La Bolsa de Cereales de Buenos Aires publicó su relevamiento de precampaña y proyectó una siembra de 3 millones de hectáreas de girasol para el ciclo 2026/27, una cifra que volvió a posicionar a la oleaginosa como protagonista de la próxima ventana de implantación. Esta proyección marca un escenario esperanzador para la cadena de valor, pero su concreción dependerá de factores climáticos y económicos que definirán la decisión de los productores en las próximas semanas.
Si se cumple la estimación, el área sembrada crecería un 5,3 % frente a la campaña anterior y quedaría un 33,3 % por encima del promedio de los últimos cinco ciclos, consolidando la tendencia alcista del cultivo. No obstante, el informe de la Bolsa advierte que la mayor definición de la intención de siembra está condicionada por la evolución de la campaña hídrica y por la incertidumbre sobre costos y precios.
Proyecciones del girasol
El relevamiento entre la red de colaboradores muestra que la intención de siembra ya está bastante definida en el norte y el sur del área agrícola, mientras que la franja central continúa atada a las expectativas climáticas y al riesgo de un fenómeno El Niño de intensidad. A pesar del optimismo, la Bolsa recuerda que no se trata de un récord histórico, ya que durante la década de los ’90 la superficie de girasol superó en varias oportunidades los 3 millones de hectáreas e incluso llegó a exceder los 4 millones en algunos años.
El comportamiento regional muestra diferencias marcadas: el centro del país enfrenta una creciente competencia del maíz ante mejores perspectivas de humedad, mientras que el NEA y el sur bonaerense se perfilan como los motores de expansión de la oleaginosa. La recuperación de reservas de agua en el noreste y los buenos resultados productivos de la campaña anterior explican por qué muchos productores vuelven a apostar por girasol tras varios ciclos afectados por déficit hídrico.
El clima, el gran árbitro
Para la Bolsa, la principal incertidumbre sigue siendo el comportamiento del clima en los meses que definan la siembra y el establecimiento del cultivo, con una expectativa de lluvias que puede favorecer o complicar la implantación. Los técnicos detectaron posibilidades de crecimiento de superficie adicionales en un rango de 5 % a 15 % en zonas donde los excesos de humedad impidieron la implantación de cultivos de fina, lo que podría derivar en la ocupación de esos lotes con girasol como una alternativa considerada “más segura” por varios productores.
Las previsiones indican una transición hacia un evento El Niño que comenzaría a consolidarse en primavera y alcanzaría su máxima expresión en el verano de 2027, lo que aumentaría la disponibilidad de agua pero también los riesgos de excesos hídricos y anegamientos en sectores bajos. Ese escenario también eleva la probabilidad de mayor presión sanitaria sobre los cultivos y la posibilidad de heladas tardías en algunas zonas del oeste y sur bonaerense, complicando la logística de siembra y las decisiones de manejo.
Mercado, costos y márgenes
En el plano internacional, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) espera una recuperación de la producción mundial de girasol encabezada por Rusia, Ucrania y la Unión Europea, mientras que el comercio global de aceite de girasol podría alcanzar un nuevo récord respaldado por la demanda de India y China. Esa dinámica externa, sumada a restricciones y tensiones en el Mar Negro, explica el alza de precios que favorece la perspectiva comercial del cultivo argentino.
En la última campaña, los principales aceites vegetales registraron subas relevantes, con el aceite de girasol aumentando un 26,3 % y el precio FOB argentino rondando los USD 1.314 por tonelada, un valor que implica un avance de alrededor del 15 % respecto al año anterior y un 24 % por encima del promedio de las últimas tres campañas. Al mismo tiempo, aunque fertilizantes, combustibles y herbicidas exhiben incrementos de costo, la mejora en la relación insumo-producto y la estabilidad relativa de las semillas muestran márgenes proyectados más atractivos que los observados en la campaña previa.
Frente a soja y maíz, la Bolsa destaca que el girasol mantiene una ventaja relativa por su menor requerimiento de insumos y por una ventana internacional que sigue siendo favorable para los aceites vegetales. Esa combinación de una demanda externa firme y una relación insumo-producto más conveniente explica por qué los productores y las regiones que recuperaron humedad están dispuestos a ampliar la superficie.
No obstante, la proyección de expansión aún enfrenta dos desafíos claves que condicionarán la campaña: por un lado, que el fenómeno El Niño no complique la implantación con excesos hídricos y, por otro, que las variables económicas acompañen las decisiones de los productores durante toda la ventana de siembra. Si ambas condiciones se alinean, el girasol puede encarar otra campaña histórica; si alguna falla, la dinámica regional podría recomponerse rápidamente en favor de los cereales.



