Riego gana impulso con RIMI y beneficios fiscales al reducir IVA sobre costo eléctrico

En el Congreso Aapresid, el riego también fue protagonista, de la mano de la firma Valley. Su gerente y un productor destacaron las diferentes políticas de impulso para la inversión. "Dependiendo de tu situación de Ganancias, un equipo puede salirte hasta gratis", resumieron.

Argentina tiene delante un desafío que podría redefinir su producción agrícola si se acelera la adopción del riego: hoy la superficie con sistemas modernos es todavía limitada frente a un enorme potencial sin explotar. La velocidad de incorporación de la tecnología será clave para transformar esa oportunidad en kilos y dólares reales para los productores.

Según Nahuel Lo Cane, gerente general de Valley, los equipos de esa firma en el país están instalados en entre 450.000 y 500.000 hectáreas, una cifra que contrasta con un potencial adicional estimado en 6,2 millones de hectáreas. Argentina cuenta hoy con 2,1 millones de hectáreas irrigadas, aunque una parte importante sigue usando riego por inundación y no sistemas más eficientes.

En los mejores años se incorporan apenas entre 50.000 y 60.000 hectáreas al riego, un ritmo que, si se mantiene, llevará décadas en cerrar la brecha con el potencial identificado. La barrera no es sólo la disponibilidad de tecnología, sino la velocidad con la que los productores deciden invertir y transformar sus planteos.

El riego cambia la ecuación productiva

Más allá de mitigar la sequía, el acceso al agua disponible permite planificar con objetivos de rendimiento y ajustar densidades, fertilización y manejo sanitario para alcanzarlos. Valley calcula aumentos de rendimiento de entre 3.000 y 4.000 kilos de maíz por hectárea y entre 1.000 y 2.000 kilos de soja en un año climático normal.

El efecto sobre la previsibilidad es tangible en ejemplos concretos: en un establecimiento de Entre Ríos con riego por pivote el maíz alcanzó 12.000 kilos por hectárea, frente a los 5.000 kilos de un planteo en secano cercano. Productores como Martín De Maussion, que opera principalmente con pivote central en Córdoba y Santiago del Estero, destacan que la mayor motivación fue dejar de depender del azar climático.

RIMI y energía: la nueva ecuación para invertir

Los incentivos fiscales y cambios regulatorios aparecen como palancas para acelerar la adopción del riego, porque mejoran la relación entre costo y retorno de la inversión. La eliminación del Impuesto PAIS también contribuye a reducir los costos vinculados con la importación y el ensamblaje de equipos, abaratando la puerta de entrada a la tecnología.

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Lo Cane subrayó que el régimen RIMI permite una amortización acelerada, la devolución anticipada del IVA y la reducción de la alícuota sobre la energía eléctrica utilizada para riego, que pasó del 27 % al 10,5 %. Menos IVA en la energía impacta directamente en el costo por milímetro de agua aplicado, una variable clave para la cuenta de resultados del riego.

Para productores como De Maussion la caída del IVA eléctrico fue un cambio de escala en los costos operativos del sistema de riego. La energía es uno de los principales componentes del costo de operar un pivote central y cualquier reducción en ese frente mejora la rentabilidad del proyecto.

El crédito, la otra pieza que falta

Aunque los incentivos fiscales alivian la ecuación, el acceso a financiamiento adaptado al ciclo agrícola sigue siendo un cuello de botella para muchos productores. Desde la compra hasta la puesta en marcha de un equipo pueden pasar ocho meses, y el primer rendimiento adicional suele llegar después de esa fecha, por lo que las condiciones de crédito deben contemplar ese desfase.

Alternativas como el leasing a cinco o siete años ya han empezado a facilitar el acceso a la tecnología y, según experiencias, el diferencial de producción puede amortizar la inversión en pocos años si hay disponibilidad de agua de calidad. Valley propone períodos de gracia de 2 años y luego un repago en 4 o 5 años para que los plazos financieros coincidan con la realidad productiva.

La combinación de incentivos fiscales, menores costos energéticos y financiamiento alineado con el ciclo del campo puede acelerar la expansión del riego y reducir la incertidumbre climática que hoy pesa sobre los márgenes. El desafío es convertir las 6,2 millones de hectáreas de potencial en nuevas superficies productivas y lograr que la adopción crezca a una velocidad compatible con las oportunidades económicas que ofrece.

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