Mientras la producción lechera argentina muestra señales de recuperación y las exportaciones vuelven a ganar protagonismo, el mercado interno sigue sin encontrar un piso firme. Los datos más recientes del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) muestran que las ventas de lácteos en supermercados y autoservicios mayoristas continúan perdiendo poder de compra frente a la inflación, reflejando que las familias mantienen un consumo cauteloso incluso en un contexto de desaceleración de los precios.
El trabajo, elaborado a partir de estadísticas oficiales del INDEC, revela que durante abril las ventas de productos lácteos en supermercados alcanzaron $271.605 millones, un incremento nominal del 21,5% respecto del mismo mes del año pasado. Sin embargo, una vez descontado el efecto de la inflación, las ventas medidas en pesos constantes retrocedieron un 9,3% interanual.
El panorama resulta aún más marcado cuando se observa el acumulado de enero a abril. En ese período, las ventas crecieron 22,5% en valores corrientes, pero registraron una caída real del 10,2%, confirmando que el consumidor continúa ajustando sus compras.
Más producción, pero un mercado interno que no acompaña
El comportamiento del consumo aparece en un momento particular para la cadena láctea argentina. Luego de un 2024 complejo por cuestiones climáticas y económicas, la producción de leche comenzó a recuperarse durante 2025 y consolidó ese crecimiento en 2026, generando una mayor disponibilidad de materia prima para la industria.

Al mismo tiempo, las exportaciones de productos lácteos también mostraron una evolución positiva gracias a una mayor competitividad y a una mejora de algunos mercados internacionales.
Sin embargo, el consumo doméstico no logró acompañar ese crecimiento de la oferta, generando un escenario donde las empresas encuentran mayores dificultades para sostener precios y márgenes de rentabilidad.
Precisamente, el OCLA señala que la sobreoferta existente en el mercado interno estaría limitando los aumentos de precios de los lácteos, que crecieron por debajo de la inflación general. Esa situación termina reflejándose en una caída del valor real de las ventas.
Las familias priorizan productos básicos
El informe también deja entrever un cambio en los hábitos de compra.
Aunque no presenta un desglose por categoría, el Observatorio sostiene que es probable que los consumidores estén orientando sus compras hacia productos más económicos, reduciendo la adquisición de alimentos con mayor valor agregado.
Eso significa que productos como la leche fluida, quesos de consumo cotidiano o presentaciones económicas ganarían participación frente a yogures, postres, quesos especiales y otras opciones de mayor precio.
Se trata de un comportamiento que coincide con la evolución observada en otras categorías de alimentos, donde las familias priorizan mantener el volumen de compra reduciendo el gasto promedio por producto.
Una recuperación que todavía no llega
Uno de los aspectos más interesantes del informe es la evolución histórica.
Los gráficos elaborados por el OCLA muestran que las ventas reales de lácteos todavía permanecen por debajo de los niveles observados antes de la fuerte caída registrada durante 2024.
Si bien durante 2025 hubo una recuperación parcial, el mercado interno no logró volver a los niveles anteriores, y durante los primeros meses de 2026 volvió a mostrar señales de debilidad.
En otras palabras, el consumo aún no acompaña la recuperación que sí comenzó a observarse en otros indicadores de la economía.
Una tendencia que lleva varios años
El estudio también incorpora una serie histórica de los últimos diez años ajustada por inflación.
La conclusión resulta contundente: el deterioro del valor real de las ventas de lácteos en supermercados no responde únicamente a la coyuntura actual, sino que forma parte de una tendencia descendente de largo plazo que sólo mostró recuperaciones parciales en algunos períodos.
Esa evolución refleja cambios en el poder adquisitivo de los hogares, en los hábitos de consumo y también en la creciente competencia de otros canales comerciales.
Los lácteos mantienen su peso dentro del supermercado
A pesar de la caída en términos reales, los productos lácteos continúan ocupando un lugar relevante dentro de la canasta de consumo.

Durante abril representaron el 11,3% de todas las ventas realizadas por los supermercados, una participación muy similar a la registrada históricamente para ese mes.
Esto indica que la categoría mantiene su importancia relativa dentro de las compras de alimentos, aunque el gasto destinado a ella perdió capacidad frente al aumento general de los precios.
También cae el poder de compra en los mayoristas
La situación no cambia demasiado cuando se observan los autoservicios mayoristas.
En abril las ventas de lácteos alcanzaron $19.074 millones, con un incremento nominal del 26,4% respecto del año anterior. Sin embargo, ese crecimiento también quedó por debajo de la inflación, lo que implica una nueva pérdida del valor real comercializado.
Los lácteos representaron el 5,3% de las ventas totales de ese canal, una participación sensiblemente inferior a la observada en supermercados.
Cambian también las formas de pago
Otro dato que surge del informe es la transformación de los medios de pago utilizados por los consumidores.
Las tarjetas de crédito continúan siendo el principal instrumento para realizar compras de alimentos, seguidas por las tarjetas de débito. En paralelo, los llamados “otros medios de pago” —donde se incluyen billeteras virtuales y sistemas digitales— registraron el mayor crecimiento interanual, con una suba cercana al 58%.
El efectivo, en cambio, continúa perdiendo participación dentro de las operaciones.
Un mercado que necesita recuperar al consumidor
Los datos del OCLA muestran una realidad compleja para toda la cadena láctea. La producción se recupera, las exportaciones ofrecen nuevas oportunidades y la oferta de productos aumenta, pero el mercado interno todavía no logra absorber ese crecimiento.
En ese contexto, la competencia se traslada a los precios, las promociones y la búsqueda de eficiencia industrial, mientras el consumo permanece condicionado por el poder adquisitivo de los hogares.
Para el sector, el desafío ya no pasa únicamente por producir más leche, sino por recuperar la capacidad de compra del consumidor argentino, un factor que continúa siendo determinante para el equilibrio del negocio.


