La vitivinicultura patagónica suma un nuevo hito con la aparición de un vino joven y frutado elaborado a partir de la primera cosecha de cabernet franc cultivada en la Estación Experimental Agropecuaria Chubut. Este lanzamiento no solo refleja años de trabajo técnico y adaptación varietal, sino que además pone en evidencia la capacidad del Valle Inferior del Río Chubut (VIRCH) para producir vinos con identidad propia y calidad reconocida.
La conjunción entre la investigación del INTA y el esfuerzo de productores locales ha permitido avanzar desde las primeras evaluaciones de campo hasta la vinificación en origen. El resultado se tradujo recientemente en un galardón: este cabernet franc fue elegido como el mejor vino en la 40° Muestra Agropecuaria del Valle Inferior del Río Chubut, un reconocimiento que refuerza el potencial de la región en el mapa vitivinícola argentino.
Producción con carácter patagónico
El desarrollo del viñedo en el VIRCH se apoya en su clima frío, amplitud térmica diurna y suelos con características particulares que favorecen la acidez natural y una expresión aromática diferenciada. Estos factores combinados permiten obtener vinos frescos y equilibrados, con perfiles sensoriales que los distinguen de otras zonas productoras del país.
El cabernet franc plantado en 2016 demostró buena adaptación y rapidez para consolidarse como alternativa interesante para los elaboradores locales. En copa, estos ejemplares suelen mostrar notas herbáceas y especiadas, con matices de frutos oscuros que les confieren complejidad frente a variedades más orientadas a fruta roja.
Belén Pugh, técnica de INTA Chubut y responsable de la elaboración, subrayó la evolución del proyecto: “Al inicio había incertidumbre sobre cómo se expresaría la variedad aquí, pero la planta respondió muy bien. Hoy vemos perfiles aromáticos propios que pueden ser un sello del valle”.
Un proceso de desarrollo territorial
El avance del sector en el Valle Inferior del Río Chubut es fruto de un trabajo de investigación y extensión que el INTA impulsa desde comienzos del siglo. Los primeros ensayos de adecuación varietal comenzaron en 2003; durante años, la evaluación enológica se complementó con vinificaciones realizadas fuera de la región, en INTA Luján de Cuyo, Mendoza.
La puesta en marcha de la sala de elaboración en Trelew en 2011 marcó un antes y un después: la posibilidad de vinificar localmente aceleró el aprendizaje, permitió ajustar prácticas enológico-agronómicas al territorio y facilitó la aparición de emprendimientos propios. Actualmente en la sala se vinifican variedades como pinot noir, malbec, cabernet franc, merlot, syrah y cabernet sauvignon, mostrando el potencial del valle como zona emergente de clima frío.
El trabajo del INTA se articula en tres ejes: experimentación, transferencia tecnológica y asistencia a productores. Ese acompañamiento ha consolidado una red de vitivinicultores del VIRCH y áreas aledañas que comparten experiencias, evalúan lotes y elevan estándares de calidad. Las últimas vendimias indican no solo mayor participación de elaboradores, sino también un crecimiento en volúmenes, con proyecciones cercanas a los 15.000 litros por temporada.
Identidad, mercado y proyección
Más allá del reconocimiento en muestras locales, el reto del sector es transformar las características del terroir patagónico en una ventaja competitiva comercial. Ferias, exposiciones y acciones de comercialización —incluida la búsqueda de posicionamiento a través de grandes eventos regionales— son herramientas claves para visibilizar estos vinos frente a consumidores exigentes y nichos interesados en productos de clima frío.
Asimismo, los responsables del banco de germoplasma vitícola más grande del Hemisferio Sur han llamado a definir estrategias a largo plazo sobre la conservación y uso de estas colecciones, subrayando la necesidad de tomar decisiones que permitan aprovechar material genético valioso para futuras plantaciones y programas de mejora.
“La oportunidad está en producir vinos que cuenten su origen”, concluyó Pugh. “Si logramos transmitir la relación entre paisaje, clima y sabor, podemos abrir mercados y consolidar al VIRCH como una región reconocida dentro de la vitivinicultura argentina”.





