Lobesia botrana, la conocida polilla de la vid, volvió a poner en alerta a la vitivinicultura mendocina por su capacidad de elevar costos y limitar mercados. El Gobierno de Mendoza activó uno de los operativos sanitarios más grandes de su historia para contener la plaga y proteger la producción y el comercio.
Según el ingeniero agrónomo Guillermo Azín, durante la campaña 2025/26 las acciones provinciales permitieron una reducción cercana al 70 % en las poblaciones respecto de la temporada anterior. La campaña 2026/27, que comenzó el pasado 10 de septiembre, arranca desde un escenario sensiblemente mejor y con la meta de consolidar la caída.
El plan oficial alcanzará a más de 9.000 productores y unas 130.000 hectáreas de vid, y será financiado íntegramente con recursos provinciales. El objetivo es profundizar la reducción, evitar el rebrote y, en zonas puntuales, avanzar hacia la eliminación de la plaga.
La escala y continuidad de la intervención son la respuesta a una característica clave de la plaga: su capacidad de desplazarse entre fincas y generar focos que amenazan áreas vecinas. Por eso las autoridades insisten en que el control debe ser colectivo y sostenido en el tiempo.
Lobesia botrana, una amenaza para la vid
Las larvas de Lobesia botrana atacan flores, frutos inmaduros y frutos maduros de la vid, y las heridas favorecen la entrada de hongos que provocan podredumbres en los racimos. En condiciones húmedas, como las asociadas al fenómeno del “Súper Niño”, el impacto sobre calidad y cantidad de uva puede agravarse y trasladarse a mostos y vinos.
La plaga no se limita a la vid y, en brotes intensos, puede afectar cultivos como ciruelas, duraznos, olivos y arándanos. Esa amplitud de hospedadores y la movilidad del insecto hacen insuficiente el control individual y obligan a estrategias coordinadas sobre grandes superficies.
Además del daño agronómico, la presencia de Lobesia impone costos adicionales por aplicaciones y manejo, y puede generar restricciones comerciales con mercados que mantienen exigencias cuarentenarias. Por ello, mantener niveles sanitarios bajos es también una estrategia para preservar mercados y cadenas de valor.
Las acciones provinciales se desarrollan en el marco normativo nacional y local: la Ley Nacional 27.227, la Ley provincial 9.076 y el Decreto Provincial 1812/2017 que coordinan las intervenciones a través del Iscamen. Ese andamiaje legal habilita programas, financiamiento y coordinación entre Estado y productores.
Cómo es el nuevo operativo contra Lobesia botrana
La campaña 2026/27 fue diseñada en cuatro etapas y combina herramientas de control y monitoreo basadas en feromonas, aviones y drones. En paralelo, se instalarán trampas en más de 3.000 puntos de seguimiento distribuidos en la provincia para registrar la evolución poblacional.
La técnica de confusión sexual será central: liberar feromonas artificiales satura los receptores de los machos y dificulta que localicen a las hembras, lo que reduce la reproducción. Esa herramienta es especialmente eficaz cuando las poblaciones ya son bajas, el escenario que Mendoza busca consolidar luego de la caída registrada en 2025/26.
El operativo combina aplicaciones terrestres, tratamientos aéreos y el uso de drones en zonas inaccesibles para aeronaves, ajustando la táctica al ciclo biológico del insecto. La campaña contempla tareas sobre áreas continuas que buscan disminuir los movimientos de la plaga y mejorar la efectividad de cada intervención.
En el Oasis Sur la plaga está próxima a ser erradicada si se mantiene la continuidad de las acciones, mientras que los Oasis Norte y Centro concentran la mayor presión. La estrategia oficial, en términos prácticos, consiste en acorralar la plaga reduciendo sus poblaciones y focalizando recursos donde aún persiste.
Áreas afectadas y el rol del productor
En algunos sectores se trabajará sobre unas 50.000 hectáreas continuas dentro de los oasis, lo que facilita la implementación de medidas colectivas y reduce las fuentes de reinfestación. La dimensión territorial del operativo es clave para limitar los refugios donde la Lobesia puede multiplicarse.
En el Oasis Este las aplicaciones se sincronizarán con la floración en octubre para actuar sobre huevos y larvas, y en noviembre se prevén aplicaciones aéreas de feromonas pulverizables. La planificación por etapas busca interrumpir el ciclo reproductivo en momentos críticos del insecto.
Interrumpir las acciones tras una campaña exitosa puede producir un efecto rebote y recuperar niveles poblacionales que vuelvan a dañar producción y comercialización. Además, ante un rebrote los productores podrían verse obligados a aumentar aplicaciones, lo que eleva costos y riesgos por presencia de trazas de productos.
El Estado aporta insumos y, en determinadas áreas, realiza los servicios de aplicación, mientras que los productores reciben los insumos previstos de forma gratuita presentando la documentación de titularidad. Sin embargo, la autoridad del Iscamen advierte que la escala del operativo exige la acción de cada productor en su finca para que el programa funcione.
Si un establecimiento no implementa correctamente las medidas, se convierte en un refugio desde donde la plaga puede expandirse hacia fincas vecinas y comprometer el resultado colectivo. Por eso la provincia apuesta a una estrategia plurianual basada en la coordinación entre el Estado y los productores para sostener la caída poblacional y proteger calidad, mercados y rentabilidad.



