El final del invierno no es un tiempo muerto para el jardín. Es el momento en que se define buena parte de la cobertura que tendrá el césped durante la primavera y el verano: los manchones que dejaron las malezas, el frío y la humedad pueden ser ocupados por nuevas especies indeseadas o convertirse en el punto de partida para recuperar una carpeta verde más pareja.
En diálogo con Palabra de Campo, la ingeniera agrónoma Anabel Didlaukis, de Growing Agrodistribuidora, explicó que el objetivo inmediato es cubrir rápidamente esos espacios sin impedir el posterior avance de las especies estivales.
Resembrar para que las malezas no ganen espacio
Mientras la bermuda, el quicuyo y la grama permanecen lentos por las bajas temperaturas, las especies de invierno pueden ofrecer una respuesta mucho más veloz. “Hasta que no levante 25 grados, nuestro césped de verano va a estar lento”, señaló la especialista.
La estrategia consiste en resembrar con raigrás anual o perenne y, según el caso, festucas. Estas especies pueden germinar en pocos días y cubrir los sectores descubiertos mientras aumenta la temperatura. Como tienen crecimiento vertical, no compiten de la misma manera con la expansión rastrera de los céspedes de verano.
Didlaukis recomendó observar qué especie ya está mejor adaptada a cada jardín. Si el quicuyo coloniza con fuerza y resiste la humedad, las malezas y los insectos, puede ser más razonable fortalecerlo que insistir con una especie que no responde bien al ambiente.
La altura del corte también protege el suelo
Durante los días frescos conviene evitar los cortes demasiado bajos. La cobertura funciona como un colchón que modera la temperatura del suelo y protege raíces y estolones frente a las heladas. En esta etapa, un despunte cada diez o quince días puede estimular el crecimiento sin dejar expuesto el sistema que deberá rebrotar con el calor.
A medida que sube la temperatura, el corte puede bajarse gradualmente para permitir que la luz y el aire lleguen a la base. Ese manejo favorece la expansión de bermuda, quicuyo o grama y reduce el espacio disponible para las malezas de primavera y verano.
Las señales que dejan las plagas
Un camino nítido que aparece de un día para otro suele indicar actividad de hormigas. Los pequeños agujeros y manchones que se agrandan pueden estar vinculados con gusanos blancos, que dañan raíces y estolones. Las montañitas de tierra, en cambio, son una señal característica del grillotopo, un insecto de hábitos nocturnos adaptado para cavar.
La especialista mencionó tratamientos insecticidas para estos casos, pero el uso debe ajustarse estrictamente al marbete y a las plagas autorizadas. En el caso de Fendona 6 SC, la etiqueta vigente en Argentina exige aplicar sin personas ni animales presentes, utilizar protección y evitar el reingreso hasta que las superficies estén secas. Ante dudas, corresponde consultar a un profesional y no extrapolar indicaciones a plagas que no figuren en el registro.
La clave, antes que buscar una única receta, es leer el jardín: reconocer la cobertura que mejor funciona, cerrar rápidamente los claros y detectar a tiempo las señales que aparecen en el suelo. Esa combinación puede evitar que la primavera encuentre un césped debilitado justo cuando comienza su etapa de mayor crecimiento.



