Ese día, durante la final del J-Bay Open, sufrió el ataque de un enorme tiburón blanco, al cual logró alejar con puñetazos y patadas.
La obra de Fanning, intitulada “All Heart (Todo Corazón)”, revela precisiones del episodio que vivió el 19 de julio de 2015, en las aguas de Jeffreys Bay, Sudáfrica.
En un instante, una sacudida lo derriba y, lanzado de su tabla y arrastrado hacia abajo por el cable de seguridad atado a su tobillo, comprende al instante la situación en la que se encuentra: frente a él, “la inconfundible aleta de un tiburón”.
“Oigo un gran chapoteo detrás de mí. Miro por encima de mi hombro izquierdo y vislumbro una enorme silueta oscura en el agua. Me invade un miedo terrible. ¨Qué demonios es eso?”, inicia el relato de Fanning, quien esperaba el momento apropiado para iniciar su intento.
“Un segundo de pánico total. Entonces: zas! La cola del tiburón se abalanzó y me golpeó en la mejilla izquierda… Me arrastró hacia las aguas turbulentas con tal fuerza que casi me arranca la pierna de cuajo”, cuenta Fanning.
Este momento de revelación quedó grabado en imágenes de TV, mostrando a Fanning agarrando su tabla con desesperación antes de que una ola le impida ver y la cámara se apague por completo.
“Fue entonces cuando empecé a gritar. El tiburón se abalanza sobre mí de lado y empiezo a golpearlo a ciegas con los puños, gritando, dando puñetazos y patadas”, evoca Fanning.
El australiano añade que, al emerger, el animal se dirigió directamente hacia él “como un torpedo”.
Ya en la lancha de rescate, sanos y salvos, “ambos empezamos a reír como locos, embriagados por la adrenalina y el puro alivio, como si hubiéramos ganado una guerra, burlado a la muerte”, reconoció.
“Me sacude como una hoja. Vuelvo a caer entre las olas, y cuando mi cabeza emerge, lo veo nadando lejos de mí hacia el horizonte”, completa el australiano, quien recordó además a su compatriota y rival Julian Wilson, impasible, nadando hacia él para ayudarlo pese a sus insultos para que no corriera riesgo.
Fue viendo la repetición de la transmisión en directo en las oficinas de la organización cuando Fanning comprendió realmente lo que había sucedido.
Un estado de trance y pura adrenalina que no duró mucho: al llegar a tierra, encontraron a los demás surfistas en estado de shock y llorando, petrificados por el terror.
“De repente, ya no me sentía invencible. Simplemente me sentía muy, muy afortunado”, completa Fanning. (ANSA).
Al ver el tamaño del animal, de más de 3 metros y medio de largo, su percepción cambió radicalmente, mientras que los recuerdos de su madre en la televisión y el abrazo de su esposa, Bec, lo hicieron romper a llorar.



