Un julio y agosto sin precipitaciones significativas pero con humedad relativa alta demoraron la cosecha de maíz y dejaron cultivos expuestos a eventos de viento más dañinos.
En el centro-norte de Córdoba se registraron pérdidas severas en lotes de maíz por ráfagas de gran intensidad, lo que vuelve urgente revisar prácticas de manejo.
Esperar a que mejore el tiempo tiene sus riesgos porque el cultivo maduro incrementa su susceptibilidad al daño por viento, que se manifiesta como descalzado de la planta y quebrado del tallo tanto por encima como por debajo de la inserción de la espiga.
Frente a ese riesgo se recomiendan medidas como optar por híbridos tolerantes, variar fechas de siembra, no excederse en la densidad ni en la dosis de fertilizante y alternar el sentido de siembra (N-S y E-O).
CÓMO EVITAR O REDUCIR LOS DAÑOS POR VIENTO EN MAÍZ
Las decisiones agronómicas durante la campaña pueden atenuar el impacto de las ráfagas, pero ninguna práctica por sí sola asegura evitar el daño.
En la práctica se observa un antagonismo entre rendimiento en grano y tolerancia al vuelco, por lo que las estrategias deben equilibrar productividad y resiliencia del cultivo.
Desde el mejoramiento vegetal conviene priorizar plantas más bajas con inserción de la espiga baja y secciones transversales del tallo de mayor diámetro y robustez en el nudo de inserción.
Estos rasgos morfofisiológicos ayudan a reducir la probabilidad de quiebras y vuelco, especialmente cuando los cultivos llegan a estados críticos de madurez.
INDICIOS PARA MIRAR EN UN CAMPO ESCUELA
La información proviene del análisis de seis lotes en el Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (UNC), complementada con la experiencia técnica de Carlos Ariel Magrau (Tecnocampo SA).
En la campaña 2025-2026 la fertilización no mejoró la tolerancia al vuelco y, para una misma densidad de siembra, la genética resultó determinante en la susceptibilidad o tolerancia al daño por viento.
Reducir la densidad de plantas mostró efectos prácticos: el porcentaje de tallos quebrados se redujo a menos del 15 % con la menor densidad evaluada.
Además, para un mismo material el quebrado se redujo a la mitad cuando el sentido de siembra fue N-S, es decir paralelo a la dirección predominante del viento.
En cinco de los seis lotes el sentido de siembra fue E-O, transversal a la dirección del viento; en tres lotes la densidad fue de 8 y 9 plantas m-2 y en los otros tres de 5 y 6 plantas m-2.
En los lotes sembrados con la mayor densidad el porcentaje de plantas quebradas por encima del 4o-5o nudo fue en promedio del 50 %, lo que evidencia pérdidas significativas en condiciones adversas.
En síntesis, para evaluar con mayor certeza el daño por viento se requiere infraestructura experimental y muestreos controlados que permitan separar efectos de genética, densidad y manejo.
Mientras tanto, las recomendaciones prácticas son claras: no excederse en la densidad de siembra, sembrar en la dirección de los vientos más frecuentes y optar por híbridos con relación equilibrada entre altura de la planta y de la espiga.
Para una misma densidad de siembra, cuanto menor sea la altura de inserción de la espiga en el tallo y más largos los ejes del nudo de inserción, menor será el daño por viento.
La creciente variabilidad climática y la posibilidad de ráfagas más intensas hacen que estas decisiones agronómicas tengan un impacto directo en el rendimiento final y en el impacto económico para los productores.




