La baja de retenciones, anunciada como una medida permanente, generó un alivio concreto para la producción de granos en Argentina. Según un informe elaborado por Franco Artusso, investigador del Instituto de Estudios Económicos de la Fundación Mediterránea (IERAL), la reducción de derechos de exportación mejora los márgenes y aporta previsibilidad. Sin embargo, la presión tributaria sigue siendo tan alta que, en muchos casos, la rentabilidad continúa en terreno negativo, especialmente para productores que alquilan tierra o están lejos de los puertos.
El estudio analiza el impacto de la medida en la campaña 2025/26 y lo compara con un escenario contrafáctico en el que las alícuotas se mantenían sin cambios. También incluye una comparación histórica con los promedios de rentabilidad de las últimas ocho campañas, para ubicar los números en perspectiva.
Cuánto mejora la rentabilidad y quiénes siguen perdiendo
El trabajo del IERAL contempla cuatro modelos de productor: propietarios y arrendatarios, tanto en la zona núcleo (sudeste de Córdoba, sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires) como en la zona extrapampeana (norte de Córdoba, Santiago del Estero y otras áreas del centro-norte del país). Se toma como base un establecimiento de 500 hectáreas con una rotación 50% soja y 50% maíz, con exportación del 90% de la soja y del 70% del maíz.
Los resultados muestran que la rentabilidad neta después de impuestos mejora entre 31,6 y 60,5 dólares por hectárea. En zona núcleo, un productor propietario gana 60,5 dólares adicionales y en la extrapampeana, 47,5 dólares. Para arrendatarios, la mejora es menor: 31,6 dólares en zona núcleo y 40,3 en la extrapampeana. En este último caso, la baja de retenciones apenas reduce pérdidas, pasando de –68 dólares a –28 por hectárea.
El informe remarca que, aun con el alivio, la presión tributaria total sigue superando el 50% en todos los casos. En los productores extrapampeanos que alquilan, la carga impositiva trepa al 112%, lo que significa que por cada dólar de ingreso neto pierden más de uno en impuestos. Bajo estas condiciones, el modelo concluye que esa tierra directamente no se sembraría, porque el negocio sería inviable.
Impacto en la recaudación nacional y provincial
La reducción de retenciones implica una caída de la recaudación por este concepto de entre 53,9 y 71,8 dólares por hectárea, equivalente a un 22% menos que en el escenario anterior. Sin embargo, la baja en la recaudación total (sumando Nación y provincias) es más moderada, entre el 9% y el 15%, gracias a un aumento en el cobro del impuesto a las ganancias y, en menor medida, de tributos como ingresos brutos y el impuesto al cheque.
Mientras la Nación pierde entre 37 y 60,7 dólares por hectárea (15-18% menos), las provincias salen ganando: su recaudación aumenta entre 6,2 y 14,6 dólares por hectárea (12-21% más). Este efecto se da porque una mayor rentabilidad genera más base imponible para tributos provinciales.
Un alivio que no alcanza para revertir la historia
Si se comparan los márgenes agrícolas proyectados para 2025/26 con el promedio de las últimas ocho campañas (2017/18–2024/25), los números siguen siendo peores. La baja parcial de retenciones no logra cerrar la brecha: los márgenes están entre 23 y 103 dólares por hectárea por debajo de aquel promedio histórico, según zona y condición de tenencia de la tierra.
La presión tributaria proyectada para 2025/26 se mantiene en niveles muy similares a los de las últimas ocho campañas. El informe subraya que, aunque se reduce entre 6 y 14 puntos porcentuales por la desgravación, continúa siendo “muy elevada” y un obstáculo para la competitividad.
La advertencia para zonas marginales
Para Franco Artusso, el problema no es solo de rentabilidad, sino de viabilidad productiva en ciertas regiones. “Los impuestos vuelven inviable la actividad en zonas marginales, de menor productividad y mayor distancia a los puertos, especialmente si hay que pagar alquiler”, sostiene. El investigador advierte que, sin cambios más profundos en la estructura tributaria, muchas tierras quedarán fuera de producción.
Sin embargo, también plantea un escenario posible de recuperación: “Si continúa el proceso de desgravación de las retenciones, muchas de estas tierras podrían volverse rentables y reactivarse la expansión de la frontera agrícola”.
Un futuro condicionado por costos y logística
El estudio del IERAL también recuerda que las diferencias de rentabilidad entre zonas responden a varios factores: productividad del suelo, distancia a puerto —que influye directamente en el costo del transporte— y costos de insumos y labores según la ubicación. Para arrendatarios, el peso del alquiler (15 quintales de soja por hectárea en la zona núcleo y 8 en la extrapampeana) es determinante para definir si el negocio cierra o no.
El trabajo asume precios FOB de U$S 420 por tonelada para la soja y U$S 214 para el maíz (promedio marzo-agosto 2026), con costos en dólares reales similares a los de mediados de 2025. Esto significa que cualquier variación de precios o insumos podría modificar el delicado equilibrio de márgenes calculado.





