existe una divergencia significativa en la evolución de la productividad entre Argentina, Brasil y Estados Unidos. Mientras Brasil y EE. UU. muestran aumentos en su TFP, Argentina evidencia estancamiento atribuido a la presión fiscal y a distorsiones cambiarias.
Ese diagnóstico importa porque afecta las decisiones de siembra y la competitividad del país en mercados internacionales. La señal principal para productores y formuladores de política es que los impuestos a la exportación modifican la asignación de superficie y la inversión en tecnología.
Las retenciones bajo la lupa
Picat explicó que los efectos son más visibles en cultivos intensivos como el maíz y el trigo, que reaccionan a una reducción de la carga tributaria. En escenarios de incertidumbre fiscal la soja funciona como cultivo refugio, atrayendo superficie frente a otros cultivos.
El análisis econométrico del estudio valida la racionalidad del productor argentino y muestra una elevada elasticidad de la oferta y de la asignación de superficie. Esa elasticidad confirma que cambios en impuestos y precios relativos trasladan decisiones de siembra a corto y mediano plazo.

Durante la exposición, Picat diferenció técnicamente entre retenciones y derechos de exportación, dos conceptos que suelen usarse como sinónimos en el debate público. Señaló que entender esa distinción es clave para diseñar políticas coherentes y predecibles para el sector agropecuario.
Según su explicación, los derechos de exportación son un impuesto sobre exportaciones con potestad del Ejecutivo y aval del Congreso, mientras que las retenciones se vinculan a un diferencial por el valor del dólar fijado por el Banco Central. Esa distinción histórica remite a instrumentos usados desde 1955 para intentar condicionar precios relativos en contextos de crisis.
Las “retenciones” y los “derechos de exportación”
El coeficiente de correlación del estudio muestra que cuando suben las retenciones aumenta la superficie de soja en detrimento del maíz y el trigo. Ese desplazamiento se observa al comparar series de producción y superficie a lo largo de 22 años.
El efecto tiene consecuencias concretas: menor diversificación de cultivos y menor agregado de valor en origen por concentrarse la producción en una oleaginosa. Para el sector, esa dinámica limita oportunidades de industrialización y cadenas de valor locales.

En su recorrido histórico, Picat describió cuatro etapas del modelo económico argentino desde fines del siglo XIX hasta hoy, con periodos de liberalismo, sustitución de importaciones y aperturas sucesivas. Esa evolución permite comprender por qué los instrumentos tributarios y cambiarios han sido recurrentes respuestas ante desequilibrios macroeconómicos.
El diputado advirtió que en la práctica las retenciones terminaron conformando una especie de triple imposición cuando se combinan con brechas cambiarias y otros gravámenes. Esa carga compuesta explica parte del estancamiento productivo que documenta el trabajo académico.

El rol de las devaluaciones
Picat puso foco además en episodios de devaluación que incidieron fuertemente en la estructura de la economía y en la relación entre el agro y la industria. Recordó que el crecimiento agropecuario y la expansión industrial estuvieron históricamente relacionados por la necesidad de infraestructura y servicios.
En su diagnóstico, las devaluaciones suelen activar el uso de derechos de exportación como recurso compensatorio del Estado para afrontar pérdidas fiscales. Esa práctica, a su juicio, genera incentivos perversos y compromete la previsibilidad que necesita la inversión en el campo.

Argentina vs. Brasil y Estados Unidos
La comparación internacional del estudio fue categórica: Estados Unidos y Brasil llevan ventaja en productividad total de factores gracias a políticas de incentivo, infraestructura y mayor inversión pública en I+D. Argentina, en cambio, exhibe menor inversión en valores absolutos y una mayor dependencia de mecanismos tributarios para equilibrar las cuentas.
Picat destacó que mientras Brasil avanzó en valor agregado —con sectores como bioetanol, cerdo y pollo—, en Argentina la exportación sigue concentrada en commodities. Según su lectura, el país exporta cerca del 70 % en forma de materias primas y solo el 30 % con mayor valor agregado, lo que limita rendimientos a largo plazo.

Una de las conclusiones del estudio apunta a que más inversión en I+D y en servicios generales aumentaría la intención de producción y permitiría mejor aprovechamiento de la tierra. Sin embargo, variables como las retenciones y las intervenciones siguen siendo determinantes que pueden frenar esa respuesta positiva.
Para Picat la lección es clara: sin macro estable y señales previsibles es difícil que las políticas de incentivo y la inversión privada logren los efectos necesarios en productividad. El debate que propone su trabajo apunta a consolidar evidencias técnicas para discutir alternativas fiscales y de política agrícola con impacto real en el campo.



