En 2025 Mendoza dio un paso inédito al sancionar una ley propia sobre cannabis y cáñamo que en menos de un año transformó un puñado de proyectos en un sistema regulatorio completo. Ese salto plantea a la provincia como potencial motor de diversificación productiva en una matriz agrícola en búsqueda de nuevas alternativas.
La diferencia entre usos explica la estrategia mendocina y por qué el desarrollo no es uniforme entre especies. El cannabis medicinal se orienta a variedades con mayor presencia de cannabinoides como el THC y el CBD para tratamientos humanos y veterinarios bajo prescripción y control cromatográfico, mientras que el cáñamo industrial busca fibra y semilla con niveles bajos de THC y aplicaciones en textil, construcción y alimentación.
EL MARCO LEGAL DEL CANNABIS MENDOCINO
La provincia aprobó la ley 9.617 en abril de 2025 y la reglamentó con el decreto 1928/2025, dando origen al Registro Provincial de Cannabis y Cáñamo Industrial (RPCCI). El organismo, dependiente del Ministerio de Gobierno y dirigido por Virginia Coraglia, fue publicando resoluciones para ordenar la cadena y dar previsibilidad a actores locales.
Entre las medidas se destacan el Repro-Mendoza para garantizar acceso medicinal y el Reprovet, la primera regulación nacional para uso veterinario elaborada con la Asociación de Veterinarios Canábicos. Las resoluciones 709 y 710 de 2025 habilitaron regímenes de adecuación simplificada para proyectos amparados por la ley nacional y las primeras licencias de cáñamo.
La ley provincial exige análisis cromatográficos obligatorios, un régimen de I+D y la articulación con Iscamem, Salud y Seguridad, además de un consejo asesor y un comité veterinario. El ministro Natalio Mema destacó que la provincia impulsa la medicina canábica también para animales con el fin de trasladar avances científicos a la salud veterinaria.
CRECIMIENTO EN NÚMEROS Y ACTORES
El RPCCI registró un crecimiento rápido: entre septiembre de 2025 y el mismo mes de 2026 los proyectos de I+D pasaron de 2 a 4 y las asociaciones con presencia en la provincia de 0 a 12. Los proyectos productivos aprobados subieron de 0 a 5, con otros 4 en análisis, mientras que ya hay 2 asociaciones inscriptas en Repro-Mendoza.
En el registro de prescriptores figuran 11 médicos anotados, de los cuales 10 fueron aprobados y uno quedó observado, lo que muestra una incorporación paulatina del sistema de salud. La gobernanza busca equilibrar acceso medicinal, control sanitario y trazabilidad para evitar usos no autorizados.
APUESTA A LA DIVERSIFICACIÓN PRODUCTIVA
Desde la gestión se define al cannabis como “un cultivo más para la provincia” que puede aportar ingresos y reconversión de infraestructura, siempre bajo normas claras y controles. Coraglia subrayó que la regulación pretende blanquear actividades que eran informales y ofrecer una alternativa económica frente a matrices tradicionales agotadas.
Mendoza exhibe ventajas climáticas relevantes: alta radiación solar y escasas lluvias, condiciones que reducen problemas de fungosis y plagas comparadas con zonas más húmedas del país. La provincia también impulsa un Clúster de Cannabis y mesas de trabajo con municipios como Guaymallén, Las Heras y General Alvear, además de acuerdos interprovinciales con Misiones para avanzar en cáñamo industrial.
POTENCIAL PRODUCTIVO Y FORMACIÓN
Leandro Mastrantonio, coordinador del diplomado en Cultivo de Cannabis Sativa de la UNCuyo, explicó que el cannabis medicinal se cultiva en superficies pequeñas y con mano de obra intensiva, mientras que el cáñamo requiere varias hectáreas. Según el experto, una hectárea ya constituye una escala importante para este cultivo, lo que condiciona inversiones y modelos de negocio.
Los productos finales van desde flores para extracción hasta aceites sublinguales que requieren procesos industriales y licencias específicas para garantizar calidad. La facultad lanzó un diplomado de 125 horas con orientación práctica; la primera cohorte egresó con 59 alumnos y la segunda ya supera las 40 inscripciones con egreso previsto para mayo de 2027.
COSTOS, TECNOLOGÍA Y RIESGOS LABORALES
El crecimiento del sector atrajo a proveedores como Agrinet, que detectó demanda por mallas para cultivo a cielo abierto y soluciones específicas frente a granizo y viento. Para cannabis se recomiendan mallas blancas con apenas 11 % de sombreado porque la planta requiere alta luminosidad.
La instalación de una malla antigranizo completa con estructura y mano de obra ronda los USD 15.000 por hectárea, de los cuales cerca del 25 % corresponde al valor de la malla y el resto a estructura y montaje. En el plano laboral, el RPCCI impulsó la primera mesa nacional de prevención de riesgos en cannabis medicinal y definió categorías salariales que van desde $1.348.995 para la categoría 1 no calificada hasta $2.093.663 para maestro cultivador.
PERSPECTIVAS Y CONDICIONES PARA ESCALAR
El avance mendocino pone sobre la mesa oportunidades de reconversión de parrales y estructuras frutales en desuso para montar cultivos bajo malla y aprovechar sinergias productivas. A la vez, las autoridades advierten que el cannabis sigue siendo un estupefaciente y que cualquier cambio de categoría requiere autorización estatal y cumplimiento de convenciones internacionales.
El desafío será combinar normas claras, trazabilidad, capacitación y una cadena de proveedores que reduzca costos para que el cultivo sea viable sin perder controles sanitarios. Si se logra ese equilibrio, Mendoza podría consolidar al cannabis y al cáñamo como una alternativa rentable y regulada dentro de su oferta agroindustrial.



