De la poda a la taza: la hoja de olivo abre un nuevo mercado para la olivicultura
En Mendoza, la empresa Zuelo lanzó Olea, una infusión a base de hoja de olivo que busca convertir un subproducto en una oportunidad comercial y funcional.
El movimiento llega tras la incorporación de la hoja de olivo como producto apto para infusiones en el Código Alimentario Argentino, legalizada en diciembre de 2025, y puede impactar en la cadena de valor del sector.
De residuo a producto: cómo nació Olea
Zuelo comenzó a investigar usos no convencionales del olivo hace más de un año y desarrolló su infusión mientras avanzaba el trámite regulatorio, según contó Miguel Zuccardi.
La materia prima procede de la poda: las hojas se lavan, secan, muelen y tamizan para obtener un polvo de granulometría homogénea antes del envasado.
La primera partida fue de 5.000 envases de 80 gramos, una escala experimental que permitirá medir la recepción del consumidor y ajustar la producción.
La decisión técnica obedeció a un hallazgo simple y relevante: la hoja presenta una elevada concentración de oleuropeína, un polifenol altamente soluble en agua con potencial funcional.
Qué dice la ciencia y qué falta demostrar
Los especialistas señalan que la fracción fenólica del olivo explica buena parte de sus propiedades y que, en la hoja, esos compuestos están en concentraciones superiores a las del aceite.
Fabio Nachman, de la Fundación Favaloro, recuerda que existen alrededor de 500 publicaciones científicas sobre la hoja de olivo, aunque la mayoría son estudios preclínicos o en animales.
Por ahora, la evidencia clínica es limitada y los expertos advierten que estos productos deben considerarse complementos dentro de un estilo de vida saludable y no como sustitutos de tratamientos médicos.
Entre los efectos estudiados aparecen la inhibición de la oxidación del colesterol LDL y la promoción de la liberación de óxido nítrico, vías vinculadas con la salud cardiovascular.
Mercado, valor agregado y sustentabilidad
Zuelo apuesta a que la infusión de hoja de olivo capture un mercado orientado a productos funcionales más que al gusto, y planea iniciar la distribución en comercios de alimentación saludable.
La iniciativa encaja en una estrategia de valorización de subproductos del olivo frente a un contexto productivo exigente: producir en zonas de baja disponibilidad hídrica obliga a maximizar el valor por hectárea.
Además de la hoja, la empresa considera que residuos como el alperujo guardan potencial para nuevas líneas industriales, lo que aportaría renta y reducción de desperdicios.
En el plano internacional ya existen aplicaciones farmacéuticas y nutracéuticas de los extractos de hoja, mientras que en Estados Unidos se usan en suplementos solubles para apoyo inmunológico y cardiovascular.
El desafío doméstico será construir conocimiento y hábito de consumo en Argentina, donde la propuesta aún resulta novedosa para la mayoría de los consumidores.
Si la respuesta del mercado acompaña, la transformación de la hoja de descarte en un producto de consumo podría convertirse en una vía concreta para agregar valor en la cadena olivícola nacional.



